¿Quién hizo añicos la esperanza de los encuestadores de que el resultado electoral fuera una calca de sus sondeos? Para IUDOP y LPG Datos hay dos sospechosos: los indecisos y un trabajo de hormiga y quirúrgico de Norman Quijano.
Cuatro días antes de los comicios ni siquiera Norman Quijano estaba seguro de ganar. Acuerpado por su equipo, el candidato arenero respondía con una sonrisa a todos los simpatizantes del partido que hicieron del cierre de campaña de Arena una cena de gala la noche del miércoles 14 en un hotel capitalino. Luego, Norman respondía que sus encuestas internas le daban un empate con Violeta Menjívar en cinco de los seis distritos que forman el municipio de San Salvador, y que no podía mencionar el distrito en el que él ganaba porque era parte de su estrategia electoral.
Era tan incierto su futuro inmediato que se acercaba a sus más cercanos amigos, para preguntarles: “¿Y vos cómo lo ves?” Luego se quedaba esperando una respuesta con la esperanza de que le aclarara el futuro de ese domingo 18. Un futuro que llegó contra todos los pronósticos.
Pero si en los días previos Quijano tenía razones para estar inseguro, también las tenían los encargados de medir la intención de voto, porque a pesar de que todos los estudios hechos públicos coincidían en que el FMLN llevaba ventaja, había una gran diferencia entre las investigaciones a cargo de universidades y las que tenían el respaldo de los medios de comunicación. Mientras las primeras hablaban de brechas que insinuaban el 15%, las segundas manejaban unos 4 puntos. Ese 18 de enero, entonces, podía dejar mal parados a algunos, y muy presentables a otros, sobre todo porque en estos meses no faltaron quienes hablaron con poco disimulo de los “aciertos” que tuvieron en elecciones previas. Pero ese 18 de enero dejó con un palmo de narices a medio país y a los encuestadores, porque quien se llevó los aplausos fue Quijano, que no solo cerró las brechas, sino que terminó sacando 3.3 puntos de ventaja sobre Violeta Menjívar.
Hasta el 27 y 28 de diciembre de 2008, días cuando LPG Datos hizo su última medición en San Salvador, el FMLN aparecía con 4.7 puntos de ventaja sobre Arena. Las únicas cartas del candidato arenero eran tener mejores propuestas que la alcaldesa y una mejor imagen ante la opinión capitalina.
Ese y el resto de sondeos sugerían que el principal bastión del FMLN, que conquistó en 1997, votaría de nuevo por Violeta Menjívar, posiblemente más en función del peso del partido y del candidato a la presidencia, que en función de la misma candidata. En diciembre, seis casas encuestadoras le daban a Quijano realidades que no eran para alegrarlo: todas le daban ventaja al FMLN. El Diario de Hoy con Borge y Asociados puso adelante por 7.5 puntos al partido de izquierda; la Telecorporación Salvadoreña, con Mitofsky, dijo que el FMLN estaba arriba 4.3 unidades; diario El Mundo dijo que la ventaja efemelenista sobre Arena era de 8.5 puntos, y tres universidades dijeron que el Frente ganaba con una ventaja que superaba los 10 puntos.
Entre las universitarias, la del Instituto de Opinión Pública de la UCA dijo que el Frente tenía 48.8%, mientras que Arena aparecía con 34.9%. Una diferencia de 13.9%. La encuesta nacional del IUDOP incluyó una sobremuestra para evaluar el ánimo político de la capital. El instituto hizo entrevistas personales (visitas casa por casa) entre el 15 y el 30 de noviembre de 2008. Según su ficha técnica, visitaron todos los distritos capitalinos siguiendo una distribución proporcional al tamaño de la población. La UCA entrevistó a 690 personas.
