La tercera Gran Depresión (Augurios para un nuevo año)

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La crisis ha generado cambios estructurales en las relaciones internacionales y los modelos de crecimiento. Mientras Europa se desdibuja en el nuevo panorama, China empieza a practicar un neoimperialismo de corte planetario.

Un grupo de obreros chinos trabaja en la construcción de un edificio en Chengdu, en la provincia de Sichuan- CHINA PHOTOS / GETTY

Este tipo de acontecimientos marcan una inflexión en la historia de la humanidad, delimitan un cambio de paradigma. El mundo no es ya más el que era después de que se producen, pero no como consecuencia de los destrozos o alteraciones que provocan, sino porque el mismo mundo ya había cambiado antes, aunque los gobernantes y las opiniones públicas no se hubieran percatado de ello. Las crisis sistémicas constituyen el efecto y no la causa de dichos cambios. El pánico de 1873, que coincidió con el estallido de una burbuja inmobiliaria en Austria, corazón del imperio centroeuropeo, marcó también el comienzo del declive del británico y el inicio de la hegemonía americana. Hubo un deslizamiento de poder hacia el otro lado del Atlántico. De la Depresión de 1929 se derivó el auge de los fascismos europeos, que desembocaría en la Segunda Guerra Mundial. Hoy el poder económico, y enseguida comprobaremos que el político también, se desplaza hacia los países asiáticos, en los que el capitalismo convive con formas de vida y organización social muy alejadas de los parámetros occidentales y de la democracia representativa.

Es famosa la frase de Galbraith según la cual “la única función de las previsiones económicas es hacer que la astrología sea respetable”. Aun reconociendo las dificultades que economistas y políticos tienen en un entorno como este, el escepticismo de las gentes y la poca confianza de los agentes económicos a la hora de contemplar el futuro inmediato tiene mucho que ver con la perplejidad inicial de los expertos ante lo que sucedía y las declaraciones populistas, cuando no demagógicas, de muchos gobernantes, empeñados en que, puesto que el sistema financiero se basa en la confianza y la confianza es precisamente lo que falla, una apariencia de optimismo bastará para devolverla. Pero por mucho optimismo que se le ponga, los acuerdos de Bretton Woods perdieron hace mucho su capacidad para hacer frente a los desajustes de nuestro tiempo. Tampoco el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial o la Organización Mundial del Comercio responden hoy adecuadamente a las necesidades de una regulación global, sin la cual el sistema mismo no podrá sobrevivir. La reforma de las instituciones internacionales y multilaterales es precisa y urgente, pero no se vislumbra que nada parecido vaya a suceder en el corto plazo.

La idea de que los fallos o defectos del mercado hay que corregirlos mediante la intervención de las autoridades públicas se remonta por lo menos a los trabajos de John Stuart Mill, que con Adam Smith y Ricardo integra la venerada trinidad de los fundadores del liberalismo económico y padres del capitalismo moderno. La suposición de que el mercado se autorregula por sí mismo, a partir de la cual se han derivado los males que hoy padecemos, constituyó el fundamento de las reaganomics y se encuentra en el corazón del pensamiento neoconservador americano que impregnó la gobernación del presidente George W. Bush y contagió el entusiasmo de los líderes de la derecha española, y de no pocos de la izquierda. En sus Principios de economía política, Stuart Mill habla de la necesidad de que el Estado intervenga cuando, y solo cuando, se producen defectos del mercado. Este es un principio muy querido para los gobernantes actuales de casi cualquier signo ideológico y ha sido incorporado desde Keynes a la mayoría de las escuelas económicas. El pánico de 2008 tuvo mucho que ver con los fallos de las instituciones públicas y de los organismos reguladores, es decir, con los fallos de la política, y no solo con los del mercado propiamente dicho. El proceso de desregulación impulsado por los neoliberales potenció los excesos de la economía financiera, alimentados por la creatividad de los inventores de inventos y multiplicados por el uso de las redes informáticas y telemáticas a través de todo el mundo. Pero gran parte de los activos financieros que fueron considerados tóxicos se crearon por los bancos en operaciones fuera de balance y, por tanto, fuera del mercado propiamente dicho. Difícilmente puede hablarse solo de un fallo del mercado allí donde el mercado mismo no existía, o se comportaba de una forma opaca y secreta.

Entonces, si no es solo el mercado, ¿quién tuvo la culpa? La respuesta es sencilla: los reguladores que no regularon; los controladores que no controlaron; los bancos que se implicaron en aventuras financieras de alto riesgo para sus clientes mientras ellos se garantizaban sus comisiones; los especuladores que no encontraron freno de ningún género y… los gobernantes. La eclosión de las hipotecas subprime en Estados Unidos se derivó en parte de las políticas de la autoridad federal, lo mismo que la burbuja inmobiliaria española es también consecuencia de las decisiones de cientos de ayuntamientos de financiarse a través de recalificaciones de suelo, embarcándonos, bajo la dirección y el amparo de los Gobiernos centrales y autónomos, en un modelo de crecimiento basado en el ladrillo y la consiguiente destrucción de nuestras costas. Muchas comunidades autónomas y las Cajas de Ahorro dependientes de ellas acompañaron, cuando no impulsaron de manera directa, esas políticas. La inflación de activos inmobiliarios es responsable del endeudamiento de nuestras familias, pero también de la escasez de recursos con la que ahora cuentan los municipios para honrar sus compromisos de pago y mantener prestaciones sociales que no tienen cómo financiar. La caída del mercado inmobiliario, todavía no tan estruendosa como sería preciso, afecta ahora a la financiación de las haciendas municipales y a las políticas de abundancia irresponsable que muchas de ellas practicaron.

La economía no existe al margen de la política, y es algo que los ciudadanos de los países democráticos recuerdan tozudamente a sus gobernantes a la hora de las elecciones. Por eso los votantes se han alejado del proyecto europeo: lo han hecho solo después de que el proyecto europeo se haya alejado de ellos. El cambio de modelo económico al que asistimos está caracterizado por las deficiencias de los Estados-nación a la hora de controlar y regular una economía globalizada. Europa hace oídos sordos a los reiterados avisos de que, tras su debilitamiento institucional, constatable a raíz de la ampliación a 27, su capacidad de hacer frente a los problemas de un mundo globalizado no hace sino disminuir. Los Gobiernos europeos procuran inútilmente conjurar la crisis global con soluciones nacionales, mientras el poder internacional se desvanece y licua. A este paso, la Comisión será un órgano eficiente a la hora de determinar el diámetro conveniente de los espárragos en lata, pero la ausencia de una política económica y fiscal, la irrelevancia de su política de defensa y de seguridad, la inexistencia de su política exterior y la sobreabundancia del reinado de los burócratas están acabando con el proyecto que un día alumbraron los fundadores de la Europa Unida.

