La frontera guardada por tumbas

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El Estado de Tamaulipas ya no es la frontera entre México y Estados Unidos. Simplemente es la frontera entre la vida y la muerte. ¿Quién manda allí? Desde luego no el presidente panista Felipe Calderón ni el gobernador priista Egidio Torré Cantú, quien llegó al cargo después de que un comando aún por identificar asesinara a su hermano Rodolfo y a toda su escolta, a plena luz del día y solo unas horas antes de unas elecciones que tenía virtualmente ganadas. Pero los jefes del crimen organizado no quisieron. Son ellos y solo ellos –el cartel del Golfo, el de los Zetas— quienes deciden verdaderamente quién gana y quién pierde, quién vive y quién muere.

Cada madrugada, sus sicarios, a bordo de lujosas camionetas y manejando fusiles de alto poder, se sitúan al borde de la carretera 101 que une la capital del Estado de Tamaulipas, Ciudad Victoria, con la fronteriza Heroica Matamoros. A la altura de San Fernando –ya por méritos propios el corazón del infierno–, dan el alto a los autobuses de línea, suben a ellos, eligen a punta de pistola a unas cuantas mujeres y a unos cuantos hombres, los bajan y, allí mismo, a pie de cuneta, las violan a ellas y a ellos los golpean y se los llevan.

¿Qué hacen con ellos? De la última fosa ya han sacado a 120. Ahora, con cuentagotas, se va sabiendo lo que en esa carretera 101 ha venido sucediendo desde hace algunos meses. No porque lo hayan contado las autoridades, sino porque algunos chóferes de las líneas de autobuses y algunos supervivientes se han atrevido a hablar con los periodistas. “Mire el culatazo que me dieron”, cuenta a un periodista de El Universal una señora de Monterrey que viajaba en uno de los autobuses asaltados, “a todas las mujeres las bajaron, son unos perros desgraciados. A las chamaquitas, las señoras y señoritas ahí las desnudaban y violaban. Y a culatazos las subían a camionetas. A mí no me bajaron porque no podía caminar, por eso me pegaron”. Un chófer añade: “Esto ya venía de tiempo atrás. Nada más que uno no puede decir nada. Desde hace como mes y medio o dos meses ya nos paraban en la carretera, bajaban a la gente y se la llevaban”.

El silencio, la impunidad, la rabia de no poder hacer nada frente a 20 ó 30 sicarios perfectamente armados, perfectamente organizados, dueños absolutos del territorio. La ineficacia de las autoridades se pone aún más de manifiesto por cuanto en la zona donde están apareciendo ahora fosas repletas de cadáveres ya se produjo, el pasado mes de agosto, otro hallazgo macabro. Alertados por un superviviente, el Ejército encontró los cuerpos sin vida de 72 inmigrantes centroamericanos, asesinados junto a la tapia de una ranchería en San Fernando. ¿Por qué los mataron? ¿Quiénes fueron? Las autoridades oficiales carecen aún de respuestas y las autoridades reales no suelen conceder entrevistas.

El caso es que aquel crimen fue atribuido a Los Zetas, un cartel especialmente sanguinario formado por desertores de élite del Ejército mexicano y que, antes de establecerse por su cuenta, trabajaron a sueldo del cartel del Golfo. Eso, según la teoría de las autoridades. Lo único cierto es lo que dicen las fosas. La dramática verdad que, a golpe de azadón, va soltando la tierra

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Jodi Bieber gana el World Press Photo

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World Press Photo 2011

FOTOS – JODI BIBIER – 11-02-2011

Aisha Bibi, una mujer de 18 años, de la provincia de Oruzgan, en Afganistán, huyó de la casa de su marido a la casa de su familia, quejándose del trato violento recibido. Los talibanes llegaron una noche, exigiendoque Bibi fuera ajusticiada. Poco después, un comandante talibán pronunció su veredicto, y mientras su cuñado la agarraba, el marido le cortó las orejas y la nariz. Aisha fue abandonada, pero más tarde fue rescatada por cooperantes y militares estadounidenses. Después de un tiempo en un refugio para mujeres en Kabul, fue llevada a Estados Unidos, donde fue tratada de sus heridas y sometida a cirugía reconstructiva. Aisha Bibi vive hoy en los EE UU (Artist Management/Goodman Gallery para TIME magazine).- JODI BIBIER

La periodista sudafricana Jodi Bieber se ha alzado con el World Press Photo 2011 por su fotografía de Aisha Bibi, una joven mujer afgana a la que le fueron amputadas las orejas y la nariz por no obedecer a su marido, que la mantenía en verdaderas condiciones de esclavitud. La fotografía también se ha alzado con el máximo reconocimiento en la categoría de retrato. La imgen fue portada de la revista TIME en agosto pasado.

Jodi Bieber no es una desconocida en la profesión. El máximo galardón otorgado hoy se le suman a otros ocho reconocimientos realizados por esta misma organización en el pasado.

“Esta fotografía podría convertirse en una de esas imágenes, y tal vez sólo recordemos diez en nuestra vida, en la que alguien nos dice ‘tú sabes, esa foto de una chica …’, y sabes exactamente de cuál estamos hablando”, ha declarado el miembro del jurado David Burnett.

