Carta de Dagoberto Gutierrez al Presidente Mauricio Funes Cartagena

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Dagoberto Gutierrez

Estimado Señor Presidente:

Esta carta surge  entre las hojarascasreverberantes de la coyuntura  y es movida por la necesidad de hablar sobre lo que ocurre, además  de por qué ocurre lo que ocurre.

Usted sabe, tanto  o más que yo, que vivimos tiempos de transformación , de agotamientos de modelos enfermos y de crisis anunciadas, es decir, que vivimos en buenos tiempos porque para una sociedad como la salvadoreña que necesita nuevas raíces y nuevos, no hay nada mejor que los anuncios presionantes de que hay que cambiar lo que es necesario cambiar, hay que conservar lo que es necesario conservar y que aquel o aquellos y aquellas que no huelan en el viento los ramalazos de esos cambios no sabrán, oportunamente, que es lo que hay que apoyar o que es lo que hay que resistir.  En realidad esto no resulta fácil en ningún tiempo y el mejor lugar para entenderlo es desde abajo y desde adentro porque, fíjese señor Presidente, que desde abajo se puede saber que piensa la gente,  que quiere la gente,  que necesita la gente, que acepta y que rechaza la gente,  que es lo que la gente apoya y, esa inteligencia colectiva no siempre se puede captar desde arriba por eso es que  ser gobernante, según dicen los que saben, consiste en ser gobernado y el líder, dicen los más entendidos, es el que es guiado y se deja guiar;  por otro lado la vida por dentro resulta ser una mayor penetración en la realidad, hacia la realidad y ésta, la realidad cuando debe ser transformada hasta se anuncia.

Mire lo que ocurre con ese tema de los partidos, en realidad es todo el régimen montado constitucionalmente en 1983, como Ud. Lo sabe muy bien, el que ha perdido todo cimiento y todo techo y debe, puede y necesita ser sustituido por otro régimen de Democracia Participativa.

La Sala de lo Constitucional, en su casi totalidad, está ofreciendo el único camino,  el constitucional, para remozar, refrescar y oxigenar a la Democracia Representativa y Ud. Sabe,  como lo sabe mucha gente en el país, que una cosa es lo político y otra cosa lo partidario y aquí se trata, estimado señor Presidente, de  defender lo político y la política frente a lo partidario.  Mire que curioso señor mandatario que un partido político no es actualmente un factor que produce política, en todo caso, hace una política en cuyos cristales no se refleja la gente.

La Sala de lo Constitucional con solo cumplir la constitución se ha ganado el apoyo de la sociedad, de abajo y de arriba, de en medio y de los lados y, aún más,  Ud. Sabe que la actual coyuntura ha permitido al pueblo entender, mejor que nunca, que entre la cúpula del partido gubernamental FMLN y la cúpulas de los otros partidos no existen diferencias relevantes,  fíjese Presidente  que la soledad de los partidos los afecta a todos por igual, pero a unos les pesa más la orfandad, porque la coyuntura, al tener varias maromas ha situado al partido FMLN a la derecha de ARENA, aún cuando muchos miembros de ese partido nunca estarán cómodos en semejante depósito, ahora bien  Ud., de repente sin anuncio previo y, sin duda por sus propias razones gubernamentales,   ha aparecido y parecido en las filas de los que se oponen, por múltiples razones a la finalización de la burocracia partidaria y por primera vez Ud. Aparece total, integral, e intestinamente alineado   con el partido que lo hizo candidato presidencial.

En una primera mirada, estimado Presidente, podemos pensar en un viraje que no le asegurará, sin perjuicio de equivocarme, respaldo social ni reconocimiento  porque los cambios anunciados, esperados y soñados, sí serán verdaderos y hasta de verdad, deberán venir de abajo y afectarán a la manera de hacer política, es decir,  al régimen político y para eso, señor Mandatario, resultará imprescindible liberar las energías sociales del control  partidario.
Es cierto que la coyuntura es política y expresa una crisis histórica, nos presenta a una oligarquía venida a menos, víctima de su propia filosofía y estrangulada por la transnacionalización de la riqueza, estos sectores ahora compiten con cúpulas empresariales nuevas  que pueden gozar de las ventajas del control de aparatos públicos.  Todo este tráfago crítico ha de resolverse  y el problema es a favor de quien se va a resolver  porque Ud. Y yo sabemos que ninguna crisis es eterna y su solución depende de las fuerzas e intereses que se muevan en sus aguas.