Muchos Gobiernos decidieron inyectar considerables cantidades de dinero en el sistema para hacer frente a la crisis de forma coyuntural, con lo que ya se sabía que el aumento de los déficits públicos sería imparable. Lo peculiar de la situación es que a corto plazo son precisas medidas que resultan contradictorias con las necesarias reformas estructurales. Ya sabíamos que un prolongado aumento de los déficits públicos acabaría pasando factura a los gobernantes, como sucede ahora en España. En nuestro caso, lo peor es que dicho déficit no ha sido motivado por medidas que contribuyeran a generar empleo o a paliar las carencias del sistema financiero, sino a establecer medidas de protección social imposibles de financiar durante un tiempo prolongado. Ahora descubrimos que, pese a tener los mejores bancos del mundo, como presuntuosamente se propagó a los cuatro vientos, el sistema financiero español está enfermo de gravedad en lo que concierne a las Cajas de Ahorro y que una intervención de algún tipo, un plan de rescate o como quiera llamarse, es más que probable, y quizá inminente. La consecuencia inmediata es que durante 2011 continuará la presión sobre el déficit público y seguiremos padeciendo una sequía considerable en el crédito a las empresas y a los particulares. En semejantes circunstancias las esperanzas de una recuperación en el mercado de empleo son ilusorias. Alemania y otros países europeos han logrado salir de la recesión, pero nuestra economía apenas se va a beneficiar de ello. El presidente del Gobierno declaró el mes pasado que todavía nos quedan cinco años para salir del túnel. Es el primer análisis realista sobre la economía española que se ha permitido hacer a lo largo de esta legislatura.

La reforma de las normas financieras y su vigilancia deben llevarse a cabo internacionalmente y es preciso establecer qué organismos reguladores, con qué facultades e instrumentos coactivos, pueden encargarse de ella. Aunque la idea de un regulador financiero global sea por el momento poco realista, la solución a la crisis pasa por una mayor coordinación de las políticas de regulación y supervisión financiera capaz de traspasar las fronteras. Es imposible mantener una moneda unificada con un solo Banco Central Europeo y desperdigar la supervisión, la inspección y la regulación entre un par de docenas de bancos centrales.

Tras los desastres generados como consecuencia de dejar la economía únicamente en manos del laissez-faire y abandonar la política a la sinrazón de la fuerza, invadiendo países para imponer a sangre y fuego no sé qué tipo de democracia, hay que reordenar el sistema económico en un entorno que recupere los valores clásicos de esta. No es verdad que los mercados tiendan al equilibrio por sí mismos; solo lo harán si están debidamente regulados y si hay una autoridad competente, legítima y reconocida, capaz de hacer cumplir las normas. Y en un mercado global, esa autoridad tiene que ser global también. De hecho, el vacío existente lo están llenando en cierta forma los poderes fácticos emergentes, como el Gobierno chino, comprando deuda de países en dificultades e implementando una política que conduce sutilmente al antiguo Imperio del Centro a practicar un neoimperialismo de corte planetario. Mientras un proceso tan complejo y controvertido se produce, Europa no acaba de aplicarse a sus deberes: ni promueve la convergencia en sus políticas económica y fiscal, ni aborda los problemas energéticos que la acucian, ni prepara soluciones futuras para sectores industriales heridos de muerte en su territorio, mientras renacen en su seno el nacionalismo, el populismo y la xenofobia. Pero, por más esfuerzos que hagan los patrioteros de todas las raleas, el papel de los Estados-nación seguirá siendo importante solo si aceptamos que tiene que ser limitado por el creciente rol de las instituciones internacionales.

Las dos grandes depresiones económicas que la historia moderna ha conocido anunciaron cambios estructurales en las relaciones internacionales y en los modelos de crecimiento. Las nuevas tecnologías y la sociedad de la información están transformando ya desde hace más de una década los modelos económicos. Esta Gran Depresión de 2008 (que en realidad comenzó ya el 2007) marcará la emergencia de China como futura próxima primera economía mundial y el establecimiento en Asia, y en países hasta ahora considerados periféricos o tercermundistas, de muchos centros de poder (económico, político y científico) que antes se ubicaban en nuestra vieja Europa. No pocos de los fundamentos de la democracia, un invento típicamente europeo, se van a ver trastocados en la nueva situación.

For tea party, victories may trigger identity crisis

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Washington Post Staff Writers

 

Rep. Michele Bachmann‘s announcement Wednesday that she will seek a House leadership post broadcast loud and clear that she hopes to secure a prominent place for the emboldened tea party movement in Congress.

But the news also seemed to contradict the definition of the tea party: the outsider, anti-government phenomenon that shook up the Republican Party this year and helped to oust dozens of incumbents across the country. As the founder of the Tea Party Caucus in the House and a favorite of the conservative movement, Bachmann, a two-term Republican from Minnesota, has embraced that outsider image.

As a result, her bid to be the next GOP conference leader – the No. 4 leadership spot – highlights the question of how incoming House members and senators who prevailed Tuesday under the tea party banner will make the transition from outside the Republican Party to inside, from criticizing policy to making it, and from opposing the government to being part of it.

The movement claimed three big wins in the Senate – Rand Paul of Kentucky, Marco Rubio of Florida and Pat Toomey in Pennsylvania – and as many as 60 of the 83 new Republicans, who will enter the House in January. They all have vowed to topple the existing order in Washington to one degree or another, by cutting taxes, repealing the health-care overhaul and shrinking the government.

And in January, they will take their places among the thousands of other government employees in Washington. Not only must this new class of legislators reconcile their new role with their rhetoric, but they must also figure out how to put that rhetoric into action in an institution and a political party that have been the objects of their disdain.

Tea party leaders such as Bachmann could exacerbate that strain by setting up a possible clash between the movement and top GOP leaders in the House. Her bid for conference leader came after House Minority Whip Eric Cantor of Virginia (the likely next majority leader) had endorsed Rep. Jeb Hensarling (R-Tex.) for the job. Hensarling has one of the most conservative voting records in Congress, but he does not have the close association to the tea party that Bachmann does.