Si el galardón del año pasado – que fue a parar a la imagen de unas protestas nocturnas en las azoteas de Teherán – levantó espinas entre los que demandaban reconocimientos hacia un fotoperiodismo más clásico, el retrato de Aisha Bibi responde a una técnica y un formalismo más usual. Y ha sido una constante a lo largo de las distintas categorías.

Los World Press Photo reconocen el trabajo fotográfico en 12 categorías distintas. El trabajo de Fernando Moleres, publicado por EL PAÍS SEMANAL , ha sido reconocido con el segundo premio en la categoría de reportajes de la vida cotidiana. “Es un premio a la apuesta por el periodismo social comprometido”, declara Moleres a EL PAÍS. “Durante cuarenta días estuve metido en esa prisión, con el objetivo de denunciar la situación en la que viven menores encerrados en una cárcel de Sierra Leona”, asegura.

El español Gustavo Cuevas, de la agencia EFE, se ha alzado con el segundo puesto en la categoría de deporte, por su fotografía de la cornada de Julio Aparicio en Las Ventas, el 21 de mayo de 2010. Un retrato a un dinka man frente a su casa en Akkach, al sur de Sudán, tomado por el español Guillem Valle, ha sido reconocido con el tercer premio en la categoría de retratos. También destaca la fotografía tomada por el francés Olivier Laban-Mattei en la que se muestra como un hombre arroja un cadáver sobre una pila de cuerpos tras el terremoto de Haití.

Si el año pasado el jurado hizo mención especial al vídeo colgado en Youtube que mostraba a una mujer iraní muerta durante las protestas postelectorales, este año la mención ha ido a parar a la serie de 12 fotografías tomadas por los mineros atrapados en la mina de San José, a 700 metros bajo tierra.

La edición de este año se ha cerrado con un récord de participación, con 108.059 imágenes, tomadas por 5.847 fotógrafos de 125 nacionalidades distintas.

Fotogalería de todos los premiados, en todas las categorías, en la página del World Press Photo

Las rutas de la masacre de indocumentados en México pertenecen a “Los Zetas”

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Al amago de pandillas reclutadas y suficientemente armadas a lo largo de por lo menos siete estados del país, Los Zetas permiten a las organizaciones de traficantes de humanos el traslado y ocultamiento de grupos de extranjeros sin documentos o su estancia legal en ese país.

El cártel de Los Zetas controla las rutas y las bandas del tráfico de indocumentados en el sureste de México y la frontera de Tamaulipas con Estados Unidos desde al menos hace 10 años, cuando Osiel Cárdenas Guillén, en ese entonces jefe del cártel del Golfo y quien reclutó entre militares a Los Zetas, decidió ampliar sus actividades del narcotráfico hacia el cobro de piso a los grupos de contrabandistas de humanos y mercancías, de acuerdo con los informes de la Procuraduría General de la República (PGR).

Al amago de pandillas reclutadas y suficientemente armadas a lo largo de por lo menos siete estados del país, Los Zetas permiten a las organizaciones de traficantes de humanos el traslado y ocultamiento de grupos de extranjeros sin documentos o su estancia legal en el país, quienes pagan sumas de entre 3 y 5 mil dólares en su intento por llegar a Estados Unidos. Sin embargo, al final los indocumentados son extorsionados o asesinados, como en el caso de los 72 migrantes masacrados en San Fernando, Tamaulipas.

Su dominio sobre esta actividad se extiende desde Quintana Roo, Yucatán, Tabasco, Chiapas y Oaxaca, y sube por Veracruz hasta llegar a la zona fronteriza de Tamaulipas con Estados Unidos, la misma ruta que siguen los cargamentos de droga. A lo largo de estas entidades cuentan con la complicidad —según documentos oficiales— de agentes de Migración y de la Policía Federal, lo mismo que de autoridades municipales y estatales.

En esas entidades, los grupos delictivos disponen de diversos ranchos o casas de seguridad, así como de autobuses, tráileres o camionetas para cruzar las carreteras repletas de indocumentados procedentes de Cuba, Centroamérica, Sudamérica, o bien de Asia o Medio Oriente, de acuerdo con expedientes de investigaciones realizadas por la PGR y a las que tuvo acceso EL UNIVERSAL.

El cártel de Los Zetas ha recurrido a los asesinatos, extorsiones o a las amenazas para mantener su poderío frente a las bandas de traficantes de humanos o “polleros”, como se les conoce en el argot criminal a quienes trasladan a la frontera norte a los indocumentados por sumas incluso superiores a los 5 mil dólares.

Los “rescates” de migrantes

El cúmulo de ganancias que significa para el grupo delictivo esta actividad les ha llevado a “rescatar” de manos de las autoridades a grupos enteros de ciudadanos extranjeros detenidos por introducirse ilegalmente al país, como se documentó en 2008 en Quintana Roo, según las investigaciones contenidas en las averiguaciones previas

Según esos expedientes, el 11 de junio de 2008 un total de 37 indocumentados —33 cubanos, tres guatemaltecos y una salvadoreña— fueron “rescatados” por un grupo de Los Zetas, quienes disfrazados de agentes federales interceptaron el camión donde eran trasladados los ilegales por oficiales de Migración de Chetumal, Quintana Roo, a Tapachula, Chiapas, de donde serían repatriados a sus países.