Su gobierno, señor Presidente, que ya ha corrido dos años, como en un segundo, se encamina hacia su medianía y como nunca antes necesitará de mucha comprensión y apoyo de sus mandantes,  por supuesto, Presidente Funes, que Ud. Cuenta con abundantes razones,  argumentos e intereses para entrar en la casa o salir de la casa de acuerdo a su cabeza política. Lo cierto es que el momento que vivimos tiene un hilo fino que hilvana voluntades, intereses y posiciones que en otros aspectos pueden no coincidir pero ahora se encuentran en la lucha contra una burocracia partidaria que ya casi nadie quiere tener en su mesa de noche. Me imagino que Ud. Tampoco; pero si así fuera está en todo su derecho para dirigir su política, su pensamiento y hasta sus instintos.

El proceso político, siendo objetivo, sigue su marcha indetenible y su gobierno también sigue su marcha hacia sus metas.

Funes no cree que el modelo de Chávez funcione en El Salvador

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MAURICIO FUNES

El presidente de El Salvador, Mauricio Funes, aseguró que el modelo económico y social conocido como “socialismo bolivariano” que preconiza su homólogo venezolano, Hugo Chávez, “funciona en Venezuela, si es que funciona, pero no en El Salvador”.

En una entrevista publicada hoy por el vespertino francés “Le Monde”, el dirigente salvadoreño puntualizó que el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional (FMLN) que lidera “permanece cercano a Venezuela y a Cuba”, pero matizó que su partido “ha sabido mostrar realismo y pragmatismo para adaptarse a la vida democrática”.

“El modelo cubano no podría ser adoptado aquí (en El Salvador) mientras que La Habana lo está reformando porque ya no es viable”, agregó.

Funes, que recibe hoy la visita de Barack Obama, dijo que los latinoamericanos “se equivocan al reprochar” al presidente de Estados Unidos que no haya aprobado aún la reforma migratoria, ya que ésta depende del Congreso y mostró su deseo de que pronto haya un acuerdo bipartito para sacarla adelante.

El presidente, electo en 2009, celebró, en cambio, que Washington haya prolongado el estatus de residente temporal (TPS) para inmigrantes en Estados Unidos hasta el 9 de marzo de 2012, una medida que sí que depende del Ejecutivo estadounidense, subrayó.

Funes reconoció que los gobernantes de la región no pueden sustraerse a la responsabilidad de aprobar reformas estructurales capaces de reducir los flujos migratorios.

Para ello, el presidente salvadoreño indicó que cuenta con promocionar “la agricultura y la ganadería, que absorben mucha mano de obra” al tiempo que recordó su plan para transformar 350.000 explotaciones familiares destinadas al consumo propio en unidades productivas orientadas hacia el mercado interior y la exportación.

El presidente también se refirió a la violencia en el país, que cuenta con la tasa de homicidios más elevada de América Latina, “con entre 18 y 20 asesinatos por día”, y afirmó que la solución al crimen organizado “no es un Estado carcelario sino un Estado social”.

Aún así, Funes dijo apostar por “los servicios de inteligencia y la infiltración en las bandas”, para lo cual construyen con la ayuda de Estados Unidos un centro de escuchas telefónicas, autorizado por una reforma constitucional.

La corrupción policial es otro de los problemas del país, según el mandatario, quien señaló que desde su llegada al poder se ha despedido a un centenar de policías y suspendido a 300 que son investigados por este motivo.

Además, destacó el esfuerzo de profesionalización de los cuerpos de seguridad con medidas como la creación de un laboratorio de investigaciones criminales en el país.

Traducción del discurso sobre el Estado de la Unión, Barack Obama Enero 2011

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El residente Obama ante el Congress (AP Images)

Los presidentes de Estados Unidos pronuncian el discurso del Estado de la Unión en el Capitolio de Estados Unidos ante el Congreso, los secretarios del Gabinete, los principales funcionarios militares y los jueces del Tribunal Supremo.

Washington — Cuando el presidente Obama se dirija a los líderes del gobierno federal de Estados Unidos el 25 de enero estará cumpliendo con una obligación constitucional así como siguiendo una tradición de larga data de los presidentes estadounidenses.