Even in the unlikely scenario that Bachmann wins the post – she does not have seniority or a large following among her colleagues – the cajoling and bartering that comes with any party leadership job would seem anathema to the purist, no-compromises ethic of the tea party.

Instead, the tea partiers-elect have continued to talk about what they won’t tolerate. Since his victory, Paul has repeated his opposition to tax increases, federal spending and thousand-page bills.

Rubio campaigned on the always reliable concept that “Washington is broken,” but he hasn’t spelled out in much detail what he intends to do now that he will be in a position to help fix it.

Rep.-elect Tim Scott of coastal South Carolina said he doesn’t think a fight with Republican leaders will be necessary, because he thinks they, too, will be ready to adhere to the limited-government principles of the tea party.

Just-elected Renee Ellmers of North Carolina said she and other tea party members will serve as watchdogs to ensure that the party’s policies adhere to the movement’s priorities.

But while the newcomers will be keeping an eye on the establishment, the tea partiers who elected them will be keeping an eye on them.

A handful of national groups, including FreedomWorks and the Tea Party Patriots, plan to pay close attention to the way the new Congress, and its newest members, vote. Those who don’t follow the principles of limited government and low taxes risk primary challenges in subsequent elections, organizers said.

In the Senate, the tea party’s influence is likely to be more muted. Although all six Republican newcomers there received some measure of backing from tea party groups, two of the movement’s prominent stars – Sharron Angle in Nevada and Christine O’Donnell of Delaware – did not win Tuesday. A third, Joe Miller of Alaska, appeared headed to defeat against write-in candidate and GOP incumbent Lisa Murkowski.

The tension between outsider and insider was evident at Paul’s victory party in Bowling Green. Viewing the scene from the stage at the front of the room, it could have been any GOP gig, in any election year: a dark-suited pol telling dark-suited supporters that he would return to Washington to address “the serious issues that face America.”

In the back of the room, sipping drinks and keeping mostly to themselves, were some of the tea party activists who’d done a lot of the work to elect the new senator. A couple of them wore the “Don’t Tread on Me” T-shirts that are de rigueur at tea party rallies. One arrived in a shirt emblazoned with an American flag. They strained to hear one another above the loud music. They did not fit in. Which was precisely the point.

gardnera@washpost.com fahrenthold@washpost.com

Victories give force to tea party movement

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Washington Post Staff Writers
Wednesday, November 3, 2010; 2:15 AM

Americans cast their ballots Tuesday in House, Senate and statewide races.

 

The tea party celebrated decisive victories on Tuesday night, proving that it has matured from a protest movement into a powerful force for political change.

On Tuesday evening, the movement claimed its first wins in the Senate, as Republican Rand Paul defeated Attorney General Jack Conway (D) in Kentucky and the GOP‘s Marco Rubio claimed Florida. Later in the night, tea-party backed Pat Toomey defeated Rep. Joe Sestak in Pennsylvania.

Sen. Jim Demint (R-SC), who has been a leader of the tea party movement, endorsing candidates and raising money for their campaigns, called the wins part of an “awakening going on in our country.”

The victories, while significant, were offset by some big losses: Senate Majority Leader Harry Reid held onto his seat after a tough Nevada race against Republican Sharron Angle. Democrat Chris Coons grabbed a double-digit win over tea party favorite Christine O’Donnell in Delaware. And in West Virginia, Democrat Joe Manchin beat back a strong challenge from Republican John Raese.

Still tea party candidates and supporters found much to celebrate, calling their wins a mandate for change in Washington.

“We’ve come to take our government back,” Paul said during his victory speech. “The American people are not happy with what’s going on in Washington. Tonight there is a tea party tidal wave, and we’re sending a message to them. It’s a message that I will carry with me on day one. It’s a message of fiscal sanity, a message of limited government and balanced budgets.”

Paul, a tea party activist and son of Rep. Ron Paul (R-Tex.), a former presidential candidate, won a tough Republican primary where he challenged a candidate backed by his party’s top leaders. He excited tea party supporters this summer at his campaign stops, which were feisty affairs heavy on a populist call to arms against what he describes as Washington’s unsustainable spending, crippling debt, career politicians, a “socialist” health-care law and a failure to close the nation’s borders to illegal immigrants.

Rubio, who emerged early on as a marquee tea party-backed candidate, beat incumbent Florida Gov. Charlie Crist, who ran as an independent, and Rep. Kendrick Meek (D). In his acceptance speech, the newly elected senator warned that wins by tea party-backed candidates should not be taken as a sign of support for Republicans.

“The stories are being written about what this election is about,” Rubio said. “We know that a growing number of Republicans will be elected to the Senate. We make a great mistake if we believe that these results are somehow an embrace of the Republican Party. What they are is a second chance.”

In Delaware, O’Donnell blew Republican chances to pick up Vice President Biden‘s former Senate seat. After being endorsed by former Alaska governor Sarah Palin, O’Donnell caught the media spotlight and picked up a surprise primary win over moderate U.S. Rep. Michael N. Castle in that state’s GOP primary. Despite her loss, O’Donnell said the Republican party will never be the same. “And that’s a good thing,” she said. “Our voices were heard. This is just the beginning.”

The tea party effort, which has captured attention with its dramatic, sometimes angry displays of conservative, anti-government fervor, proved its ability to sway Republican primaries in other stunning upsets this year, in Utah, Nevada and Alaska.

Still, uncertainties remain. First is the finding, in a Washington Post canvass conducted last month, that local tea party groups are less organized and politically active than previously thought. Much of the grass-roots organization that swayed primaries was coordinated and financed by large national groups led by Republican insiders, including FreedomWorks, the Tea Party Express and Americans for Prosperity.

Second is the question of how, and whether, such a disconnected army can make a real difference in governing. Polls show that more Americans than not are turned off by the tea party, with many viewing the movement as extreme.

The tea party movement fared better among voters who came out on Tuesday, according to exit polls. Nationally, 40 percent of those who voted Tuesday said they support the tea party, and 23 percent of voters said their vote for the U.S. House was an indication of their support for the tea party movement. Eighteen percent said their Congressional vote was a vote against the tea party. The majority of voters said the tea party was not a factor in their Congressional vote.

U.S. Rep. Chris Van Hollen (D-Md.), chairman of the Democratic Congressional Campaign Committee, said that most voters have “grave reservations” about tea party candidates, some of whom were recruited by Palin, one of the movement’s most visible figures.