El transporte de los indocumentados fue hecho sin el apoyo de la Policía Federal y los oficiales de Migración fueron sometidos, incluso los adiestraron para dar una versión que confundiera a las autoridades sobre la forma en que fueron liberados los extranjeros y quienes finalmente llegaron a Estados Unidos. Los 33 cubanos posteriormente, ya en el país del norte, darían los pormenores sobre ese rescate hecho por Los Zetas. El hecho llevó a la prisión a oficiales migratorios.

Los Zetas tienen una cuota por cada uno de los indocumentados que pretenden pasar los “polleros” a la frontera norte. Su vigilancia y control de los lugares por donde se entra a México y a Estados Unidos a los grupos de gente sin estancia legal en el país les permite conocer quién o quiénes introdujeron ilegales, cómo lo hicieron, cuándo y por cuántos indocumentados deberá pagar la respectiva cuota el “pollero”.

Esta práctica quedó en evidencia en la averiguación previa PGR/UEDO/238/2003, donde miembros de esa organización que fueron detenidos y posteriormente reclutados como testigos protegidos dieron a conocer que desde el año 2000 Osiel Cárdenas Guillén, El Mata Amigos, llamó a Tamaulipas “su plaza” y tenía derecho a cobrar cuotas a prostitutas, fayuqueros, “polleros” y todo aquel que decidiera realizar alguna actividad ilícita.

Según los testigos protegidos Rafael y Yeraldín, desde el año 2000 —cuando irrumpieron Los Zetas— Cárdenas Guillén ordenó vigilar a quienes desarrollaban actividades criminales para que le pagaran cuotas para seguir “trabajando”. El testimonio de Angélica Lagunas Jaramillo reveló que el capo del cártel del Golfo llegó el 16 de agosto de 2001 a su negocio, que poseía en Matamoros, donde vendían perfumes y vinos de contrabando, y sin más le advirtió que si no pagaba cuota igual que otros ordenaría su muerte.

Asesinato de Monseñor Romero: uno de los crimenes que le duele a El Salvador

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El domingo 23 de marzo monseñor Óscar Arnulfo Romero y Galdámez dio su última homilía, cuyo contenido habría sido el detonante para consumar su asesinato un día después.

En aquella histórica homilía Monseñor dijo: “Yo quisiera hacer un llamamiento de manera especial a los hombres del ejército y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles: hermanos, son de nuestro mismo pueblo, matan a sus mismos hermanos campesinos y ante una orden de matar que da un hombre debe prevalecer la ley de Dios que dice “No matar”. Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla… En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuoso, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión…”

Un día después, a las cinco de la tarde,  en la capilla  del hospital de La Divina Providencia, mientras oficiaba una misa, fue asesinado por un francotirador que le asestó un disparo en el corazón.

Desde entonces se han manejado diferentes teorías sobre su asesinato, siendo la oficial la que indica que fue asesinado por órdenes de la extrema derecha. Concretamente se señala al mayor retirado y fundador de ARENA, Roberto d’Aubuisson y al capitán Álvaro Saravia  como los autores intelectuales del magnicidio. También se implicó a Fernando Sagrera. Incluso el informe que elaboró la Comisión de la Verdad conformada después de los acuerdos de paz, avala esa teoría.

El informe indica: “El ex Mayor Roberto D’Aubuisson, el ex Capitán Álvaro Saravia y Fernando Sagrera estuvieron presentes el día 24 de marzo de 1980 en la residencia de Alejandro Cáceres en San Salvador. Llegó el Capitán Eduardo Ávila y avisó que el Arzobispo Romero oficiaría una misa ese mismo día. El Capitán Ávila opinó que ésta era una buena oportunidad para asesinar al Arzobispo. El ex Mayor D’Aubuisson ordenó que se hiciese y responsabilizó al ex Capitán Saravia del operativo. Al observar que se requería un francotirador, el Capitán Ávila afirmó que él se encargaría de contactarlo por medio de Mario Molina. Amado Garay fue comisionado para transportar al asesino hasta la Capilla.

El parqueo del Hotel Camino Real sirvió de punto de encuentro antes de dirigirse a la Capilla. En ese lugar el tirador barbudo, junto con el arma asesina ingresó a un Volkswagen rojo de cuatro puertas, que conducía Garay. Cuando menos dos fueron los vehículos que desde el Hotel Camino Real se dirigieron al lugar del crimen. El asesino disparó desde el vehículo, frente a la entrada principal de la Capilla, una sola bala que ultimó al Arzobispo Romero.

El ex Mayor D’Aubuisson ordenó la entrega de 1,000 colones a Walter Antonio “Musa” Álvarez quien, junto con el asesino de barba, recibió el pago correspondiente. Álvarez fue secuestrado en el mes de septiembre de 1981 y se le encontró muerto poco tiempo después” (relato en .

D’Aubuisson, que murió en 1992 producto de un cáncer, siempre rechazó su vinculación al hecho. En 2004, una corte de los Estados Unidos declaró civilmente responsable del crimen al capitán Saravia.

Según la teoría aceptada, la cual cuenta con el testimonio ofrecido por Amado Antonio Garay en 1987 y repetida en otras instancias posteriormente, fue él la persona que conducía el vehículo rojo en el cual se movilizaba el francotirador. Garay era el chofer particular de Saravia.

Luego de matar a Romero, se supone que Garay condujo el vehículo rojo junto al francotirador hacia donde se encontraba Saravia, quien le confirmó al francotirador que había escuchado en la radio sobre la muerte de Romero. Una de las hipótesis es que el francotirador era el odontólogo Héctor Regalado. Otra hipótesis habla de un argentino.

