Intercesión 1
En mi continua curiosidad por conocer los secretos de los grandes hombres de Dios, encuentro una característica común de ellos, histórica y actual, la madurez. Esta rara forma de expresar y manifestar su personalidad hace entender que ellos han atravesado procesos únicos y personales, que les permiten tomar y manejar con autoridad aquel conocimiento que les es propio al haber vivido el estudio necesario que les respalde.
Uno de mis grandes temores en el cristianismo, es la amenaza de cambiar mi personalidad o mutar a algo que me desnaturaliza, de ahí mi preocupación por no haberme involucrado en situaciones mas intensas en el mover espiritual. ¡Craso error! Es necesario el involucramiento y la intromisión total en los procesos formativos de Dios, no se puede venir queriendo ser espectador, o dando unas pocas horas del tiempo, o en el peor de los casos, con una oración lastimosa y sin fundamento, creada en nuestro particular forma de concebir a Dios. Aun no se que dios es el que se concibe de esa manera.
Dios, no necesita cambiar mi personalidad como inicio de su proceso, no necesita reinventar mi forma de ser, Él cambia mi corazón, las instrucciones que brotan, las formas y practicas religiosas, mi piedad y mi amor egoísta.
En la medida que yo acepte que necesito un cambio radical en esas áreas, también en mi carácter habrá una nueva expresión del poder redentor de Dios.
El tiempo en la búsqueda de Dios permitió entender que el entendimiento de las escrituras es vida y poder de Dios, penetro con insistencia en mi mente y en mi corazón. Esto ayudo a creer que en Dios hay mas de lo que la mente finita del hombre puede entender.
Desde pequeño, mi madre se comprometió a enseñarme una oración sencilla para ir a la cama, era algo sobre el ángel de la guarda y su protección, misma que, desde mi infancia necesitaba por ser lo que se podría decir, un niño explosivo, no en el mal sentido de la palabra, mis pensamientos avanzaban mas rápido que mi accionar físico, por lo mismo mi imaginación, dibujaba teatros y situaciones que no existían, en otras palabras vivía en las nubes. Teniendo la edad de cuatro años, me solté de la mano de mi hermana mayor, con sus escasos nueve años, y quede atrapado bajo el parachoques de un automóvil que venia a velocidad racional, y por lo mismo freno a tiempo, -la muerte acecha tu vida – fueron las palabras sabias de una anciana, que yo deje almacenada en mi archivo. Mi adolescencia coincidió con el inicio de la guerra civil de mi país y con la menopausia de mi madre, imagínese que combinación, cuanta hormona en el aire, cuanto arranque de pasiones y caracteres confundidos enfrentados, y eso solo en la sala de mi casa.
En esos días sin saberlo, ahora lo reconozco, fue la mano de Dios, la que me salvo en un sin numero de ocasiones de no ser parte de las estadísticas de muertos en esa etapa difícil de nuestra historia, de la cual mi hermano mayor si es parte. El accionar de los escuadrones paramilitares que exterminaban a quien le parecía o creían que parecía sospechoso de ser joven era el pan diario.
Estar en medio de enfrentamientos o de situaciones extremas, donde implicaba jugarse el pellejo por vivir, fueron logradas, no por mi habilidad o capacidad de razonamiento, fue la mano de Dios.
No, no me salgo del tema, le estoy haciendo una semblanza de acontecimientos que me convencieron de la necesidad de creer y buscar mas de lo que mis ojos físicos pueden llegar a ver.
Las escrituras me llevaron a un lugar secreto, mas adelante le planteare la necesidad de tener su lugar secreto, un espacio que no existe mas que en nuestra mente, dibujaba las lecturas bíblicas y las recreaba, ponía palabras en las imágenes que lograba descifrar y armaba mi propia película. Las situaciones enfrentadas por Elías haciendo descender fuego del cielo, moisés ante el mar rojo y vendo a lo lejos la polvareda levantada por faraón y sus legiones, el ruego de ana por ver la promesa cumplida de ver con sus ojos al Mesías prometido. Todas ellas tenían vida en mi mente, recreadas en algunas ocasiones con vestimentas de otras épocas. En cada una de ellas había algo que no podía entender con mi mente, existía la interrogante, no por dibujar el rostro de Dios, ya que lo fuerte de su luz imposibilita tal hazaña, sino, el poder que movía cada una de las intenciones de los hombres.
¿Le dicen algo las palabras logos y rhema? Pues esta es la primera estación de este camino, entender que Dios no habla de diferentes maneras, entiéndase que si nos habla, que nosotros no queramos escuchar o no entendamos es otra cosa. Pero bien, la gente, en la cual me incluyo, cree y da por sentado la interpretación de que Dios ya conoce nuestras necesidades, definitivamente, que Él ya sabe de lo que venimos a pedirle, independientemente de la calidad de oración es cierto, pero figúrese usted, cuando su hijo tiene una necesidad, ¿a quién acude?, que tristeza si busca a sus amigos antes que a sus padres, su hijo quiere una camisa, hay dos situaciones, primero que usted sepa que él la quiere y se la compra antes que se la pida, y segunda que él le diga que la quiere, tendremos que ajustarnos al gusto y el deseo del hijo, para esto tendrán que conversar, sobre colores, tallas y estilos, ¿me entiende? Dios ya sabe lo que necesitamos pero quiere escucharle, no porque sea un ocupado hombre de negocios sobre quien se debe pedir audiencia, sino porque quiere escucharnos, pero esto viene de la revelación que Él mismo nos da sobre las situaciones.