“That’s causing great concern to voters from moderate swing districts, because those voters aren’t looking for right wing ideologues. They’re looking for centrist problem-solvers,” Van Hollen said.

Across the country on Tuesday, tea party organizers, in addition to well-funded, national conservative leaders, took a different view. They celebrated their wins and claimed the tea party deserved credit for the increase in the number of conservatives elected to Congress.

Jason Hoyt, the director of the Central Florida Tea Party Council Orlando, said Rubio will be a great senator.

“The tea party movement around the state did a good job by getting behind him, by supporting him early and sending a message to Charlie Crist that we didn’t want his moderate middle-of-the-road wishy-washy politics,” Hoyt said.

Hoyt and his compatriots were figuring out what to do with the big “Mission Accomplished” banner they had made to celebrate former Senate Majority Leader Daniel Webster’s defeat of Rep. Alan Grayson (D). “I guess we were pretty confident,” he said sheepishly.

At Rand Paul’s victory party in the new senator’s adopted home town of Bowling Green, Ky., Fred Barkey, 67, a retired executive, said he thought Paul’s tea party stature would empower Paul to lead efforts to slash welfare and social security spending.

“He’s going to have a lot of influence on the rest of the Republican party, because he’s a national figure,” Barkey said.

Landon Thompson, 58, who was also at Paul’s party, said he and his wife, Barbara, had gone to Washington to protest the health-care overhaul bill and hoped it now would be repealed. Paul’s victory indicated something new, he said.

“For one, I’ll settle in my mind that the Constitution will be looked at seriously… and respected,” Thompson said.

n a haze of cigarette smoke at the Doylestown Moose Lodge in eastern Pennsylvania on Tuesday night, a few tea party supporters and Republicans formed a conga line and belted out the lines of an old Twisted Sister hit. As election returns showed projected wins by Paul and other tea party-supported candidates, the celebrants sang out their opposition to the policies of Democrats and the Obama administration: “We’re not gonna take it anymore!”

The Kitchen Table Patriots, which threw the party, celebrated victories of Republicans Pat Toomey for Senate and Mike Fitzpatrick for the 8th District House seat.

Kathy Posnett, a retired secretary, logged more than 5,500 calls on a phone bank to help make it happen.

“I kept thinking of my daughter,” Posnett said. “I didn’t want her to pay off the stimulus. This is just so awesome. Murphy voted with Pelosi 70 percent of the time. It made me ill. Now he got his.”

 

gardnera@washpost.com thompsonk@washpost.com

Staff writers Darryl Fears in Pennsylvania, David Farenthold in Kentucky, Annie Gowen in Florida, and assistant polling analyst Kyle Dropp contributed to this report.

Los ‘ultras’ difunden su mensaje xenófobo pueblo a pueblo

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La caravana Tea Party Express atraviesa EE UU para anunciar la revolución conservadora.

De gira

En este inmenso país, forjado por extranjeros, existe gente que considera que los inmigrantes sin papeles viven mejor que los ciudadanos estadounidenses. “Son ellos [los inmigrantes] los que están protegidos, los que chupan del sistema, a los que se les permite todo y a quienes no se hace preguntas”. La discutible opinión proviene de Peggy Chapman, una mujer de más de 60 años que recibe ayuda del plan gubernamental conocido como Medicare. Cuando se le hace notar el sinsentido de su razonamiento se pone a la defensiva: “La prensa siempre tuerce tus palabras”. “Además, lo que a mí me paga el Estado es nada comparado con lo que se gasta en esos ilegales”.

Pasó el tornado por el vecino Tennessee, pasó la lluvia y salió el sol en Kentucky. No es que las inclemencias meteorológicas hubieran mermado el entusiasmo y la convicción de los seguidores de la caravana de cuatro autobuses del Tea Party Express, que empezó en Reno (Nevada) el 18 de octubre y concluirá en Concord (New Hampshire) el 1 de noviembre, un día antes de los comicios. Más bien al contrario. Este grupo parece crecerse ante las dificultades. Se han puesto una meta y la van a cumplir, diluvie como diluvió en Nashville (Tennessee) el martes o se cuezan al sol como hoy en Paducah (Kentucky).

Las elecciones de mitad de mandato del 2 de noviembre podrían llevar hasta nueve senadores y 20 legisladores afines al Tea Party al Congreso de Estados Unidos. “El objetivo merece la pena el esfuerzo”, confirma un anciano que confiesa haber pasado una mala noche en un motel a las afueras de Paducah. “Poco importa dormir mal si logro que se nos devuelva el honor perdido y recuperamos nuestro país”, musita el hombre. “¡Ah!”, añade el grandullón anciano, “escriba que vamos a acabar con la Administración más corrupta que ha existido en este país”.

Esta es una de las fotografías del Tea Party Express. Sus seguidores han adoptado su nombre del motín del té de 1773 contra la metrópoli inglesa -los colonos lanzaron al mar todo un cargamento de té-. Niegan ser racistas, violentos o agitadores del miedo en el que se ha sumido una sociedad golpeada por la peor crisis económica desde los años veinte. Se sienten orgullosos de ser un movimiento “fresco” y “ciudadano”, que carece de líderes concretos. El 14% dice querer como aglutinadora del movimiento a la ex senadora y candidata a vicepresidenta de EE UU Sarah Palin; el 7% al demagógico presentador televisivo de extrema derecha Glenn Beck; el 6% al senador de Carolina del Sur, Jim DeMint…. Aseguran que el movimiento se basa en la individualidad y la Constitución de Estados Unidos, libro que agitan a la menor oportunidad, en casi igual medida que defienden sus posiciones con otro texto: la Biblia.

“Si el Gobierno puede prohibirme que fume en un bar, ¿qué hay de malo en que el dueño de ese mismo sitio no quiera servir a afroamericanos?”, pregunta Jeff Fincher, 48 años, frondosos bigotes y voz de pocos amigos.

Esto es Kentucky. La capital no oficial del movimiento del Tea Party y hogar de Rand Paul, hijo del libertario Ron Paul, que intentó la nominación republicana a la Casa Blanca en 2008. Rand Paul, aspirante a senador en Washington, abrió una caja de los truenos que se creía cerrada para siempre en este país cuando al inicio de su campaña cuestionó el Acta de Derechos Civiles de 1964, legislación que acabó con la segregación racial en EE UU.