La Constitución de Estados Unidos exige al presidente que informe al Congreso “ocasionalmente” sobre el “Estado de la Unión”. Este requisito constitucional ha evolucionado hasta llegar a ser el discurso anual del presidente sobre el Estado de la Unión, que ahora tiene varios propósitos: El discurso informa sobre la condición de Estados Unidos tanto a nivel nacional como internacional, recomienda una agenda legislativa para el año que comienza y ofrece al presidente la oportunidad de comunicar su visión para el país.

En su segundo discurso sobre el Estado de la Unión, se espera que Obama se centre principalmente en sus prioridades a nivel nacional, pero también describirá las metas de su administración en lo que se refiere a política exterior. El éxito en lograr sus metas dependerá en gran parte de cuán hábilmente pueda trabajar Obama con el Congreso y cuán eficazmente pueda superar la división partidista entre republicanos y demócratas, algo de lo que el presidente está plenamente consciente. En el Congreso 112, el control de la Cámara de Representantes ha pasado al partido Republicano, aunque el partido Demócrata aún tiene la mayoría de los escaños en el Senado.

Como los hizo en 2010, es probable que el presidente siga instando al cambio en el tono de la política de Estados Unidos, a un enfoque bipartidista para gobernar, y a centrarse en servir al público en lugar de hacer avanzar las ambiciones políticas.

HISTORIA DEL DISCURSO

La tradición del discurso del Estado de la Unión data de 1790 cuando George Washington, el primer presidente de Estados Unidos pronunció su “Mensaje anual” ante el Congreso en la Ciudad de Nueva York, que entonces era la capital provisional de Estados Unidos. Su sucesor, John Adams, continuó con la tradición.

Sin embargo el tercer presidente del país, Thomas Jefferson, consideraba que tales y elaborados eventos no eran adecuados para la nueva república democrática. Preparó un mensaje por escrito en lugar de comparecer en persona. La influencia de Jefferson fue tal que durante más de un siglo después de él, los presidentes posteriores entregaban mensajes anuales por escrito al Congreso.

En las primeras décadas de la república, la mayoría de estos comunicados eran listas de las propuestas de ley que el presidente deseaba que el Congreso aprobara, reflexiones sobre el tenor de los tiempos y los problemas prácticos que surgían durante el desarrollo del joven país de Estados Unidos. Los comentarios también trataban de la situación internacional y el lugar de Estados Unidos en el mundo.

Durante la crisis que, más que ninguna otra, amenazó la propia existencia de la Unión de Estados Unidos, la Guerra Civil, Abraham Lincoln escribió el que probablemente sea el más elocuente y memorable de todos los mensajes presidenciales que se hayan enviado al Congreso.

“Al liberar a los esclavos, aseguramos la libertad de los libres — igualmente honorable en lo que otorgamos y lo que preservamos”, escribió Lincoln en 1862.

En 1913, Woodrow Wilson revivió la práctica de pronunciar el mensaje anual en persona. Esta decisión se produjo en el momento adecuado pues Estados Unidos estaba en vísperas de una revolución de los medios de comunicación de masas que pronto introduciría a los presidentes en los hogares de los estadounidenses, primero por medio de la radio, y después por la televisión.

Con la elección de Franklin Delano Roosevelt en 1932, los estadounidenses se acostumbraron a escuchar a sus presidentes en la radio así como a verlos y escucharlos en los informativos de noticias que se mostraban en los cines.

En 1945, el mensaje anual se hizo conocido formalmente como el discurso del Estado de la Unión. También se convirtió en algo habitual en la televisión, así como en la radio, al haber aumentado grandemente las ventas de aparatos de televisión en la década de 1950. Al reconocer el poder de la televisión para hacer llegar las palabras del presidente a una gran audiencia, el presidente Lyndon Johnson cambió la hora del discurso de su tradicional mediodía hasta la noche, cuando más televidentes podían verlo.

La tradición de la respuesta de la oposición comenzó en 1966 cuando dos congresistas republicanos, entre los que estaba el futuro presidente Gerald Ford, pronunciaron una respuesta republicana que fue televisada luego del discurso del Estado de la Unión pronunciado por el presidente Johnson.