El CIOPS de la Universidad Tecnológica también ocupó una sobremuestra para San Salvador en su medición electoral y las boletas fueron repartidas a los encuestados mediante el método de selección aleatoria simple (ubicándolos en “parques, colonias, mercados, negocios, entre otros”) entre el 26 y 28 de diciembre de 2008. El CIOPS dio el margen más alto a favor del FMLN: 14.7% de diferencia en intención de voto entre ambos partidos. Un tercer estudio, el de la la Universidad Francisco Gavidia, dijo que la diferencia era de 13.3%.
Entonces, aquella última encuesta que sacó LPG Datos fue la menos dramática para los intereses del candidato arenero, aparte de la de Mitofsky. En intención de voto, el FMLN tenía un 32.3% a favor y Arena un 27.6%. “La disparidad entre ambos partidos aumenta si se elimina a las personas que dicen que no irán a votar y a las que no están muy seguras de ir. En el primer caso, el FMLN capta el 38.1% de las intenciones de voto, y Arena, el 32.5%; con lo que la diferencia aumenta a 5.6%. En el segundo caso, el FMLN sube a 40.4% y Arena, a 32.7%. La desigualdad sube a un 7.7%”, publicó el matutino.
Pero los resultados, aunque daban ventaja al FMLN, tal vez no eran lo suficientemente contundentes como para plantear que la comuna ya estaba asegurada para Menjívar, porque cuando las investigaciones entraban a analizar factores que podían influir en la decisión del voto, el aspirante arenero lucía mejor. El coordinador de la unidad de investigación social de La Prensa Gráfica, Edwin Segura, dice que los datos mostraban a un Quijano que era perfilado como un mejor candidato que la alcaldesa. “La intención de voto no es la única variable que importa. Era visto como mejor candidato, sus propuestas como mejores, y además, Arena con más capacidad para gobernar”, dice. Segura explica, además, que LPG Datos tiene como política no declarar arriba a un candidato o partido –en intención de voto- sobre el otro a menos que la ventaja porcentual sea más del doble del margen de error de la encuesta. Para la medición de San Salvador, la ventaja del FMLN sobre Arena no superaba ese margen, que era del 3.5%.
Ahí, entonces, había una brecha potencialmente explotable por el candidato opositor, pero además, del universo de entrevistados, un 11% aún decía que no sabía por cuál partido iba a votar, en el estudio de LPG Datos, y un 10% se declaraban indecisos en la última medición que había hecho el IUDOP. Y aunque a menudo se piensa que la tendencia usual de los indecisos es a repartir su voto en similar proporción a como lo hacen quienes sí manifiestan a cuál partido apoyarían, este pudo haber sido el segundo factor clave.
Quijano y su equipo recibieron con júbilo la medición de LPG Datos. Y tenían razón para hacerlo: a dos semanas de la elección, la última medición pública redujo la brecha que en diciembre habían mostrado las universidades, lo que podía estar indicando que había esperanzas de estar viendo una tendencia de acercamiento en el fragor de plena campaña municipal.
Semana y media antes de la elección, Quijano y su equipo insistían en que sus encuestas internas mostraban una fotografía distinta. Sin embargo, Manuel Arrieta, el asesor de campaña de Quijano, llevaba bajo el brazo, dentro de un fólder, no una copia de las mediciones internas del partido, sino de los resultados que mostró LPG Datos. “Norman es visto como mejor candidato, con mejores propuestas y Arena es visto como el mejor partido para gobernar la capital”, dijo Arrieta a El Faro el miércoles 7, por la tarde. Las fotocopias de la encuesta de LPG Datos estaban manchadas en esos puntos que convenía mostrar a los areneros. Días más tarde, Arena sacó un spot televisivo en donde se resaltaban esos mismos matices.
En esos días, Quijano se andaba moviendo de arriba abajo, había alquilado un circo para que diera funciones gratuitas a la gente, repartía láminas, paquetes escolares y regalaba paella a diversas comunidades.
Después de eso, en el sprint final, Quijano sacó a pasear el Metrobús, siguió repartiendo víveres y se preocupó por aparecer en todos los medios de comunicación. Violeta Menjívar, en cambio, continuó su campaña pero su última aparición pública, antes del cierre de campaña, la hizo el domingo 11, en un debate organizado por la Telecorporación Salvadoreña.