Paul aventaja en las encuestas al demócrata Jack Conway por cinco puntos. Con bastante probabilidad, Paul tendrá una palestra privilegiada a partir de enero, cuando se forme el nuevo Congreso de EE UU, aunque ya hay quien asegura que Paul está bajo control y que rebajará el tono ultra de su mensaje para ajustarse al más convencional Partido Republicano.

“Vamos a recuperar América”, vocifera Paul, bajito y blanco, tan blanco que parece que esté asustado. “El próximo martes, una ola de patriotismo va a barrer Washington”, arenga a los asistentes al mitin. “¡Eso es!”; “¡a por ellos!”; “¡queremos nuestro país de vuelta!”; “¡recuperemos América!”.

Dicen que están armados con sus votos. Pero por si acaso, alguno porta armas, derecho que consideran irrenunciable. Toni Martin, 35 años, lleva una camiseta en la que se lee: “Llevo un arma porque cargar con un policía es muy pesado”. “Mi seguridad me la garantizo yo, no el Gobierno”. ¿Por qué va armado? “Hoy puedo no necesitar mi pistola pero quiero estar preparado por lo que pueda pasar, quiero que me devuelvan mi país o de otra manera…”, finaliza Martin, mientras se lleva insinuante la mano a la cintura, donde asoma una culata.

El Tea Party recorre América luchando contra Obama

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Muestra del merchandising que acompaña a la caravana del Tea Party.- Y. MONGE

Si es miércoles 27, esto es Paducah (Kentucky). Pero el Tea Party Express empezó hace diez días en Reno (Nevada). Ayer tocó Nashville (Tennessee). La audiencia es tan homogénea como las inmensas y frías hamburguesas de queso que se han ofrecido a lo largo del camino en 15 diferentes ciudades y los idénticos aparcamientos donde se han producido los mítines. Quedan otras 12 localidades repartidas entre igual número de Estados hasta culminar la gira el 1 de noviembre -un día antes de las elecciones de mitad de mandato- en Concord (New Hampshire).

Los señores Clemons de Yuma (Arizona); los Myers de El Paso (Tejas); los Haythorn de Nashville. Todos y cada uno de ellos tiene la misma reclamación: Que se les devuelva su país . Todos parecen también tener otro denominador común: están enfadados, muy enfadados. “No soporto más ver cómo un Gobierno socialista me dice lo que tengo que gastar y dónde lo tengo que gastar”, explica Nanna Walsh. La edad también los define. La gran mayoría de los devotos del no Gobierno y cero gasto fiscal sobrepasan la cincuentena. “No he llegado a viejo para que la reforma sanitaria de Obama acabe conmigo”, declara Tom -“sólo Tom”- en referencia a los llamados ‘paneles de la muerte’ que los seguidores del Tea Party creen que se establecerán con la nueva legislación.

Con el nombre tomado del motín del Té en Boston contra la metrópoli británica que supuso los albores de la revolución americana, el Tea Party Express es una de las muchas expresiones que conforman el denominado Tea Party. Carecen de líder concreto porque se vanaglorian de ser un movimiento de “ciudadanos normales” -“patriotas de los de verdad, americanos de toda la vida (¿?)”, dice John Miller-, con ganas de cambiar la faz del corrupto Washington y echar del poder “a tanto político arribista”.

“Queremos que nos devuelvan nuestro país” , insiste una casi anciana agitando enfervorecida un ejemplar de la Constitución americana, la biblia del Tea Party. Poco le importa a esta mujer, que se ha ‘acercado’ desde Alabama para sumar su voz y su presencia a la escasa multitud, que diluvie y que esté calada hasta sus frágiles huesos.

Como tampoco fue un impedimento para la caravana patriótica que en Nashville hubiera ayer un aviso de tornado que ya había azotado parte del medioeste y se dirigía peligrosamente a Tennessee.

Desafiando la lluvia, los asistentes pusieron su mano sobre el pecho y tararearon -que no cantaron, es difícil- el himno americano -“sé que llueve, pero les pido que se descubran la cabeza, que se quiten las gorras”, dice la mujer que dio voz a las ‘barras y estrellas’.

Ignorando el vendaval hace su aparición en escena sobre el improvisado escenario que ha prestado para la ocasión el restaurante Scoreboard, Lloyd Marcus. “Yo no soy africanoamericano”, explica este cantante que se define a sí mismo como un ‘negro conservador”. “Yo soy América”.

“Dicen que el Tea Party es racista, pero es otro sucio truco de los ‘liberales’ para enfrentarnos”, explica Marcus a esta corresponsal. Puede. El caso es que además de Marcus y su esposa, sólo hay otro negro en todo el recinto.

El agua sigue cayendo y la caravana recoge sus banderas. No antes de tiempo, las inclemencias climáticas no les hacen mella. Próxima parada: Paducah (Kentucky).

Obama: si latinos no votan se dificultará reforma migratoria

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WASHINGTON – Si los hispanos no acuden a votar el 2 de noviembre será más difícil lograr posteriormente la reforma migratoria porque triunfarán más candidatos con posiciones duras ante la inmigración ilegal, dijo el presidente Barack Obama durante un popular programa radial en español.

“Si la comunidad latina decide no participar en esta elección, entonces habrá menos votos y será menos probable lograr esto (la reforma migratoria integral) y el otro lado, (los candidatos del partido republicano) que está peleando en contra de esto, no va apoyar” la reforma migratoria, dijo el mandatario durante el programa “Piolín por la Mañana”, moderado desde Los Angeles por Eddie “Piolín” Sotelo.

“Los derechos civiles no fueron logrados después de sólo un año, no fueron logrados después de dos años. El cambio no es fácil. No ocurre de un día para otro”, dijo el mandatario durante la entrevista grabada la tarde del viernes y transmitida la mañana del lunes. “Ahora, para nosotros decir que como no ocurrió de inmediato, entonces nos vamos a rendir y no vamos a participar en el sistema, eso no tiene sentido. Entonces, en lugar de rendirnos, tenemos que seguir trabajando hasta lograr estos objetivos”.

Obama concedió la entrevista en un intento de conservar el apoyo de los votantes hispanos, escasos días después de que un grupo republicano emitiera en Nevada una campaña invitando a los latinos a abstenerse de votar como respuesta a la inexistencia de una reforma migratoria. Las elecciones de medio término definirán si los demócratas conservan la mayoría de ambas cámaras en el Congreso.