El argentino y la nueva historia

Sin embargo, años después dos organizaciones de derechos humanos salvadoreñas solicitan que Argentina investigue sobre un personaje que aparece en un cable de la CIA como autor del asesinato del arzobispo, ocurrido en 1980.
El pasado 7 de marzo el periódico  Página/12 de Argentina  publicó un reportaje en el que se dan pistas sobre un presunto militar del llamado Batallón 601, con nombre o apodo Emilio Antonio Mendoza, quien habría sido el francotirador que el 24 de marzo de 1980 disparó una certera bala explosiva que acabó con la vida de Romero mientras oficiaba una misa en San Salvador.

La publicación argentina menciona: “Este mes se cumplen treinta años del asesinato del arzobispo salvadoreño Oscar Arnulfo Romero, icono universal de la defensa de los derechos humanos. El crimen aún no se esclareció, pero la pista más firme dice que lo mató un argentino, un represor de la dictadura llamado Emilio Antonio Mendoza.

“Su nombre figura en un documento de la CIA, desclasificado por el gobierno de Clinton en 1993, junto a otros 12,000 documentos que se refieren a El Salvador producidos por la CIA, la embajada, el Departamento de Estado, el Departamento de Defensa y otras agencias federales, en respuesta a un pedido del Congreso que acababa de cerrar una investigación sobre abusos de derechos humanos en ese país. El documento sobre “Mendoza” fue revelado por el periodista salvadoreño Ricardo Valencia en el 2006 en una investigación periodística del diario El Día de ese país.

“El cable dice taxativamente, sin apelar a los verbos condicionales, que “el oficial militar argentino Emilio Antonio Mendoza, fue enviado en 1980 a Honduras junto a otros argentinos por el general Viola” y que Mendoza “admitió de hecho haberle disparado a Romero”, y pide a la Agencia que recabe más información sobre el sujeto”.

Sin embargo en El Salvador la hipótesis pierde cierto peso.

“No tenemos información sobre ello, pero este caso tiene que ver con documentos desclasificados de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos. Ya habíamos escuchado tal versión por otras fuentes, pero no tenemos certeza”, dijo el director del Instituto de Derechos Humanos de la Universidad Centroamericana (Idhuca), Benjamín Cuéllar.
“Sin embargo, es una oportunidad para investigar. El actual canciller argentino  Jorge Taiana, que fue el secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)s señaló que  actual gobierno argentino tiene grandes compromisos en los derechos humanos y creo que el Estado salvadoreño, a través de Cancillería, solicitará una investigación al respecto”, agregó Cuéllar en su momento.
Por su parte, el director de Tutela Legal del Arzobispado, Ovidio Mauricio González, coincidió con Cuéllar en que se debe solicitar investigar el caso, pero “ello parte de que se suprima la ley de amnistía y se levante una investigación amplia, tal como lo ha demandado la CIDH, en el caso de Romero”.
“En Tutela Legal del Arzobispado tenemos información y testimonios que no indican que un militar argentino haya disparado contra monseñor Romero. Los hechos apuntan al salvadoreño Héctor Regalado. Esa información incluso es la que tiene el Vaticano en el proceso de canonización que se sigue para nuestro obispo”, aseveró González.

Sin embargo, según un artículo de la agencia Worldpress, Regalado no fue identificado por Amado Garay en persona, sino a través de una foto de 1969 a la que se le agregó una barba con fotoshop, que se eligió por su similitud con el croquis realizado por artistas forenses a partir de la descripción de Garay.

Regalado negó haber sido el francotirador.La supuesta participación de Mendoza  generaría otra teoría conspirativa que eliminaría a Héctor Regalado como el autor material, pero mantiene a Saravia y a Roberto  D´Aubuisson como los autores intelectuales, aunque ahora se tendría que partir de otras bases para sustentar esa teoría.

El Salvador rescató a cientos del Holocausto en la segunda Guerra mundial

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By y RANDY HERSCHAFT / AP

NUEVA YORK

CLAUDIA TORRENS

Ina Polak, sobreviviente del Holocausto, tardó 35 años en descubrir un papel polvoriento que probablemente le salvó la vida en el campo de concentración de Bergen-Belsen: un certificado de ciudadanía salvadoreño emitido por el diplomático George Mantello.

El Museo del Holocausto en Washington está analizando mil certificados de ciudadanía salvadoreños recién descubiertos y emitidos por Mantello, que según los historiadores salvaron centenares de vidas.

Polak vio el documento con su nombre, el de su hermana y el de sus padres mientras limpiaba el apartamento de Manhattan de su madre, justo después de su muerte en en 1980. “Mi primera reacción fue `¡Oh, ahora lo entiendo!”, dijo Polak, de 87 años.

Su familia era judía y vivía en Holanda, sin ningún tipo de relación con el distante país centroamericano. Pero el documento, con fecha de 1944, se convirtió en su salvavidas, gracias a Mantello, un judío nacido en lo que ahora es Rumania y uno de un puñado de diplomáticos que durante la Segunda Guerra Mundial salvó a miles de judíos otorgándoles visados o certificados de ciudadanía, a menudo sin conocimiento de sus gobiernos.

Eran hombres como Hiram Bingham IV, funcionario consular estadounidense en Francia que emitió visados y otros documentos de viaje que ayudaron a salvar unas 2,000 personas, o el sueco Raoul Wallenberg, cuyos esfuerzos probablemente contribuyeron a salvar a 90,000 judíos en Hungría.

