Los niños marchan contra las deportaciones

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Lucía de la Cruz, guatemalteca cuyo esposo fue deportado hace un año, viaja con sus  cuatro hijos, todos nacidos en Miami: Elena, de 10 años; Angélica, de 7; Andrés, de 6; y  Martina, de 3.
Lucía de la Cruz, guatemalteca cuyo esposo fue deportado hace un año, viaja con sus cuatro hijos, todos nacidos en Miami: Elena, de 10 años; Angélica, de 7; Andrés, de 6; y Martina, de 3.

PEDRO PORTAL/ ENH

Por ALFONSO CHARDY

achardy@elnuevoherald.com

En medio de aplausos y consignas, 25 niños nacidos en Estados Unidos y sus padres indocumentados abordaron un autobús en Sweetwater el martes por la mañana para participar el miércoles frente a la Casa Blanca en la “marcha de los niños” contra de las deportaciones.

Las 46 personas a bordo del autobús se congregarán junto a grupos de otras regiones del país en el Parque Lafayette, lugar tradicional para manifestaciones en Washington, D.C.

La protesta ha atraído amplia atención nacional. Los organizadores buscan dramatizar el impacto de las deportaciones sobre las familias, particularmente en las que hay niños nacidos en Estados Unidos de padres indocumentados.

Muchos de los niños a bordo del autobús expresaron temores sobre el destino de uno de sus padres, o ambos. En algunos casos, ya uno de los padres ha sido deportado.

Lucía de la Cruz, guatemalteca cuyo esposo fue deportado hace un año, viaja con sus cuatro hijos, todos nacidos en Miami: Elena, de 10 años; Angélica, de 7; Andrés, de 6; y Martina, de 3.

“Vamos porque el padre de los niños fue deportado”, dijo De la Cruz a El Nuevo Herald mientras el autobús viajaba en dirección norte por la carretera Interestatal 95. ‘‘Había estado trabajando en la construcción por 11 años y le daba a los niños alimentos, calzado y ropa, pero luego migración se lo llevó”.

Agentes de la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE) apresaron a Marco, esposo de De la Cruz, luego de que la policía lo detuviera por una infracción de tránsito.

De la Cruz dijo que ahora amigos y familiares le ayudan a mantener a sus hijos porque está desempleada.

Elena, su hija de 10 años, dijo que le gustaría que la recibiera el presidente Barack Obama para poder darle un mensaje.

“Le suplicaría que detenga las deportaciones porque están destruyendo a las familias, separando a las familias y extraño mucho a mi papá”, afirmó Elena.

Otra viajera, Carla Méndez, ciudadana estadounidense de origen peruano, iba con su hijo de 1 año, Joan Osores, y su hermana Kimberly Méndez, ambos nacidos en Estados Unidos. Joan era el más joven de los 25 menores en el autobús. El mayor tenía 16.

“Todos vamos a Washington para apoyar la lucha por la reforma migratoria”, indicó Méndez. “Francamente, es muy triste ver como los padres se los quitan a los niños”.

Nadie de la familia inmediata de Méndez ha sido detenido o deportado. Sin embargo, dijo que estaba preocupada porque su madre y su esposo son indocumentados. Méndez ha hecho los pedidos de legalización de ambos ante las autoridades inmigratorias. Pero teme que sean detenidos antes de que termine el proceso.

Según un informe del 2006 del Centro Hispano Pew, en Washington, de las 6.6 millones de familias consideradas ilegales en Estados Unidos, un gran número tiene hijos o cónyuges “mixtos”, o sea uno legal y otro ilegal.

El mismo informe indicó que unos 3.1 millones de niños nacidos en Estados Unidos tienen al menos un padre indocumentado.

El autobús amarillo salió de la oficina de la Fraternidad Americana, 10364 de West Flagler St., a las 11 a.m. El chofer declaró que llegaría a Washington en unas 15 horas.

Pero uno de los organizadores del viaje dijo que duraría entre 18 y 19 horas.

Cuando el autobús subió de la calle Flagler a la autopista Palmetto, los niños coreaban consignas como “¡Reforma migratoria ahora!” y “¡Sí se puede!”

Pero al tomar la autopista I-95 al norte de Miami-Dade, gradualmente hubo silencio, mientras los menores comían galletas o sandwiches y veían una película en pantallas de televisión en el techo.

Al tiempo en que el autobús viajaba entre Broward y el Condado de Palm Beach varios estaban ya dormidos.

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