“No hay ningún lugar en todo el país en donde el voto latino no cuenta. Y aún si los latinos van a apoyar a los republicanos, les deberían decir a esos candidatos: el precio de nuestro apoyo es que ustedes digan públicamente que apoyan la reforma migratoria integral. Si no declaran esto públicamente, tiene uno que votar en contra de ellos”, agregó el mandatario según una transcripción suministrada por Univision Radio.

Los hispanos representaron el 9% de todos los votantes en la elección presidencial del 2008, similar a su participación del 2006 y 2006, y suman un porcentaje aún mayor en varios estados donde se disputan campañas electorales muy reñidas, como California y Nevada.

Las rutas de la masacre de indocumentados en México pertenecen a “Los Zetas”

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Al amago de pandillas reclutadas y suficientemente armadas a lo largo de por lo menos siete estados del país, Los Zetas permiten a las organizaciones de traficantes de humanos el traslado y ocultamiento de grupos de extranjeros sin documentos o su estancia legal en ese país.

El cártel de Los Zetas controla las rutas y las bandas del tráfico de indocumentados en el sureste de México y la frontera de Tamaulipas con Estados Unidos desde al menos hace 10 años, cuando Osiel Cárdenas Guillén, en ese entonces jefe del cártel del Golfo y quien reclutó entre militares a Los Zetas, decidió ampliar sus actividades del narcotráfico hacia el cobro de piso a los grupos de contrabandistas de humanos y mercancías, de acuerdo con los informes de la Procuraduría General de la República (PGR).

Al amago de pandillas reclutadas y suficientemente armadas a lo largo de por lo menos siete estados del país, Los Zetas permiten a las organizaciones de traficantes de humanos el traslado y ocultamiento de grupos de extranjeros sin documentos o su estancia legal en el país, quienes pagan sumas de entre 3 y 5 mil dólares en su intento por llegar a Estados Unidos. Sin embargo, al final los indocumentados son extorsionados o asesinados, como en el caso de los 72 migrantes masacrados en San Fernando, Tamaulipas.

Su dominio sobre esta actividad se extiende desde Quintana Roo, Yucatán, Tabasco, Chiapas y Oaxaca, y sube por Veracruz hasta llegar a la zona fronteriza de Tamaulipas con Estados Unidos, la misma ruta que siguen los cargamentos de droga. A lo largo de estas entidades cuentan con la complicidad —según documentos oficiales— de agentes de Migración y de la Policía Federal, lo mismo que de autoridades municipales y estatales.

En esas entidades, los grupos delictivos disponen de diversos ranchos o casas de seguridad, así como de autobuses, tráileres o camionetas para cruzar las carreteras repletas de indocumentados procedentes de Cuba, Centroamérica, Sudamérica, o bien de Asia o Medio Oriente, de acuerdo con expedientes de investigaciones realizadas por la PGR y a las que tuvo acceso EL UNIVERSAL.

El cártel de Los Zetas ha recurrido a los asesinatos, extorsiones o a las amenazas para mantener su poderío frente a las bandas de traficantes de humanos o “polleros”, como se les conoce en el argot criminal a quienes trasladan a la frontera norte a los indocumentados por sumas incluso superiores a los 5 mil dólares.

Los “rescates” de migrantes

El cúmulo de ganancias que significa para el grupo delictivo esta actividad les ha llevado a “rescatar” de manos de las autoridades a grupos enteros de ciudadanos extranjeros detenidos por introducirse ilegalmente al país, como se documentó en 2008 en Quintana Roo, según las investigaciones contenidas en las averiguaciones previas

Según esos expedientes, el 11 de junio de 2008 un total de 37 indocumentados —33 cubanos, tres guatemaltecos y una salvadoreña— fueron “rescatados” por un grupo de Los Zetas, quienes disfrazados de agentes federales interceptaron el camión donde eran trasladados los ilegales por oficiales de Migración de Chetumal, Quintana Roo, a Tapachula, Chiapas, de donde serían repatriados a sus países.

El transporte de los indocumentados fue hecho sin el apoyo de la Policía Federal y los oficiales de Migración fueron sometidos, incluso los adiestraron para dar una versión que confundiera a las autoridades sobre la forma en que fueron liberados los extranjeros y quienes finalmente llegaron a Estados Unidos. Los 33 cubanos posteriormente, ya en el país del norte, darían los pormenores sobre ese rescate hecho por Los Zetas. El hecho llevó a la prisión a oficiales migratorios.

Los Zetas tienen una cuota por cada uno de los indocumentados que pretenden pasar los “polleros” a la frontera norte. Su vigilancia y control de los lugares por donde se entra a México y a Estados Unidos a los grupos de gente sin estancia legal en el país les permite conocer quién o quiénes introdujeron ilegales, cómo lo hicieron, cuándo y por cuántos indocumentados deberá pagar la respectiva cuota el “pollero”.

Esta práctica quedó en evidencia en la averiguación previa PGR/UEDO/238/2003, donde miembros de esa organización que fueron detenidos y posteriormente reclutados como testigos protegidos dieron a conocer que desde el año 2000 Osiel Cárdenas Guillén, El Mata Amigos, llamó a Tamaulipas “su plaza” y tenía derecho a cobrar cuotas a prostitutas, fayuqueros, “polleros” y todo aquel que decidiera realizar alguna actividad ilícita.

Según los testigos protegidos Rafael y Yeraldín, desde el año 2000 —cuando irrumpieron Los Zetas— Cárdenas Guillén ordenó vigilar a quienes desarrollaban actividades criminales para que le pagaran cuotas para seguir “trabajando”. El testimonio de Angélica Lagunas Jaramillo reveló que el capo del cártel del Golfo llegó el 16 de agosto de 2001 a su negocio, que poseía en Matamoros, donde vendían perfumes y vinos de contrabando, y sin más le advirtió que si no pagaba cuota igual que otros ordenaría su muerte.

Religiosos enfrentan dilema moral de ayudar a indocumentados

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Por SHAJIA AHMAD

The Associated Press

GARDEN CITY, Kansas, EE.UU. — La monja católica Janice Thome suele tener que asistir a muchos indocumentados en esta comunidad del centro de Estados Unidos. Es gente que trabaja duro por poco dinero, tiene dificultades para encontrar viviendas adecuadas y enfrenta los desafíos emocionales y físicos de la vida del inmigrante.

