Última cita para definir acuerdos del cambio climático comenzó en Barcelona

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‘No hay un plan B para Copenhague’, dijo tajante la vicepresidenta del Gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, como parte de las conversaciones clave sobre cambio climático en Barcelona.

Se trata de la última cita antes de la Cumbre en Copenhague (Dinamarca) que se realizará del 7 al 18 de diciembre, la cual podría terminar con un acuerdo que reemplace o le dé continuidad al Protocolo de Kioto, que vence en el 2012.

En la apertura de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (Cmnucc), Fernández resaltó: “Éste es el mejor momento para ocuparse del calentamiento global, no a pesar de la crisis económica, sino debido a la misma. Porque es la apertura de una oportunidad, de una necesidad de adaptación global que debemos aprovechar para impulsar la nueva economía verde”.

Sin embargo, el secretario (máxima autoridad) de la Convención, Yvo de Boer aseguró que “las metas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero de los países industrializados no son lo suficientemente ambiciosas”.

De Boer también afirmó que los países en desarrollo ya tienen planes ambiciosos sobre qué pueden hacer por sí solos y con ayuda, lo que necesitamos ahora es más claridad por parte de los países ricos.
La Unión Europea (UE) estima que los países en desarrollo requieren unos 147 mil millones de dólares anuales hasta el 2020. Uno de los puntos más importantes es acordar esa u otra suma y decidir quiénes darán el dinero.

De otra parte, las expectativas por las acciones que el presidente estadounidense, Barack Obama, pueda sacar adelante soy muy altas. A pesar de que el país firmó el Protocolo de Kioto (1997), nunca fue ratificado por el Congreso y se espera que esta vez el giro en las políticas de la Casa Blanca lleve a un compromiso del país que más contamina en el mundo para que reduzca sus emisiones.

Jonathan Pershing, jefe de la delegación de E.U., aseguró que su país no quiere estar por fuera del acuerdo y que el “Congreso ahora reconoce la necesidad de avanzar”. Sin embargo, no dio cifras sobre las metas de reducción de emisiones ni de financiamiento para los países en desarrollo sino que se limitó a hablar de la necesidad de “reducirlas radicalmente”.

Por otro lado, representes de la Unión Europea pusieron sobre la mesa el compromiso de bajar sus emisiones en un 20 por ciento en el 2020 (respecto al nivel de 1999), y dijeron se extendería hasta un 30 por ciento, siempre y cuando otros países industrializados tengan el mismo nivel de ambición.

A pesar de que América Latina no figura como un bloque, se espera que las partes fijen metas para la financiación y transferencia de tecnología, entre otros temas.
La mayoría de las negociaciones entre organizaciones de la sociedad civil, los delegados de los países y observadores del proceso se realizan a puerta cerrada y en los pasillos del evento. En la convención hay más de 4.000 participantes, incluyendo delegados de 181 países, y se extenderá hasta el 6 de noviembre.

Cómo juega Colombia

“Pocos países en la región han salido a decir lo que hay que decir y Colombia es uno de los pocos que lo ha hecho”, le dijo a EL TIEMPO José Garibaldi, observador de la Convención, investigador y creador del informe ‘Economía de la audacia’ sobre cómo debe negociar Latinoamérica en estos escenarios.
“Colombia actuó mucho en Bangkok, en Bonh, Marraquesh y otras reuniones previas”, agregó Garibaldi.

El país negocia dentro del G77+China, que reúne a 132 países de economías emergentes y a los menos desarrollados.

Además, otros dos grandes bloques son la Unión Europea (27 estados miembros) y el llamado “grupo sombrilla” que reúne a Estados Unidos y otros países industrializados fuera de la UE como Canadá, Australia y Japón.

Los representantes de la delegación colombiana en el evento no quisieron dar declaraciones a la prensa.

Entre ‘cabezones’ y pancartas

En medio de la transición del otoño al invierno, Barcelona tiene un ambiente positivo frente a los acuerdos sobre cambio climático que se llevarán a Copenhague y se realizan actividades paralelas dirigidas por organizaciones de la sociedad civil para llamar la atención de las partes.

El día de la apertura, la ONG Greenpeace colgó una pancarta de 600 metros desde lo alto de la Sagrada Familia que decía “Salvad el clima”.

Otros, como Oxfam, tienen los tradicionales ‘cabezones’ con los que representan a los líderes mundiales. En esta ocasión, Obama, la canciller alemana, Ángela Merkel, y el presidente francés, Nicolás Sarkozy, entre otros, rompieron un cheque gigante que iba dirigido a países pobres. La organización pide al menos 150 billones de dólares anuales para adaptación y reducción de emisiones en los países menos desarrollados.

Además, en varias partes de Fira Gran Via, donde se realiza el evento, hay relojes digitales que les recuerdan a los participantes que no sólo faltan 34 días, 12 horas y 56 minutos para que inicie la Cumbre en Copenhague sino que, como lo aseguró Boer, “el tiempo se acaba”.

Rebeca Lucía Galindo
Eltiempo.com

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