La labor de Mantello ha captado la atención de los expertos, que analizan los certificados de ciudadanía salvadoreños que han salido a la luz e intentan descubrir qué sucedió con los judíos que losrecibieron.

Mantello fue primer secretario del consulado salvadoreño en Ginebra, Suiza, y usó una red de contactos para emitir y enviar documentos a judíos en la Europa ocupada entre 1942 y 1944. Se calcula que emitió 10,000 certificados de ciudadanía, según su hijo, EnricoMantello.

La misma cifra es la que ofrece el historiador David Kranzler, quien publicó un libro sobre el diplomático en el 2000 titulado The Man who Stopped the Trains to Auschwitz (El hombre que detuvo los trenes a Auschwitz). Kranzler, ya fallecido, describe el papel clave que jugó Mantello al difundir el llamado Protocolo de Auschwitz, una descripción del mayor campo de exterminio nazi escrita por dos presos que escaparon.

No se sabe cuántas vidas salvó Mantello con los documentossalvadoreños.

“Definitivamente cientos” de personas, asegura Mordecai Paldiel, profesor de Estudios del Holocausto de la Universidad Yeshiva, en Nueva York.

Una carta enviada por Carl Lutz, un diplomático que trabajó con Mantello, habla de “miles” de personas salvadas.

Sin el certificado de nacionalidad salvadoreña, Polak y su familia probablemente habrían trabajado hasta la muerte en el campo de Bergen-Belsen o habrían sido enviados a otros campos de concentración o a las minas de sal.

En su lugar, fueron enviados a otra sección de Bergen-Belsen donde se encontraron con más judíos con documentos de nacionalidades latinoamericanas. Finalmente fueron colocados en un tren con otras 2,400 personas y acabaron rescatados por las fuerzas estadounidenses en abril de 1945.

“En aquel entonces”, dijo Polak, si un oficial alemán “veía un documento con el sello y la firma apropiados entonces era legal. La gente con estos papeles eran elegibles, a los ojos de los alemanes, para ser enviados a países neutrales o a mejores campos de concentración”.

Mantello envió por toda Europa copias notarizadas de los certificados y se quedó con los originales, aproximadamente mil de los cuales fueron encontrados en el 2005 en el sótano del abogado de Mantello en Ginebra y donados al Museo del Holocausto en Washington tres años más tarde.

Ahora los expertos del museo intentan ubicar a los que recibieron los certificados para determinar cuántas vidas se salvaron y conseguir más información sobre el fruto real de los esfuerzos de Mantello.

Los certificados de nacionalidad salvadoreña pueden verse en el portal de internet del museo: http://bit.ly/at7GjV

Judith Cohen, directora del archivo fotográfico del museo, dijo que ha descubierto que dos familias holandesas fueron liberadas de Bergen-Belsen en enero de 1945 gracias a los documentos; primero las enviaron a Suiza y luego al norte de Africa para cambiarlas por prisionerosalemanes.

“Sabemos que los certificados salvadoreños ayudaron a sacar a personas de campos de concentración y luego quedaron en libertad’, dijo Cohen. Aunque dijo que era “una pequeña nota a pie de página en la historia”, destacó el refrán judío que dice que “quien salva a sólo una persona es como si salvara al mundo entero”.

Después de la guerra, Polak se casó con otro sobreviviente del Holocausto, Jaap Polak. La holandesa dijo que quizás amigos de su padre que viajaron a Suiza dieron a Mantello el nombre de su familia.

El padre de Polak, Abraham Soep, era un empresario diamantero en Amsterdam y probablemente recibió el certificado de nacionalidad cuando la familia estaba en un campamento de tránsito en Holanda antes de ser enviados a Bergen-Belsen.

Los certificados de ciudadanía salvadoreños a veces permitían llevar ropa propia en lugar de uniformes de presos y estar una sección distinta de Bergen-Belsen.

Esa pequeña diferencia era crítica, opinó Paul Shapiro, director del Centro de Estudios Avanzados del Holocausto, en el museo de Washington.

“Acuérdese que estar en el lugar equivocado del campo de concentración significaba la muerte”, dijo.

El cónsul general de El Salvador, José Arturo Castellanos, permitió que Mantello emitiera los certificados. El gobierno salvadoreño conoció de la emisión más tarde, pero en la actualidad trabaja para que Castellanos reciba el reconocimiento del Instituto Yad Vashem, el principal centro de investigación de la comunidad judía, con sede en Jerusalén.

La petición del gobierno de El Salvador para el reconocimiento fue entregada en mayo del 2007.

Los certificados de Mantello surtieron efecto sobre todo en Hungría, Holanda y Bélgica, pero llegaron demasiado tarde a Lituania y no funcionaron en Polonia, concluyeron los investigadores.

Los alemanes se beneficiaban de tener prisioneros con documentos salvadoreños: los podían cambiar por prisioneros alemanes en Latinoamérica o Estados Unidos, dijo Rafael Medoff, director del Instituto de Estudios del Holocausto David S. Wyman, con sede en Washington.

“Así que aunque los alemanes sospecharan que estos documentos quizás no eran auténticos, a menudo no les importaba porque consideraban muy útiles a estos presos”, dijo el historiador.