(Distribuido por la Oficina de Programas de Información Internacional del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en la Web: http://www.america.gov/esp )

DECLARACIONES DEL PRESIDENTE
EN DISCURSO SOBRE EL ESTADO DE LA NACIÓN

Capitolio de los Estados Unidos
Washington, DC

9:12 P.M. EST

EL PRESIDENTE: Sr. Presidente de la Cámara de Representantes, miembros del Congreso, distinguidos invitados y conciudadanos:

Esta noche quiero comenzar felicitando a los hombres y mujeres del 112º Congreso, como también al nuevo presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner. (Aplausos.) Y en esta solemne ocasión, también tenemos presente el escaño vacío en esta Cámara y rezamos por la salud de nuestra colega –y nuestra amiga– Gabby Giffords. (Aplausos.)

No es ningún secreto que nosotros, los aquí presentes esta noche, hemos tenido nuestras discrepancias en los últimos dos años. Los debates han sido contenciosos; hemos luchado encarnizadamente por nuestras convicciones. Y eso es bueno. Eso es lo que exige una democracia robusta. Eso es lo que ayuda a distinguirnos como nación.

Pero existe motivo por el cual la tragedia en Tucson nos dio qué pensar. En medio del ruido, fervor y animosidad de nuestro debate público, Tucson nos recordó que independientemente de quiénes somos o de dónde venimos, cada uno de nosotros es parte de algo superior, algo de mayor trascendencia que un partido o preferencia política.

Todos somos parte de la familia estadounidense. Creemos que en un país donde se puede encontrar toda raza, religión y punto de vista, seguimos unidos como un pueblo; que compartimos esperanzas y un credo común; que los sueños de una niñita en Tucson no son diferentes a los de nuestros propios hijos, y que todos ellos merecen la oportunidad de hacerse realidad.

Eso también es lo que nos distingue como nación. (Aplausos.)

Ahora bien, de por sí este simple reconocimiento no dará inicio a una nueva era de cooperación. Lo que surja de este momento depende de nosotros. Lo que surja de este momento no lo determinará si nos podemos sentar juntos esta noche, más bien, si podemos trabajar juntos mañana.

Considero que sí podemos. Y considero que debemos hacerlo. Quienes nos enviaron aquí esperan eso de nosotros. Con su voto, han determinado que el gobierno ahora será una responsabilidad compartida entre partidos. Sólo se aprobarán nuevas leyes con el respaldo de demócratas y republicanos. Avanzaremos juntos o nos estancaremos, ya que los desafíos que enfrentamos son más importantes que un partido y más importantes que la política.

En este momento lo que está en juego no es quién ganará las próximas elecciones; al fin y al cabo, acabamos de tener elecciones. Lo que está en juego es si se originan nuevos empleos e industrias con raíces en este país o en otro lugar; si se recompensa el arduo esfuerzo y laboriosidad de nuestro pueblo; si podemos mantener el liderazgo que hizo de Estados Unidos no sólo un punto en el mapa, sino la luz en el mundo.

Estamos listos para el progreso. Dos años después de la peor recesión que la mayoría de nosotros jamás ha conocido, la bolsa se ha recuperado con fervor. Las ganancias de las corporaciones son más altas. La economía está volviendo a crecer.

Pero nunca hemos medido el progreso con tan sólo estos indicadores. Medimos el progreso conforme al éxito de nuestro pueblo; por los empleos que pueden encontrar y la calidad de vida que ofrecen dichos empleos; por las posibilidades de éxito de un pequeño empresario que sueña en convertir una buena idea en una empresa próspera; por las oportunidades de una vida mejor que les legamos a nuestros hijos.

Es en este proyecto que el pueblo estadounidense quiere que trabajemos. Juntos. (Aplausos.)

Eso hicimos en diciembre. Gracias a los recortes tributarios que aprobamos, los cheques de pago de los estadounidenses hoy en día han aumentado. Toda empresa puede deducir el costo total de nuevas inversiones que haga este año. Y estas medidas, tomadas por demócratas y republicanos, harán que la economía crezca, y se sumarán puestos de trabajo al más de 1 millón de empleos generados en el sector privado el año pasado.

