‘SUPERMARTES’ LEGISLATIVO EN ESTADOS UNIDOS

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Las primarias se convierten en un referéndum sobre el ‘establishment’ en EE.UU.

  • Muchos ciudadanos responsabilizan al sistema de la crisis y del despilfarro
  • La Casa Blanca exhibe los datos del crecimiento del PIB y de la caída del paro

MARC BASSETS | Johnstown (Pensilvania)

En pocos lugares como en el oeste de Pensilvania es tan visible la relación de amor-odio de los estadounidenses con el Gobierno federal. En esta región rural e industrial el recelo hacia Washington está arraigado. Y, sin embargo, la prosperidad se debe en gran parte a las subvenciones federales, lo más parecido a los fondos estructurales y de cohesión de la Unión Europea.

El sentimiento anti-Washington –unido a la exigencia de que Washington resuelva los problemas de los ciudadanos: el ejemplo más reciente es la marea negra en el golfo de México– es el eje de las elecciones primarias para las legislativas de noviembre, que el martes se celebran en varios estados.

El pequeño supermartes servirá para calibrar las dimensiones de la ira popular contra el establishment, al que muchos ciudadanos responsabilizan de la crisis económica, del despilfarro presupuestario e incluso –en el campo conservador– de vulnerar la Constitución.

Este es el año anti-Washington, como han dicho algunos comentaristas. Pero también el año en que un sector del electorado quiere cobrarse la cabeza de los más veteranos en el cargo, supuestamente contaminados por las componendas y corruptelas de la capital federal.

Lo sabe el senador Arlen Specter, tránsfuga ex republicano, que se enfrenta el martes en las primarias demócratas de Pensilvania a Joe Sestak, un demócrata con pedigrí. O la senadora Blanche Lincoln, demócrata centrista de Arkansas, que ve peligrar su candidatura ante una candidatura impulsada por los sindicatos.

El problema de los demócratas es hallar el equilibrio entre el ala izquierda y la moderada. En noviembre, si quiere conservar el dominio del Congreso, el partido del presidente Barack Obama necesitará los votos de los jóvenes y de las minorías, en particular los hispanos, que contribuyeron a la victoria a la presidencia en el año 2008. Pero no puede permitirse perder a los independientes, que no están adscritos a ningún partido y ven con recelo el descontrol del déficit e iniciativas como la reforma sanitaria.

La Administración Obama exhibe estos días los datos del crecimiento del PIB y de la creación de empleo para reivindicar su política económica. Los efectos electorales de la controvertida reforma sanitaria –el mayor éxito legislativo del presidente hasta la fecha– aún son inciertos.

Para los republicanos, el martes será la ocasión de medir la influencia del movimiento del Tea Party, el movimiento anti-Estado que ha encabezado la oposición a Obama, ha marcado el paso de la derechización del Partido Republicano, ha marginado a los conservadores más centristas y proclives al consenso, y ha agravado la polarización del país.

Cualquiera que tenga una relación con decisiones adoptadas en Washington en el último año, que haya tendido la mano a los demócratas o mostrado un mínimo de comprensión hacia alguna iniciativa de Obama, es sospechoso. De estas primarias saldrá un mensaje para la Casa Blanca, pero también para el propio Partido Republicano, dividido y sin alternativas programáticas, más allá del bloqueo a las iniciativas del presidente demócrata.

El movimiento reaccionario Tea Party ya ha forzado la retirada del Partido Republicano de Charlie Crist, el gobernador de Florida. Crist, que cometió el pecado de aplaudir el plan de inversiones de Barack Obama, se presentará en noviembre al cargo de senador como independiente, tras constatar sus escasas posibilidades ante el rival republicano, el ciudadano estadounidense de origen cubano Marco Rubio, favorito del Tea Party.

El martes las miradas se fijarán en Kentucky. En este estado, considerado un escaparate de lo que algunos denominan la América real, el candidato Rand Paul, uno de los líderes del Tea Party, amenaza con derrotar en las primarias republicanas para el Senado al actual secretario de Estado de Kentucky, Trey Gayson, que cuenta con el apoyo de los líderes del partido en Washington.

Una victoria de Paul –hijo del excéntrico político republicano Ron Paul, contrario a la guerra de Iraq y a la Reserva Federal– representaría la mayor victoria del Tea Party en las urnas. Las primarias son el marco propicio para los ejercicios de rebeldía y las batallas intestinas: al celebrarse dentro de los partidos es habitual que se impongan los puntos de vista más ideológicos.

El peligro para los republicanos es que la radicalización del mensaje asuste en noviembre a los votantes más moderados y acabe beneficiando al presidente Obama.

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