El miércoles 14, el día del cierre de campaña, Violeta Menjívar dijo: “Desde las encuestas más científicas hasta Walter Mercado me dan como ganadora”. Quijano no vaticinó ningún triunfo y se dedicó a repartir víveres y pelotas de fútbol que tenían pintado el sello de la Federación Salvadoreña de Fútbol.
En esos días, no obstante el triunfalismo público de los efemelenistas, había al menos un dirigente que no se sentía confiado para nada. Explicó que había sido una sorpresa para ellos ver la capacidad de Quijano para trabajar duramente el campo, justo donde se pescan los votos. Ese esfuerzo denodado lo tenía a él preocupado.
El 18
“¡Sí se pudo, sí se pudo!”. El domingo 18, por la noche, Norman Quijano se proclamó como el nuevo alcalde electo de San Salvador en una celebración en la que el partido se vio eufórico mientras el alcalde electo lució una actitud serena.
Desde el centro de procesamientos de resultados electorales, ubicado en el Hotel Radisson, la derrota de Violeta Menjívar era más que clara cada vez que los porcentajes en las actas electorales escrutadas de San Salvador aumentaban. A las 7 de la noche, por ejemplo, apenas con el 3% del conteo, Quijano superaba a su rival apenas por 200 votos. Una hora más tarde, con el 10%, la diferencia era de mil. Entre las 9 y 9:30 de la noche, hora en que Quijano proclamó su triunfo, las computadoras del TSE apenas daban un 20% de votos escrutados pero ya había una tendencia: 2 mil votos más a favor del candidato opositor.
San Salvador, a los ojos de Arena, era un símbolo de cara a la presidencial. La noche del cierre de campaña, César Funes, el vicepresidente de campaña, compartió la visión que ellos tenían de la lucha por la capital: “Sería más doloroso para el Frente perder San Salvador de lo que sería para nosotros”. Esa declaración posiblemente tenía que ver con la celebración anticipada que los efemelenistas habían hecho, al declarar la elección de San Salvador como el primer round de la batalla por la presidencial. Y aquella noche de triunfo fue Rodrigo Ávila, el presidente del partido y candidato a la presidencia, quien forzó su garganta gritando alabanzas para Arena mientras Quijano se limitó a reconocer el trabajo de sus contendientes, incluso el de su principal rival.
El marcador final, 86 mil 569 contra 80 mil 789 votos, hizo trizas aquellos entre 4 y casi 15 puntos que en las semanas anteriores habían mostrado las encuestadoras.
Extasiado en la euforia que significaba el triunfo, Ávila robó el micrófono y dio a entender que si el FMLN piensa que ganará la presidencial porque las encuestas lo dan como favorito, está equivocado. Ávila hasta perdió la diplomacia y dijo: “Ahora Mauricio Funes y los dirigentes comunistas que lo acompañan saben qué pueden hacer con sus encuestas… ya saben para qué les pueden servir”.
Arena filmaba el primer capítulo de su nueva estrategia electoral y con información de primera mano ya estaban al tanto que Quijano le sacó una ventaja a Violeta Menjívar de más de 5 mil votos. Cinco días después, el TSE oficializó el resultado. Tras “la verdadera encuesta” –como calificó Ávila al día de la votación-, tanto Segura como Jeannette Aguilar, la directora del IUDOP, vieron muy clara la nueva apuesta arenera.
“Era un objetivo número uno demostrar que las encuestas, sobre todo las más abiertas, estaban equivocadas. Y sacaron premio porque ganan la capital. Arena quiere que el último tramo de la presidencial se pelee en lo oscuro, quiere apagar la luz y pelear en lo oscuro: ‘Aquí nada está dicho hasta el día de la elección’. Creo que por eso las están desacreditando”, dice Edwin Segura.
