Centroamérica es la región más violenta del mundo dice Naciones Unidas

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El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentará este martes un informe regional en el que se plantea que Centroamérica está ahogada por la violencia. El PNUD asegura que la situación puede corregirse, pero a largo plazo.

Daniel Valencia
cartas@elfaro.net
Publicada el 20 de octubre de 2009 – El Faro

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El PNUD lanzará hoy en todo el istmo su más reciente informe de desarrollo humano en donde plantea que con datos de hasta el año 2008, la región centroamericana es la más violenta del mundo, con una tasa promedio de 33 homicidios por cada 100 mil habitantes.

“Centroamérica se ha convertido en la región más violenta del mundo. Con excepción de aquellas zonas como, por ejemplo, la región sudafricana, afectadas por una intensa violencia política, los países centroamericanos en su conjunto tienen la mayor tasa de homicidios del planeta”, dice el informe, titulado Abrir espacios a la seguridad ciudadana y el desarrollo humano.

Desde el año 2000, los siete países de la región han registrado un incremento en su tasa de homicidios que ha llevado a este fenómeno a niveles arriba de lo que la Organización Mundial de la Salud considera epidemia: más de 10 asesinatos por cada 100 mil habitantes. En estos últimos años, hasta 2007, El Salvador estuvo a la cabeza del continente como la nación más violenta, pero según el informe de PNUD, Honduras desplazó a El Salvador en los registros de 2008.

En Centroamérica, la zona más afectada es el triángulo norte, compuesto por Honduras, El Salvador y Guatemala.

En 2008, estos tres países registraron tasas de homicidios de 58, 52 y 48 homicidios por cada 100 mil habitantes, respectivamente.

Esperanzas en la región, sin embargo, las hay, cuando se observa el lento crecimiento en la tasa de homicidios que experimentan Panamá, Nicaragua, Belice y Costa Rica.

Sin embargo, para el coordinador del informe, Hernando Gómez Buendía, el problema es más complejo v va más allá de medir números de homicidios y compararlos entre los países. El informe del PNUD en la región incluye una encuesta especial que midió las expectativas de las poblaciones centroamericanas sobre el tema. De ahí concluye Gómez Buendía para decir que no solo hay que enfocar el problema en el número de homicidios registrados, sino también en el creciente fenómeno de inseguridad que viven los habitantes de esta región.

En síntesis, los centroamericanos sufren agresiones, violaciones, secuestros, trata de personas y delitos contra el patrimonio privado, además de la corrupción como otro factor de inseguridad que detiene el desarrollo, planteó el experto.

Por ejemplo, el informe revela que 14 de cada 100 centroamericanos han sido víctimas de algún tipo de delito en los últimos 12 meses. En este punto, según los datos que arrojó la encuesta desarrollada para el informe, El Salvador lidera la lista de la victimización con un 19% de su población afectada, mientras que Panamá con un 8.3% muestra los índices más bajos.

Crítica a las manos duras

Por primera vez en años, el PNUD puso el dedo sobre la llaga a las políticas de seguridad implementadas por los últimos gobiernos de Centroamérica.

“Ni mano dura ni mano blanda: mano inteligente”, reza uno de los lemas frecuentes del informe a la hora de plantear las posibles salidas que la región necesita a largo plazo.

“Fueron insuficientes e ineficaces las políticas de corte populista que intentaban frenar la violencia y la delincuencia dando una falsa expectativa de tranqulidad”, dice Marcela Smutt, oficial del PNUD El Salvador.

Al menos en los tres países más golpeados por la violencia, al final de la década de los 90s y primeros años del nuevo siglo, los gobiernos implementaron una política sistemática de represión en contra de aquellos grupos de jóvenes que fueron responsabilizados de todos lo males: los pandilleros. Para 2004, en El Salvador ya se había lanzado el mano dura, en Guatemala el plan escoba y en Honduras el plan puño de hierro o cero tolerancia. Al final de los programas y de los gobiernos que los impulsaron, las cifras, lejos de disminuir, incrementaron considerablemente.

“Hay que entender que el fenómeno de la delincuencia y de la violencia muta constantemente. Y si a eso le sumamos los componentes del crimen organizado, el narcotráfico y la corrupción, es necesario entonces detenerse un momento a pensar cómo podemos atacar al problema. Y la respuesta, ojo, solo se obtendrá teniendo esa pausa para discutir entre todos”, dijo Gómez Buendía.

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