Carta de Dagoberto Gutierrez al Presidente Mauricio Funes Cartagena

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Dagoberto Gutierrez

Estimado Señor Presidente:

Esta carta surge  entre las hojarascasreverberantes de la coyuntura  y es movida por la necesidad de hablar sobre lo que ocurre, además  de por qué ocurre lo que ocurre.

Usted sabe, tanto  o más que yo, que vivimos tiempos de transformación , de agotamientos de modelos enfermos y de crisis anunciadas, es decir, que vivimos en buenos tiempos porque para una sociedad como la salvadoreña que necesita nuevas raíces y nuevos, no hay nada mejor que los anuncios presionantes de que hay que cambiar lo que es necesario cambiar, hay que conservar lo que es necesario conservar y que aquel o aquellos y aquellas que no huelan en el viento los ramalazos de esos cambios no sabrán, oportunamente, que es lo que hay que apoyar o que es lo que hay que resistir.  En realidad esto no resulta fácil en ningún tiempo y el mejor lugar para entenderlo es desde abajo y desde adentro porque, fíjese señor Presidente, que desde abajo se puede saber que piensa la gente,  que quiere la gente,  que necesita la gente, que acepta y que rechaza la gente,  que es lo que la gente apoya y, esa inteligencia colectiva no siempre se puede captar desde arriba por eso es que  ser gobernante, según dicen los que saben, consiste en ser gobernado y el líder, dicen los más entendidos, es el que es guiado y se deja guiar;  por otro lado la vida por dentro resulta ser una mayor penetración en la realidad, hacia la realidad y ésta, la realidad cuando debe ser transformada hasta se anuncia.

Mire lo que ocurre con ese tema de los partidos, en realidad es todo el régimen montado constitucionalmente en 1983, como Ud. Lo sabe muy bien, el que ha perdido todo cimiento y todo techo y debe, puede y necesita ser sustituido por otro régimen de Democracia Participativa.

La Sala de lo Constitucional, en su casi totalidad, está ofreciendo el único camino,  el constitucional, para remozar, refrescar y oxigenar a la Democracia Representativa y Ud. Sabe,  como lo sabe mucha gente en el país, que una cosa es lo político y otra cosa lo partidario y aquí se trata, estimado señor Presidente, de  defender lo político y la política frente a lo partidario.  Mire que curioso señor mandatario que un partido político no es actualmente un factor que produce política, en todo caso, hace una política en cuyos cristales no se refleja la gente.

La Sala de lo Constitucional con solo cumplir la constitución se ha ganado el apoyo de la sociedad, de abajo y de arriba, de en medio y de los lados y, aún más,  Ud. Sabe que la actual coyuntura ha permitido al pueblo entender, mejor que nunca, que entre la cúpula del partido gubernamental FMLN y la cúpulas de los otros partidos no existen diferencias relevantes,  fíjese Presidente  que la soledad de los partidos los afecta a todos por igual, pero a unos les pesa más la orfandad, porque la coyuntura, al tener varias maromas ha situado al partido FMLN a la derecha de ARENA, aún cuando muchos miembros de ese partido nunca estarán cómodos en semejante depósito, ahora bien  Ud., de repente sin anuncio previo y, sin duda por sus propias razones gubernamentales,   ha aparecido y parecido en las filas de los que se oponen, por múltiples razones a la finalización de la burocracia partidaria y por primera vez Ud. Aparece total, integral, e intestinamente alineado   con el partido que lo hizo candidato presidencial.

En una primera mirada, estimado Presidente, podemos pensar en un viraje que no le asegurará, sin perjuicio de equivocarme, respaldo social ni reconocimiento  porque los cambios anunciados, esperados y soñados, sí serán verdaderos y hasta de verdad, deberán venir de abajo y afectarán a la manera de hacer política, es decir,  al régimen político y para eso, señor Mandatario, resultará imprescindible liberar las energías sociales del control  partidario.
Es cierto que la coyuntura es política y expresa una crisis histórica, nos presenta a una oligarquía venida a menos, víctima de su propia filosofía y estrangulada por la transnacionalización de la riqueza, estos sectores ahora compiten con cúpulas empresariales nuevas  que pueden gozar de las ventajas del control de aparatos públicos.  Todo este tráfago crítico ha de resolverse  y el problema es a favor de quien se va a resolver  porque Ud. Y yo sabemos que ninguna crisis es eterna y su solución depende de las fuerzas e intereses que se muevan en sus aguas.

Su gobierno, señor Presidente, que ya ha corrido dos años, como en un segundo, se encamina hacia su medianía y como nunca antes necesitará de mucha comprensión y apoyo de sus mandantes,  por supuesto, Presidente Funes, que Ud. Cuenta con abundantes razones,  argumentos e intereses para entrar en la casa o salir de la casa de acuerdo a su cabeza política. Lo cierto es que el momento que vivimos tiene un hilo fino que hilvana voluntades, intereses y posiciones que en otros aspectos pueden no coincidir pero ahora se encuentran en la lucha contra una burocracia partidaria que ya casi nadie quiere tener en su mesa de noche. Me imagino que Ud. Tampoco; pero si así fuera está en todo su derecho para dirigir su política, su pensamiento y hasta sus instintos.

El proceso político, siendo objetivo, sigue su marcha indetenible y su gobierno también sigue su marcha hacia sus metas.

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