Jeannette Aguilar luce molesta cuando se toca el tema de la medición en San Salvador. Ella, sin embargo, aclara que lo que le incomoda es que el partido Arena ocupe los resultados electorales para desprestigiar el trabajo de las casas encuestadoras -sobre todo el de las universidades-, cuando no se trata de que alguien haya fallado, sino que lo que pretenden mostrar los estudios es un escenario en un momento específico. A eso hay que añadir el ingrediente de incertidumbre que puede agregar una campaña que oficialmente no había iniciado cuando el IUDOP hizo su última medición, campaña que para Segura puede ser parte de la explicación a la hora del análisis.
Un día después de los comicios, Norman Quijano ya había cambiado de perfil y en una conferencia celebrada por la tarde en el Hotel Radisson, arremetió contra todas las encuestas diciendo que él les había dado vuelta. Ese lunes, por la mañana, Quijano se sentó a conversar largo y tendido con el presidente Saca y su equipo más cercano en Casa Presidencial antes de reunirse con los medios.
En la conferencia, el alcalde electo mencionó que las encuestas estaban “manipuladas” pero que él y su partido dieron una lección. Su principal ataque no fue contra las encuestas de los medios, sino contra las de las universidades. “Y no tengo que decir nombres porque ya sabemos cuáles son”, dijo. “Este servidor estrujó las encuestas”, se jactó.
“El manejo político de Arena ha sido utilizado para descalificar y restar validez a resultados de encuestas que en la mayoría de los casos fueron sondeos nacionales. ¿Qué fue lo que pasó? Yo lo he dicho, el IUDOP lo ha dicho durante muchos años: las encuestas no son predictores”, dice Jeannette Aguilar, en su explicación de las diferencias planteadas un mes antes de los comicios en la encuesta del IUDOP. O incluso más de un mes, porque la última encuesta de la UCA, aunque fue publicada el 15 diciembre, en realidad había recogido la información a partir del 15 de noviembre.
“Las encuestas no son predictores y no deberían ser utilizadas para adelantar ganadores. No son oráculos ni bolas de cristal. Ese comportamiento político que se capta en un momento determinado, a la hora de cursar las encuestas, puede ser modificado por diferentes factores. Y eso fue lo que pasó en San Salvador”, añade.
La semana pasada, oficialmente, la derecha dijo que venció los pronósticos de las encuestas. Extraoficialmente, días después de la elección, Fuerza Solidaria, la organización dirigida por el venezolano Alejandro Peña Esclusa, lanzó un spot que todavía circula por los canales nacionales en donde plantea que “Mauricio Funes y sus encuestas” mienten, para dar la impresión de triunfo en el país. El spot cita a la encuesta del CIOPS de la UTEC sobre las percepciones para la alcaldía de San Salvador y luego muestra las portadas de El Diario de Hoy y de La Prensa Gráfica que informaban del triunfo de Quijano.
El ataque de parte de la derecha en contra de las casa encuestadoras es entendible en tanto que las proyecciones antes de la elección mostraban un panorama distinto al triunfo de Quijano. Para lo que no hay respuesta clara aún, sin embargo, es por qué aquellas mediciones de diciembre y enero no reflejaron el crecimiento del candidato arenero.
“Tengo la convicción de que Norman Quijano tres semanas antes de la elección no tenía tres puntos arriba, pero tampoco puedo decir que estaba cuatro puntos abajo. Logró pescar más indecisos o que alguna gente cambiara su opinión”, dice Segura, tratando de plantear los puntos en los que la realidad podría distanciarse de lo que muestra un sondeo, y tratando de analizar qué pudo ocurrir en los últimos días antes de la visita a las urnas.
LPG Datos publicó después de la elección, el resultado de un sondeo hecho el mismo día de la votación. En esa investigación podría estar la clave del cambio de números. Ahí determinaron que el 19% de los entrevistados habían decidido su voto para alcaldes hasta en las últimas dos semanas. Esto es, en el período en el cual no se permite publicar resultados de encuestas.