En enero de 1945 unos 800 alemanes detenidos en las Américas fueron canjeados por 800 estadounidenses y latinoamericanos presos en Alemania, dijo Medoff. Entre ellos había 149 judíos de Bergen-Belsen con certificados latinoamericanos.

Robert Fisch, un pediatra de Minneapolis, se acuerda de haber visto un certificado de ciudadanía en su casa de Budapest en 1944.

“Mi madre me dijo, e incluso escribió: `No entregues este papel. Es muy importante’ ”, dijo Fisch, que ahora tiene 84 años.

La contribución de Mantello aún no se ha reconocido completamente, dicen los historiadores. Sin embargo, su hijo, Enrico Mantello, recuerda con admiración a su padre mientras emitía un certificado tras otro.

“Era una persona muy comprometida, muy enérgica. Necesitaba dormir muy poco”, dijo Enrico Mantello. “Era muy apasionado, nunca aceptaba un no por respuesta”.

A pesar de su hazaña, Mantello quedó afectado hasta su muerte, en 1992, por un trágico episodio.

El diplomático envió certificados de ciudadanía salvadoreña a sus padres, que vivían en Hungría, pero los documentos llegaron uno o dos días demasiado tarde. Ambos habían sido enviados a Auschwitz, donde murieron.

“Es una ironía terrible, muy triste”, dijo Cohen. “Los certificados salvaban a gente de toda Europa, pero a pesar de sus esfuerzos Mantello no fue capaz de salvar a sus propios padres”, agregó.

Jerusalén levanta por tercera vez la mítica sinagoga de Ruina

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Los dos anteriores templos fueron derruidos por Nabuconodosor y por el emperador Tito y la aviación jordana la bombardeó en 1948

JUAN MIGUEL MUÑOZ

Reapertura en Jerusalén

En pleno barrio judío de la Jerusalén amurallada se inaugurará el 15 de marzo una sinagoga bautizada con el nombre de Ruina, apelativo que no es ajeno a los augurios de un gran rabino lituano que vivió tres siglos atrás.

Ya ha sido arrasado dos veces este templo, centro espiritual de miles de judíos de todo el mundo, pero la tercera construcción de la Huvra -ruina, en hebreo- marcará, según cuentan rabinos de hoy, el comienzo del tercer periodo del templo, después de que los dos anteriores fueran derruidos por Nabuconodosor (486 antes de Cristo) y por el emperador Tito en el año 70. Alzada por primera vez en 1700, la Huvra fue incendiada por vecinos árabes por el impago de los constructores. Rehecha, fue bombardeada por la aviación jordana, en 1948.

Alzada por primera vez en 1700, la Huvra fue incendiada por vecinos árabes por el impago de los constructores. Rehecha, fue bombardeada por la aviación jordana, en 1948. Se ubica en un lugar emblemático. Durante 19 años, hasta la guerra de junio de 1967, cuando Israel conquistó Jerusalén Oriental, ningún judío visitó el lugar ni el cercano Muro de las Lamentaciones.

Algo que no había sucedido durante muchos siglos. Justo, al lado -como debía suceder con más frecuencia en la antigüedad- se yergue también el minarete de una mezquita, que hoy apenas se visita. La Huvra, con su enorme cúpula blanca, será casi idéntica a la original. “Es una réplica casi exacta en todos los aspectos; paredes, muebles, grabados y todo lo demás”, declaró a Efe Gura Berger, al frente de la compañía encargada de la obra.

Luego del horror del nazismo, Polonia regresa a su pasado judío

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Itongadol/AJN.- Luego de siete décadas desde que la Alemania nazi llevó a cabo el asesinato masivo de judíos polacos en los campos de la muerte, como el histórico Auschwitz, el ex corazón europeo del nazismo se reconecta con una parte perdida de su identidad.

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Actualmente en Polonia, los festivales culturales, los programas de restauración, las clases de historia en las escuelas judías y las conmemoraciones nacionales son una forma de reclamar un pasado colectivo que parecía perdido, tras los horrores del nazismo.

“En realidad, hubo un silencio por 50 años, y luego mucha gente comenzó a tener una mayor apreciación del rol positivo que tuvieron los judíos, lo que significa un cambio muy rápido”, afirmó el jefe rabínico de Polonia, Michael Schudrich.

Durante la invasión alemana en 1939, Polonia era la casa de la mayor comunidad judía europea –alrededor de 3.2 millones de personas, que representaban el 10 por ciento de la población total del país-.

Cerca de seis millones de judíos asesinados durante el Holocausto eran polacos, según informó el diario Ynetnews.

En 1948, luego de la creación del Estado de Israel, muchos judíos de Polonia inmigraron, en parte a causa de las campañas antisemitas del régimen comunista.

“Hasta mediados de 1990, no había forma de llevar a cabo un debate público y abierto sobre estos temas, a causa del comunismo”, afirmó el académico francés Jean-Yves Potel.

Por su parte, Schudrich subrayó: “Los judíos han estado en Polonia por casi mil años. Eran parte de una parcela de la existencia polaca, de la cultura, de la vida intelectual, económica y política”.