Pero nos queda más por hacer. Estas medidas que hemos tomado durante los últimos dos años posiblemente hayan terminado con esta recesión, pero para ganarnos el futuro necesitamos acometer desafíos que existen desde hace varias décadas.

Muchas de las personas que están viendo esta noche probablemente puedan recordar tiempos cuando encontrar un buen empleo significaba presentarse en una fábrica cercana o un negocio en el centro. No siempre era necesaria una carrera, y la competencia se limitaba prácticamente a los vecinos. Si uno trabajaba duro, lo más probable era que tendría un trabajo el resto de su vida, con un salario decente, y buenos beneficios y un ascenso de vez en cuando. Quizá incluso tendría el orgullo de ver a sus hijos trabajar en la misma compañía.

Ese mundo ha cambiado. Y para muchos, el cambio ha sido doloroso. Lo he visto en las ventanas tapiadas de fábricas otrora prósperas y las vitrinas vacías de calles principales antes concurridas. Lo he oído en la frustración de estadounidenses que han visto la disminución de sus cheques de pago o la desaparición de sus empleos; hombres y mujeres orgullosos de su trabajo que piensan que les cambiaron las reglas a medio partido.

Están en lo correcto. Las reglas han cambiado. En una sola generación, las revoluciones tecnológicas han transformado nuestra forma de vivir, trabajar y hacer negocios. Las siderúrgicas que alguna vez necesitaban 1,000 trabajadores ahora pueden hacer el mismo trabajo con 100. Hoy en día, prácticamente toda empresa puede iniciar operaciones, contratar trabajadores y vender sus productos dondequiera que haya una conexión de Internet.

Mientras tanto, países como China e India se dieron cuenta de que con algunos cambios propios, podían competir en este nuevo mundo. Y entonces comenzaron a educar a sus niños antes y durante más tiempo, con mayor énfasis en matemáticas y ciencias. Están invirtiendo en investigación y nueva tecnología. Hace poco, China se convirtió en la sede de la mayor planta privada de investigación solar del mundo y la más rápida computadora del mundo.

Entonces, sí, el mundo ha cambiado. La competencia por empleos es real pero esto no debe desanimarnos. Debe motivarnos. Recuerden que por todos los golpes que hemos sufrido en los últimos años, todos los fatalistas pronosticaron nuestra caída, pero Estados Unidos aún tiene la mayor y más próspera economía del mundo. (Aplausos.) No hay trabajadores – no hay trabajadores más productivos que los nuestros. No hay país con más empresas exitosas ni que otorgue más patentes a inventores y empresarios. Es aquí que se encuentran las mejores universidades e instituciones de enseñanza superior del mundo, donde más estudiantes vienen a estudiar que en cualquier otro lugar del planeta.

Es más, somos el primer país que se fundó para beneficio de una idea: la idea de que cada uno de nosotros merece la oportunidad de forjar su propio destino. Por eso, durante varios siglos, pioneros e inmigrantes lo han arriesgado todo para venir aquí. Es por eso que nuestros estudiantes no simplemente memorizan ecuaciones, sino responden a preguntas como “¿Qué piensas de esa idea? ¿Qué cambios harías en el mundo? ¿A qué quieres dedicarte de adulto?”

Depende de nosotros ganarnos el futuro o no. Pero para lograrlo, no podemos quedarnos de brazos cruzados. Como nos dijo Robert Kennedy, “El futuro no es un regalo. Es un logro”. Mantener vivo el Sueño Americano nunca ha sido solo cuestión de terca firmeza. Ha requerido que cada generación se sacrifique y luche y cumpla con lo que exige cada nueva era.

Y ahora nos toca a nosotros. Sabemos lo que se requiere para competir por los empleos y las industrias de nuestros tiempos. Necesitamos innovar más, educar mejor y construir más que el resto del mundo. (Aplausos.)Debemos hacer de Estados Unidos el mejor lugar del mundo para hacer negocios. Debemos asumir la responsabilidad por nuestro déficit y reformar nuestro gobierno. Es así que nuestro pueblo prosperará. Es así que ganaremos el futuro. (Aplausos.) Y esta noche me gustaría hablar sobre cómo llegar allí.

El primer paso para ganar el futuro es fomentar la innovación en Estados Unidos.