“Sólo aquellos que están desesperados por alimentar a sus familias cruzan la frontera”, dice Thome. “Aquí enfrentan los mismos problemas (que otras familias), pero los de ellos se hacen mucho peores. Y si consiguen trabajo, siempre tienen miedo de que alguien se entere”.

La monja, que trabaja en la región hace décadas con una organización de hermanas dominicanas, se basa en las enseñanzas católicas para opinar que todas las personas tienen derecho a vivir donde ellas elijan si en su propia patria no pueden tener una vida decente.

Thome asegura que todos los países tienen el control de sus propias leyes y la responsabilidad de compartir sus riquezas.

“Es un acto de equilibrismo (entre las dos posiciones), pero si pensamos que está bien que tengamos un garaje para tres autos mientras otra familia pasa hambre, eso es ser egoístas”, dice.

La nueva ley de inmigración de Arizona generó un intenso debate, en el que se recurre a menudo a argumentos morales.

Algunos líderes religiosos locales como Thome aceptan abordar este tema tan polémico en sitios como el condado de Finney, donde está Garden City y que es un lugar con una alta diversidad étnica: 23% de sus residentes son nacidos en el extranjero, mientras que en el resto del estado el porcentaje es de sólo 5%, según cifras del censo.

La ley de Arizona autoriza a las autoridades locales verificar el status migratorio de toda persona que se sospecha pueda encontrarse en el país ilegalmente y ha generado enfrentamientos entre quienes dicen que es necesaria para combatir a los indocumentados porque el gobierno nacional no hace lo suficiente y quienes la consideran una violación a los derechos civiles y promueve la discriminación de los hispanos.

La ley, que debe entrar en vigor el 29 de julio, enfrenta varios desafíos legales de agrupaciones públicas y privadas, incluido el gobierno federal.

El propio presidente Barack Obama, cuyo gobierno presentó una demanda contra la ley de Arizona, dijo en un discurso en julio en Washington que “reparar el fallido sistema de inmigración no es sólo un tema político, no es sólo un tema económico, sino también una obligación moral”.

Para Thome, la responsabilidad de asistir a los forasteros viene de los tiempos del Viejo Testamento, en que Dios ordenó a los israelíes dar la bienvenida a los extranjeros, fueran “extraños”, “ajenos” o “pobres”.

“Cada una de las personas indocumentadas que conozco quiere ser legal y tener acceso a documentos. Quieren aprender inglés”, dice. “Saben que necesitan hacerlo si quieren ser parte del tejido social de este país”.

El sacerdote ortodoxo Philip Vreeland, de la iglesia de los Tres Jerarcas en Garden City, dice que su iglesia no tiene una posición oficial sobre el tema, pero enseña a obedecer a las autoridades. Al mismo tiempo, agrega, la iglesia tiene la responsabilidad de buscar justicia cuando las leyes son injustas.

“Si un extraño viene a nosotros en busca de ayuda, nos enseña que cuidemos a esa persona”, dice Vreeland. “No sé si hay o no (leyes injustas), pero si es así deben ser resueltas o cambiadas, si son de naturaleza discriminatoria. Después de todo, todos llegamos aquí de una manera u otra”.

En cambio, el pastor Blake Harris, de la iglesia protestante Palabra de Vida, dice que no se opondría a que Kansas adoptara una ley como la de Arizona. Para él, no es correcto darle a los indocumentados la posibilidad de legalizar su situación.

“Nunca denunciaría a un extranjero ilegal si viniera a pedirme ayuda, lo ayudaría lo más posible”, dice. “Pero si es un criminal violento, expúlsenlo, no nos ayuda para nada”.

Harris explica que San Pablo enseñaba a los primeros cristianos a obedecer las leyes, aún aquellas en su contra.

“Sigue siendo un tema moral. Las personas debe obedecer las leyes vigentes y, si son ilegales, deberían ser deportadas”, afirma. “Es lo mismo que si tuviéramos a un asesino en nuestra comunidad, esa persona sigue siendo un criminal”.

En el 2008 había 11,9 millones de indocumentados en Estados Unidos y 76% eran hispanos, según el Centro Hispano Pew.

El Pew estimó asimismo que casi medio millón de indocumentados vivían en Arizona en el 2008, casi todos mexicanos.

Con información del diario The Garden City Telegram: http://www.gctelegram.com

Los niños marchan contra las deportaciones

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Lucía de la Cruz, guatemalteca cuyo esposo fue deportado hace un año, viaja con sus  cuatro hijos, todos nacidos en Miami: Elena, de 10 años; Angélica, de 7; Andrés, de 6; y  Martina, de 3.
Lucía de la Cruz, guatemalteca cuyo esposo fue deportado hace un año, viaja con sus cuatro hijos, todos nacidos en Miami: Elena, de 10 años; Angélica, de 7; Andrés, de 6; y Martina, de 3.

PEDRO PORTAL/ ENH

Por ALFONSO CHARDY

achardy@elnuevoherald.com

En medio de aplausos y consignas, 25 niños nacidos en Estados Unidos y sus padres indocumentados abordaron un autobús en Sweetwater el martes por la mañana para participar el miércoles frente a la Casa Blanca en la “marcha de los niños” contra de las deportaciones.

Las 46 personas a bordo del autobús se congregarán junto a grupos de otras regiones del país en el Parque Lafayette, lugar tradicional para manifestaciones en Washington, D.C.

La protesta ha atraído amplia atención nacional. Los organizadores buscan dramatizar el impacto de las deportaciones sobre las familias, particularmente en las que hay niños nacidos en Estados Unidos de padres indocumentados.

Muchos de los niños a bordo del autobús expresaron temores sobre el destino de uno de sus padres, o ambos. En algunos casos, ya uno de los padres ha sido deportado.

Lucía de la Cruz, guatemalteca cuyo esposo fue deportado hace un año, viaja con sus cuatro hijos, todos nacidos en Miami: Elena, de 10 años; Angélica, de 7; Andrés, de 6; y Martina, de 3.

“Vamos porque el padre de los niños fue deportado”, dijo De la Cruz a El Nuevo Herald mientras el autobús viajaba en dirección norte por la carretera Interestatal 95. ‘‘Había estado trabajando en la construcción por 11 años y le daba a los niños alimentos, calzado y ropa, pero luego migración se lo llevó”.

Agentes de la Policía de Inmigración y Aduanas (ICE) apresaron a Marco, esposo de De la Cruz, luego de que la policía lo detuviera por una infracción de tránsito.