AF

Aniversarios del horror Por Marcos Aguinis

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Itongadol.- El 27 de enero de 1945 amaneció con una sorpresa escalofriante para las tropas soviéticas. Ingresaron en el campo de exterminio de Auschwitz-Birkenau. Algunos rumores ya se habían esparcido sobre la industria de la muerte que allí se había puesto en ejecución. Pero eran demasiado alucinantes para ser creídos. En 1944, sin embargo, se había liberado el campo de Maidanek, que los confirmaba. Pero Auschwitz golpeó en los rostros y el entendimiento. Era la cúspide de una maldad inédita.

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La inminente derrota impulsó la huida de los soldados nazis, que se llevaron una gran cantidad de prisioneros, para que no cayesen en manos aliadas y describiesen su martirio. Esto revela que los nazis tenían conciencia sobre lo condenable de su crimen. El Ejército Rojo sólo encontró en Auschwitz unos 5000 sobrevivientes que no podían caminar y a los que la locura del Tercer Reich no alcanzó a destruir. Pronto se supo que en esas marchas forzosas perecieron otros millares de hombres, mujeres y niños por las crueldades del invierno y las balas que dejaban en la nieve a los incapacitados de seguir caminando.

Las Naciones Unidas instituyeron el 27 de enero como el Día Internacional del Holocausto. En efecto, el 27 de enero de 1945 fue un mojón en la macabra serie de descubrimientos que convulsionó a los soldados aliados. Las noticias sobre la peor matanza de la historia humana que circularon antes de esa fecha no habían sido creídas. O se prefirió no creerlas. De ahí que la responsabilidad por el Holocausto involucre también a muchos dirigentes y pueblos que no hicieron todo lo que estaba en sus manos para impedirlo.

En enero se cumple otro oscuro aniversario: la Conferencia de Wannsee. El 20 de enero de 1942 tuvo lugar un encuentro de quince jerarcas nazis en un hermoso suburbio de Berlín para decidir la liquidación total de los judíos. Allí se labró un documento que pretendía dar muerte a los 11 millones de judíos que vivían entonces en Europa (lograron liquidar 6 millones, poco más de la mitad). Su prolija lista incluía hasta los 200 judíos de Albania, los 1300 de Noruega, los 3000 de Portugal. Números irrelevantes que ni calzaban en las teorías conspirativas del nazismo.

Pero estaban las demás comunidades, más numerosas, que comprendían desde decenas o cientos de miles, hasta millones, que estimulaban el apetito genocida. Ningún miembro de ese antiguo pueblo tendría derecho a salvarse. Antes se había insistido en una Alemania Judenrein (limpia de judíos), ahora se anhelaba la “solución final del problema judío“, un eufemismo que aspiraba a un rápido y fabuloso asesinato.

La elegante casona de Wannsee ocupaba un espacio bellísimo junto al lago del mismo nombre. Tenía senderos con rosedales que en aquella nefasta jornada no se lucieron por la temperatura invernal. Las puertas eran de estilo francés y el interior lucía una decoración refinada. Las deliberaciones se realizaron en el comedor, mientras se servía un frugal almuerzo. En ese ambiente confortable se planificó, sin el menor atisbo de piedad, el mayor crimen de la historia.

Se desempeñó como jefe del encuentro el general Reinhard Heydrich, quien dedicó el primer tercio de la reunión para efectuar un análisis pormenorizado del tema. Heydrich fue herido tres meses después en Praga por la resistencia checa y murió el 4 de junio del mismo año.

En esa reunión había puntualizado que Alemania ya extendía sus dominios desde el círculo polar ártico hasta el desierto del Sahara, y desde los Pirineos hasta los Urales. En el mundo existían muchos líderes, gobiernos e intelectuales que admiraban al Führer, algunos de un modo silencioso todavía. Dijo que ésas eran las buenas noticias. Las preocupantes, en cambio, provenían de la obstinada resistencia en el frente oriental y la negativa británica a rendirse.

Era pues el momento de poner fin de una buena vez a la “cuestión judía“, un tema central del nacionalsocialismo. La “limpieza” realizada hasta ese momento mediante ejecuciones, marginación y emigración, tropezaba con dos obstáculos. Primero, en lugar de disminuir el número de judíos, las conquistas del Reich lo multiplicaron de forma alarmante. Segundo, la emigración había dejado de ser eficiente, porque los países del mundo habían cerrado sus puertos.

Este último dato revela la complicidad de casi todo el planeta en la tragedia del Holocausto. Ni siquiera los países involucrados ya, y que luego se involucrarían en la guerra, tuvieron la nobleza de ofrecer amparo a las víctimas de esa irracional persecución. Después de la Conferencia de Evian (Francia) en 1939, donde los países democráticos se excusaron por no recibir judíos en fuga, los nazis redoblaron su agresividad.

En 1942, la reunión de Wannsee optó por la masacre industrial como último recurso. No sólo lo avalaba su psicótica ideología, sino la actitud del resto de la Tierra. Desde que Hitler había asumido el poder en el año 1933, había lanzado decenas de “leyes raciales” cada año, destinadas a humillar y ahuyentar judíos. Las naciones se mantuvieron indiferentes. Las protestas sólo eran manifestadas por individuos o pequeños grupos. A Berlín llegaban mensajes de que los seres que los nazis pretendían hacer desaparecer no eran queridos ni respetados por nadie. El cierre de los puertos, cada vez más firme, demostraba que los judíos no eran aceptados en ningún lugar. Adelante, pues.