Esa proporción, de casi un quinto de los entrevistados, prácticamente es igual a la proporción que en el estudio de diciembre de 2008 se manifestaba aún indecisa o que se rehusaba a contestar la pregunta de por cuál partido votaría. Los indecisos eran el 11% y los que no respondían eran el 8.9% en el sondeo de LPG Datos publicado el viernes 2 de enero.
En la investigación del IUDOP, los indecisos eran el 10%. Aguilar cree que entre los factores que pudieron influir en el cambio de postura del capitalino está el hecho de que Quijano en los últimos días de campaña hizo cosas (como presentar el Metrobús) que debilitaron la posición de Violeta Menjívar. Estos, dice, fueron hechos lo suficientemente fuertes como para alcanzar y superar, en el caso del IUDOP, los 13.9 puntos de diferencia registrados a finales de noviembre y presentados en diciembre.
“Nuestra hipótesis va en la línea de que ciertamente es ese segmento de indecisos, que era del 10%, el que pudo haber sido influido por este tipo de propaganda, frente a una gestión municipal que estaba cuestionada respecto a su capacidad para resolver los problemas del municipio”, dice Aguilar.
En sus mediciones, el IUDOP y el CIOPS también plantearon algo que resultó común a otras encuestas, y es que Violeta Menjívar -o el FMLN- aunque aparecía arriba en intención de voto, recibía fuertes cuestionamientos por el trabajo desempeñado en la comuna. El IUDOP le dio una calificación de 5.89 a la administración municipal y el CIOPS 6.1. Cuando el CIOPS preguntó si Violeta debería ser reelegida, el 49.3% dijo que sí y el 46.9 dijo que no; y cuando el IUDOP preguntó que si podía escoger entre Violeta y Norman para gobernar San Salvador, los encuestados respondieron con una diferencia de siete puntos a favor de Violeta. Ya no era n los 13 puntos a favor del partido en intención de voto.
¿Pero por qué había más de 10 puntos de ventaja en la intención de voto? Aguilar descarta errores en el método y la técnica y dice que tampoco tiene respuesta al por qué esta vez los resultados de los medios se acercaron más que los de las universidades al resultado de la elección. Ella cree que el crecimiento de Quijano tiene respuesta en la quinta parte de la gente que se abstiene de declarar su intención de voto. “Esta quinta parte puede ser la diferencia de una contienda muy estrecha en el caso de una contienda donde entran a jugar coyunturalmente otros factores, como fue en San Salvador”, dice.
Segura tiene sospechas parecidas, y precisa más en el papel logístico de Norman Quijano, que pudo desempeñar un papel clave en el saldo electoral. Ese trabajo le aseguró acercar sus votos ganados con pan y circo a las urnas, incluso, tal vez, desde ese distrito cuya identididad no quiso revelar y que según él iba a ser clave porque ya lo tenía ganado. “Vos tenés un potencial de votantes que se reflejan en esa encuesta. Pero si vos los hacés llegar a las urnas, podés ganar la elección, sobre todo una elección cerrada. Norman Quijano pudo identificar a sus potenciales votantes y llevarlos a las urnas. Él dice que movió más de 80 mil personas”, señala Segura, como una posible clave en el resultado.
En el caso del CIOPS, El Faro no pudo averiguar cuál es su análisis. El Faro tramitó entrevistas con Nelson Zárate (director general) y Orlando Zepeda (director ejecutivo) del CIOPS de la Universidad Tecnológica, pero a pesar de las reiteradas solicitudes, nunca dieron respuesta a las peticiones para platicar sobre la brecha de más de 14 puntos entre lo que revelaban en diciembre y el resultado del 18 de enero.
En el FMLN, el partido perdedor de la capital, la lógica de utilizar las encuestas ahora se utiliza para defender la principal teoría con la que aseguran que perdieron San Salvador: la movilización de votantes. Y el principal argumento, para el partido de izquierda, de que algo así tuvo que pasar, es que “las encuestas” mostraban claro quien tenía la sartén por el mango. “Está claro que en San Salvador el partido Arena movilizó votantes para asegurar un triunfo”, dijo el coordinador general de campaña del FMLN, Roberto Lorenzana.