Ninguno de nosotros puede predecir con certeza cuál será la próxima gran industria ni de dónde vendrán nuevos empleos. Hace 30 años, no podríamos habernos imaginado que algo llamado el Internet llevaría a una revolución económica. Lo que sí podemos hacer –lo que Estados Unidos hace mejor que nadie– es fomentar la creatividad e imaginación de nuestra gente. Somos el país que puso autos en las calles y computadoras en las oficinas; el país de Edison y los hermanos Wright; de Google y Facebook. En Estados Unidos, la innovación no simplemente nos cambia la vida. Es con ella que nos ganamos la vida. (Aplausos.)

Nuestro sistema de libre empresa es lo que impulsa la innovación. Pero debido a que no siempre ha sido rentable para las empresas invertir en investigación básica, en el transcurso de nuestra historia, nuestro gobierno les ha proporcionado a científicos e inventores de punta el respaldo que necesitan. Eso es lo que plantó las semillas del Internet. Eso fue lo que ayudó a hacer posible cosas como chips de computadora y el sistema de posicionamiento mundial.

Solo piensen en todos los empleos bien remunerados –desde los de producción industrial hasta el sector minorista– que se han derivado de dichos avances.

Hace medio siglo, cuando los soviéticos se nos adelantaron en el espacio con el lanzamiento de un satélite llamado Sputnik, no teníamos idea de cómo llegaríamos antes que ellos a la luna. Aún ni siquiera contábamos con los conocimientos científicos necesarios. NASA existía. Pero tras invertir en mejor investigación y educación, no sólo superamos a los soviéticos, sino que iniciamos una ola de innovación que creó nuevas industrias y millones de nuevos empleos.

Este es el momento Sputnik de nuestra generación. Hace dos años, dije que debíamos alcanzar un nivel de investigación y desarrollo que no veíamos desde la cúspide de la carrera espacial. Y en unas semanas, remitiré un presupuesto al Congreso que nos ayudará a cumplir con ese objetivo. Invertiremos en investigación biomédica, informática y especialmente tecnología de energía limpia; (– aplausos –) una inversión que aumentará nuestra seguridad, protegerá al planeta y generará innumerables empleos nuevos para nuestra gente.

Ya estamos viendo las oportunidades que brinda la energía renovable. Robert y Gary Allen son hermanos que tienen una pequeña compañía de techado en Michigan. Después del 11 de septiembre, ofrecieron a sus mejores obreros para ayudar a reparar el Pentágono. Pero la recesión los afectó mucho, y su fábrica estaba operando a la mitad de su capacidad. Hoy en día, con ayuda de un préstamo del gobierno, ese espacio se está usando para fabricar tejas fotovoltaicas que se están vendiendo en todo el país. En palabras de Robert, “Nos reinventamos”.

Eso es lo que los estadounidenses han hecho durante más de 200 años: se han reinventado. Para impulsar más casos de éxito como el de los hermanos Allen, hemos comenzado a reinventar nuestra política energética. No estamos simplemente entregando dinero. Estamos lanzando un desafío. Estamos diciéndoles a los científicos e ingenieros de Estados Unidos que si constituyen equipos con los mejores cerebros en su campo, si se concentran en los problemas más difíciles de energía limpia, financiaremos los proyectos Apolo de nuestra era.

En el California Institute of Technology, están desarrollando una manera de convertir energía solar y agua en combustible para nuestros vehículos. En Oak Ridge National Laboratory, están usando supercomputadoras para que nuestras instalaciones nucleares produzcan mucho más energía. Con más investigación e incentivos, podemos acabar con nuestra dependencia del petróleo, con biocombustibles, y convertirnos en el primer país en tener un millón de vehículos eléctricos en marcha para el 2015. (Aplausos.)

Necesitamos apoyar esta innovación. Y para ayudar a pagarla, le estoy pidiendo el Congreso que elimine los miles de millones de dólares de los contribuyentes que actualmente les damos a las compañías petroleras. (Aplausos.) No sé si — no sé si se han dado cuenta, pero les está yendo muy bien solas. (Risas.) Entonces, en vez de subsidiar la energía del pasado, invirtamos en la de mañana.