Los quince jerarcas reunidos en Wannsee intercambiaron opiniones sobre el ambicioso plan. Adolf Eichmann fue encargado de tomar notas sobre lo que se iba diciendo. Hubo coincidencias en la necesidad de proceder con aplomo, eficacia y celeridad. Los papeles redactados por Eichmann fueron después corregidos por Heydrich mismo, quien se ocupó de ocultar los verdaderos y diabólicos designios mediante eufemismos que ahora no presentan dificultad para ser traducidos a su real y atroz significado.

En Wannsee hubo un alucinante contraste entre la belleza del lugar y su demoníaco objetivo. Ese modelo fue copiado en los muchos campos de concentración y asesinato que se erigieron rápidamente en todos los países conquistados. En efecto, por un lado se expandía la miseria de prisioneros tratados peor que las cucarachas, y cuyo final era morir electrificados en las alambradas, mordidos y desangrados por los perros, baleados en divertidas competencias de los guardias, gaseados en cámaras que simulaban ser duchas y finalmente convertidos en humo negro por los infatigables crematorios. Por el otro, adheridos a ese repugnante báratro, se erigían las residencias de los jefes nazis con jardines, jaulas llenas de pájaros coloridos, piletas de natación, bibliotecas y hermosos salones con piano de cola, en los que se celebraban reuniones distinguidas. Era otra muestra de la esquizofrenia que suele soplar huracanadamente en el espíritu de los fanatismos.

Durante su juicio en Jerusalén, Adolf Eichmann confesó que en la Conferencia de Wannsee se habló de forma explícita, sin guardarse palabras. No obstante, él y Heydrich maquillaron el texto para evitar expresiones comprometedoras, como dijimos unos renglones antes. El objetivo fue sellado sin vacilación. Por eso, ahora es legítimo afirmar que el monstruo se alzó a partir de esa fecha con toda su potencia y descaro. En poco tiempo logró borrar incontables comunidades judías de Europa y asesinar a millones de seres humanos.

Una pregunta llena de angustia, frente a esos dos horribles aniversarios, es si la humanidad aprendió algo o seguirá repitiendo errores. © LA NACION

Campos de concentración ¿Never Again?

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FotoEntrada al memorial de Treblinka, que se alza en una parte donde estuvo el campo de exterminio. | Foto: Alberto Mira Almodóvar

Never again?

por FERNANDO PALMERO y JOSÉ SÁNCHEZ TORTOSA

Lo primero es defenderse de los adjetivos. No usarlos para atenuar lo insoportable, para trivializarlo. No parapetarse tras la inercia de valorar. Ceñirse, en lo posible, al sustantivo, al hecho, a la realidad en toda su desnudez. Nos impulsa la necesidad, la urgencia que Platón o la Filosofía —esa arma defensiva que busca comprender— impone: volver al interior de la caverna, de la que nunca se sale del todo, adentrarse en el corazón de las tinieblas, mirar el rostro del horror. Hemos presenciado el primer atisbo de la ausencia: Treblinka.

No queda allí nada más que la torpe mano de la memoria reemplazando con piedras el horror de la Historia, el acto de nadificar, el vacío consumado, el homicidio industrial a gran escala. Donde hubo aniquilación se erige, inevitable y consoladora, la ceremonia de la conmemoración, la liturgia del recuerdo. Triste. Inexorable. «Never again» (Nunca más), reza la inscripción del memorial situado en el lugar en que los judíos fueron gaseados. Y de nuevo, ante la ausencia, en un memorial que se yergue sobre los límites del campo, el recurso de la biblioteca, que nos acompaña en el viaje y que destruye, implacable, la retórica del monumento.

En 1970, Gitta Sereni entrevistó en la cárcel a Franz Stangl, comandante de Sóbibór (de marzo a septiembre de 1942) y Treblinka (de septiembre de 1942 a agosto del año siguiente):

— Entonces, ¿no pensaba que eran seres humanos?
— Carga —dijo con voz apagada—. Ellos eran cargamento.

— ¿Cuándo piensa usted que comenzó a pensar en ellos como en una carga?
—- Creo que comenzó cuando vi por primera vez el Totenlager [la sección del campo en la que se asesinaba a las víctimas]. Recuerdo que Wirth [ayudante de Globocnik y supervisor de Sóbibór, Treblinka y Bélzec] estaba parado allí junto a las fosas repletas de cadáveres azulados. Eso no tenía ninguna relación con la humanidad, no podía tener ninguna relación con la humanidad. Era una masa de carne en putrefacción. Wirth dijo ¿qué haremos con toda esta basura? Creo que esto es lo que me llevó a pensar en ellos como en una carga.
(…)
— ¿Acaso podemos decir que se acostumbró a los aniquilamientos?
(Él pensó un instante).
— Para decir la verdad —dijo lentamente después de pensarlo—, sí, nos acostumbramos al aniquilamiento.

— ¿Tardó días, meses, años?
— Meses, pasaron meses hasta que pude mirar a alguno de ellos a los ojos. Lo reprimía a través del intento de crear un lugar especial: jardines, cuarteles nuevos, cualquier cosa nueva. Peluqueros, sastres, zapateros, carpinteros, había allí miles de cosas para distraer la atención. Utilicé todas.

— ¿Aun así, si lo sentía fuertemente, sin duda había momentos, cuando llegaba la noche, en los que no podía no pensar en eso?
— A fin de cuentas, lo único que ayudaba era la bebida. Todas las noches me llevaba a la cama un vaso grande de cognac y bebía.

Never again?