Quo Vadis El Salvador

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El salvador, su historia, blasón de héroes y mártires

Desde siempre, El Salvador, es más que un país, es quizá hasta un concepto, una suerte de situaciones creadas, por regla general, para distraer la atención del común, le llaman pueblo. Esa masa abnegada que con la particularidad, como decía Roque Dalton, de ser “los mejores artesanos del mundo” la gente más laboriosa e inventiva para salir delante de las crueles atenciones de la madre tierra, llámese, sequías, terremotos, huracanes y cualquier otro desastre emanado de aquellas caprichosas maneras de expresarse de la madre tierra.

En los últimos año, quizá décadas, se aúna a esto, el ser una zona de guerra. Siempre estamos en un conflicto, desgraciadamente interno, entre hermanos. Un país, que como ya decía, es un concepto, desfigurado por el paso del tiempo de ser llamado el pulgarcito de américa, por el ímpetu en abordar las situaciones y salir avante. Al menos en teoría, a ser llamado ahora, la capital de la muerte, no me lo invento yo, es un concepto que las grandes economías han marcado en nuestra bandera.

Es una verdadera lástima, que nos hayamos transformado en un país de clanes, de rivales y de enemigos. No somos violentos por naturaleza, somos apasionados. Esta característica, conducida por malos líderes, nos empuja al odio de clases. Me eriza la piel el pensar que de estar en Rwanda, ya nos hubiéramos matado como aquellas grandes tribus, que por lo mismo dejan grandes masacres, millones de vidas sacrificadas por la ignorancia e intolerancia.

En este país se mata por nada, desde la discusión por un estacionamiento, hasta la pertenencia o simpatía por un partido político. Desde el amor a un equipo de fútbol, hasta la residencia en una de las colonias marcadas como feudo de un grupo de estúpidos con el poder que emana de las armas. Somos un país digno de análisis, de observación, de razonamientos por ojos intelectuales, imparciales sobre la cultura de muerte que se ha enraizado en nuestro diario vivir.

Amigos extranjeros se sorprenden al ver que una parte de la sociedad viva en un mundo de fantasía, en una esfera de falsa seguridad, mientras la mayoría, vive atemorizada, aun de su propio trabajo, del cual deben apartar una parte, para poder pagar el que les dejen vivir, trabajar o estudiar.

No entiendo cómo, aquellos que se llaman los protectores o salvaguardas del sistema, vivan engañados, queriendo engañar, ocultar una realidad. ¿La sangre en nuestro país no ha sido suficiente para esta gente? Es una pregunta que atormenta mi cabeza. No hablo de sectas partidarias, esas son una más, hablo de la conciencia académica, acallada por el afán económico, perdiendo su espíritu orientador de la sociedad. Hablo de los líderes religiosos, si es que los hubiese, hablo de los formadores de la juventud, los maestros, afanados en el desinterés de ser eso, formadores y convertidos en ser informadores.

Las medidas tomadas por los diversos sectores que forman el gobierno como tal, parecen dirigidas a mantener un esquema político partidario cómodo, cada cual defendiendo su cuota de poder y garantizando a sus seguidores algunos beneficios. Es un asco, no existe un verdadero interés de país.

Soy un interesado en el estudio de la historia, y caigo en la cuenta de aquellas vidas paralelas que se vivió en la Francia de los luises, la vida tras los altos muros de los palacios, suntuosos, degenerados y dilapidados, contra la carencia y pobreza de su pueblo.

La historia dice que rodaron las cabezas de sus líderes, de sus monarcas, de sus gobernantes. La violencia cegó la razón, y se convirtió en una carnicería encausada contra aquellos que se decían intocables. ¿Será necesario que lleguemos a tal en nuestro país? Se escuchan voces por los excesos de los señores representantes del pueblo, los directamente electos para resguardar los intereses de las regiones, los diputados. Excesos que golpean el rostro de los necesitados, no de alguien en particular, si no, de los usuarios de los servicios médicos, de los escolares y maestros, de los servidores de la protección llámese policías que arriesgan su vida por una miseria, es un golpe a la moral, una verdadera vergüenza.

Luego las medidas desde el ejecutivo, no es ninguna novedad, hemos vivido décadas en esta situación de desventaja contra los que ostentan el poder. Ahora duele, al ver que carecemos de un liderazgo visible, una cabeza certera que logre hilvanar una línea segura de crecimiento, de seguridad de  sostenibilidad.

No es una reflexión partidaria, líbreme el creador, es una reflexión que nace desde el diario vivir, desde el desencanto en una casta política sin memoria, sin razón. Quiera el destino que no estemos lejos de una pronta solución, que este pueblo despierte de su particular sueño, para aunarnos en una verdadera fuerza de cambio.

 

 

 

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