Ese es un escenario que Jeannette Aguilar no descarta. “Si se llegara a constatar que son ciertas las denuncias del traslado de votantes, esto ayudaría a explicar la diferencia en términos de lo que se anticipó mes y medio antes y lo que finalmente resultó, dado que nosotros entrevistamos a capitalinos y no a residentes de otros municipios”.
Sobre el traslado de votantes no hay más pruebas que las denuncias del FMLN. El triunfo de Quijano, sin embargo, estuvo precedido y aderezado por hechos que, como mínimo, podrían llamarse extraños. El Faro constató que del sábado 17 al domingo 18, militantes de Arena -que trabajarían como vigilantes y miembros de mesas receptoras de votos- se alojaron en los edificios de Gobernación, Seguridad Pública, Correos, Diario Oficial y Centro Nacional de Registros. Uno de los concejales electos de Quijano es, por cierto, el director nacional de Correos (René Santamaría). Además, el hijo de Ramón González Suvillaga, quien es su jefe de campaña y ahora concejal electo, se llama Gerardo Suvillaga, quien tiene el cargo de director del CNR.
Asimismo, el día de la elección, la Policía capturó a tres vigilantes de Serconse con duis falsos. Serconse es empresa de seguridad propiedad del director departamental de Arena en San Salvador, Adolfo Tórrez. “Usted me dice que está comprobado, pero yo preferiría consultarlo. No creo que eso sea saludable”, fue lo único que respondió Quijano cuando se le pidió postura ante estos hechos.
Y si hubo movilización de votantes, Edwin Segura no cree que eso haya sido determinante para el triunfo de Quijano. “El escenario es que iban perdiendo, ¿y por cuánto? Por 14. Necesitaban traer 21 mil gentes para ganar. Si partimos de que llegan empatados al día de la elección y gana por 500 votos, entonces sí. Puede ser que por una movilización de votantes pudo haber cambiado el destino. Pero si le encaraman 5 mil votos y encima le decimos que el escenario es de ir entre 4 y 15 puntos, entonces ya es distinto”, plantea.
Hace 18 años, en Nicaragua, hubo una experiencia similar a la que vivió San Salvador: todas las encuestas adelantaban un escenario que nunca se produjo. En la lucha por la elección presidencial, todas las encuestas mostraban a Violeta de Chamorro, candidata de 14 fuerzas que integraron la Unión Nacional Opositora, como virtual perdedora ante Daniel Ortega, el comandante y candidato del FSLN. La revista Envío, de Nicaragua, reporta que en todos los sondeos de opinión (incluso los de The Washington Post, NBC y Greenberg-Lake) aparecía una amplia ventaja para el FSLN.
Siete meses antes de los comicios, en agosto de 1989, el instituto Itztani mostraba un 32% de apoyo al FSLN y un 19% para el conjunto de todos los restantes partidos. Según Envío, “similares perfiles se mantuvieron durante los últimos meses de 1989”. En los sondeos, el número de de no respuestas alcanzaron tasas de entre 30% y 50%. Al final, Violeta de Chamorro le ganó la presidencia a Daniel Ortega con el 57.7% de los votos. El FSLN consiguió el 40.8%.
Sin una respuesta final para explicar qué pasó en San Salvador, tanto Aguilar como Segura definen que cada casa encuestadora debe analizar lo sucedido y no dejarse intimidar por los ataques de los políticos. “La gran lección de Quijano para su partido es que la campaña cuenta. Y que el candidato también cuenta. Él tuvo un buen cierre de campaña, sí. Pero ya sabíamos que era mejor candidato que Violeta. Y una gran lección de San Salvador es que no sólo que hayas ganado en 12 años vas a ganar; y por lo tanto, no sólo porque has ganado en 20 años (en la presidencial) vas a ganar… Y no sólo porque saliste arriba de las encuestas vas a ganar”, dice Segura.