De la Cruz dijo que ahora amigos y familiares le ayudan a mantener a sus hijos porque está desempleada.

Elena, su hija de 10 años, dijo que le gustaría que la recibiera el presidente Barack Obama para poder darle un mensaje.

“Le suplicaría que detenga las deportaciones porque están destruyendo a las familias, separando a las familias y extraño mucho a mi papá”, afirmó Elena.

Otra viajera, Carla Méndez, ciudadana estadounidense de origen peruano, iba con su hijo de 1 año, Joan Osores, y su hermana Kimberly Méndez, ambos nacidos en Estados Unidos. Joan era el más joven de los 25 menores en el autobús. El mayor tenía 16.

“Todos vamos a Washington para apoyar la lucha por la reforma migratoria”, indicó Méndez. “Francamente, es muy triste ver como los padres se los quitan a los niños”.

Nadie de la familia inmediata de Méndez ha sido detenido o deportado. Sin embargo, dijo que estaba preocupada porque su madre y su esposo son indocumentados. Méndez ha hecho los pedidos de legalización de ambos ante las autoridades inmigratorias. Pero teme que sean detenidos antes de que termine el proceso.

Según un informe del 2006 del Centro Hispano Pew, en Washington, de las 6.6 millones de familias consideradas ilegales en Estados Unidos, un gran número tiene hijos o cónyuges “mixtos”, o sea uno legal y otro ilegal.

El mismo informe indicó que unos 3.1 millones de niños nacidos en Estados Unidos tienen al menos un padre indocumentado.

El autobús amarillo salió de la oficina de la Fraternidad Americana, 10364 de West Flagler St., a las 11 a.m. El chofer declaró que llegaría a Washington en unas 15 horas.

Pero uno de los organizadores del viaje dijo que duraría entre 18 y 19 horas.

Cuando el autobús subió de la calle Flagler a la autopista Palmetto, los niños coreaban consignas como “¡Reforma migratoria ahora!” y “¡Sí se puede!”

Pero al tomar la autopista I-95 al norte de Miami-Dade, gradualmente hubo silencio, mientras los menores comían galletas o sandwiches y veían una película en pantallas de televisión en el techo.

Al tiempo en que el autobús viajaba entre Broward y el Condado de Palm Beach varios estaban ya dormidos.

Arizona: entre el miedo y el éxodo

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  • Miles de inmigrantes esperan con temor y las maletas hechas la aplicación de la ley de inmigración

MANUEL M. CASCANTE / ENVIADO ESPECIAL A PHOENIX
Algunos ya han puesto tierra de por medio. Las agencias de alquiler de viviendas y los colegios dan fe de ello. Pero la mayoría de los inmigrantes irregulares mexicanos que viven en Arizona, casi medio millón, «ponen en orden sus cosas y esperan», dice el cónsul general de México en Phoenix, Víctor Manuel Treviño. Los «ilegales» que ya han abandonado Arizona se han movido, como es lógico suponer, a otros estados de la Unión. Son los menos quienes han regresado a México.
El 29 de julio es la fecha marcada en rojo en el calendario: ese día, salvo que una juez federal lo impida, entra en vigor la ley SB-1070, que permite a las policía locales detener a cualquier persona sospechosa de estar irregularmente en el país, lo cual supondría un delito penal. «El origen de esta ley es evidentemente político, en pleno año electoral —dice Triviño—. Pero nuestra obligación es defender la dignidad y los derechos civiles de nuestro compatriotas ante una ley que, basándose en las características raciales de las personas, afectará a inmigrantes legales e ilegales y a norteamericanos de pleno derecho».
Por lo pronto, los cinco consulados de México en Arizona recomiendan a sus nacionales que respeten todas las leyes y reglamentos, eviten conflictos en la vía pública y en sus domicilios, porten siempre consigo su documentación y hagan valer sus derechos ante una posible detención. A tal fin han puesto en funcionamiento un teléfono gratuito de ayuda permanente.
Arizona vivió en la última década un importante desarrollo económico e industrial, que atrajo mucha mano de obra extranjera. El mayor control fronterizo desde el 11-S también facilitó la inmigración ilegal por esta parte de la linde entre México y EE.UU., puro desierto difícil de vigilar. Pero la crisis financiera de 2008 golpeó muy fuerte «y, a la hora de buscar culpables, se eligió la parte más débil, el inmigrante; y, además, criminalizándolo al vincularlo injustamente con el crimen organizado y el narcotráfico», señala el diplomático.
¿Pérdidas o ahorro?
Quienes permanecen en Arizona lo hacen con temor. Aunque la SB-1070 aún no ha sido puesta en práctica, saben que tanto la Policía como los agentes del sheriff del condado de Maricopa, el «duro» y célebre Joe Arpaio, están a la que salta. La impronta de la legislación aprobada por la gobernadora Jan Brewer el pasado mes de abril también se ha hecho notar en la demanda de ayudas sociales e incluso en las denuncias ciudadanías por parte de la población hispana.
Los defensores de la ley alegan que este éxodo le ahorrará dinero al estado (cuyas cuentas están en número rojos), porque los contribuyentes no tendrán que pagar los costos de educación y salud de los «sin papeles» (a los que ya se pretendió denegar este derecho por ley). Sin embargo, las fuentes consulares replican que la mayoría de indocumentados pagan impuestos, tanto directos como indirectos, y muchos no hacen uso de sus derechos sociales por temor o por desconocimiento. Los «latinos» participan en el 16 por ciento de las transacciones comerciales en el Estado, lo que representa unas ventas de 31.000 millones de dólares, según la Cámara de Comercio Hispana.
El republicano John Kavanah, promotor en la Cámara de Representantes estatal de la ley, asegura que la huida de inmigrantes saneará las cuentas del Gobierno. Kavanah cita un estudio de la Federación para la Reforma de la Inmigración que estima en dos mil millones de dólares anuales el gasto estatal en educación, medicina y cárceles a cuenta de los «ilegales». También predice que la tasa de desempleo (cercana al 10 por ciento) se reducirá cuando los deportados o huidos sean reemplezados por parados estadounidenses.
El legislador reconoce que algunos negocios sufrirán, pero será por culpa de la dejación del Gobierno federal en el control de la inmigración irregular: «Algunos bolsillos sufrirán, pero cualquier negocio que tenga demanda sobrevivirá. Ahora bien, si no hay demanda de ese servicio, el negocio se irá a la ruina. Pero se supone que ese el principio de toda economía eficiente».