Ahora bien, los avances en energía limpia sólo se convertirán en empleos de energía limpia si las empresas saben que habrá un mercado para lo que están vendiendo. Por lo tanto, esta noche los desafío a que se sumen a mí para fijar un nuevo objetivo: para el 2035, 80% de la electricidad Estados Unidos provendrá de fuentes de energía limpia. Ciertas personas quieren energía eólica y solar. Otras quieren energía nuclear, carbón no contaminante y gas natural. Para alcanzar este objetivo, necesitaremos de todos, e insto a los demócratas y republicanos a que colaboren para hacer que esto suceda. (Aplausos.)

Mantener nuestro liderazgo en investigación y tecnología es crucial para el éxito de Estados Unidos. Pero si queremos ganarnos el futuro –si queremos que la innovación produzca empleos en Estados Unidos y no en el extranjero– entonces también tenemos que ganar la carrera para educar a nuestros niños.

Pónganse a pensar. En los próximos diez años casi la mitad de todos los nuevos empleos requerirán educación superior, no solo estudios secundarios. Sin embargo, hasta un cuarto de nuestros estudiantes ni siquiera están terminando la secundaria. La calidad de nuestra enseñanza de matemáticas y ciencias es inferior a la de muchos otros países. Estados Unidos ha pasado a ser el noveno en términos de la proporción de jóvenes con un grado universitario. Entonces la pregunta es si nosotros, como ciudadanos y como padres, estamos dispuestos a hacer lo necesario para darle a cada niño la oportunidad de tener éxito.

Esa responsabilidad no comienza en nuestras aulas, sino en nuestros hogares y comunidades. Es la familia la que inculca primero en un niño el amor al aprendizaje. Sólo los padres se pueden asegurar de que la televisión esté apagada y que se hagan las tareas. Necesitamos enseñarles a nuestros niños que no solamente el ganador del Super Bowl merece su respeto, sino el ganador de la feria de ciencias; (Aplausos.)Tenemos que enseñarles que el éxito no depende de la fama ni relaciones públicas, sino de trabajo arduo y disciplina.

Nuestras escuelas comparten esta responsabilidad. Cuando un niño entra a un aula, debe ser un lugar de altas expectativas y alto rendimiento. Pero muchas de nuestras escuelas no pasan esta prueba. Es por eso que en vez de simplemente arrojarle dinero a un sistema que no está funcionando, iniciamos una competencia denominada “Carrera a la Cumbre” (“Race to the Top”). A todos los 50 estados les dijimos, “si nos muestran los planes más innovadores para mejorar la calidad de los maestros y el desempeño estudiantil, les daremos el dinero”.

Race to the Top es la reforma más significativa de nuestras escuelas públicas en una generación. Por menos de 1% de lo que gastamos en educación todos los años ha llevado a más de 40 estados a aumentar sus estándares de enseñanza y aprendizaje. Y estos estándares, a propósito, no fueron desarrollados por Washington, sino por gobernadores republicanos y demócratas en todo el país. Y Race to the Top debe ser la estrategia que sigamos este año al reemplazar el programa Para que ningún niño se quede atrás (No Child Left Behind) con una ley que es más flexible y se centra en lo mejor para nuestros niños. (Aplausos.)

¿Ven? Sabemos lo que es posible de nuestros niños cuando la reforma no es una orden que viene de arriba, sino la labor de maestros y directores, juntas escolares y comunidades locales.

Consideren una escuela como Bruce Randolph en Denver. Hace tres años, era considerada una de las peores escuelas en Colorado; estaba ubicada entre los territorios de dos pandillas rivales. Pero en mayo, 97% de los estudiantes de último año recibieron su diploma. En su mayoría, serán los primeros de sus familias en ir a la universidad. Y después del primer año de la transformación de la escuela, la directora que lo hizo posible se enjugó lágrimas cuando un estudiante dijo, “Gracias, señorita Waters, por demostrar… que somos inteligentes y podemos lograrlo”.  (Aplausos.) Eso es lo que buenas escuelas pueden lograr, y queremos buenas escuelas en todo el país.

Recordemos también que después de los padres, quien tiene mayor impacto en el éxito de un niño es el hombre o la mujer al frente de la aula. En Corea del Sur, a los maestros les llaman “forjadores de la nación”. Aquí en Estados Unidos, es hora de que tratemos a las personas que educan a nuestros niños con el mismo nivel de respeto. (Aplausos.) Queremos recompensar a los buenos maestros y dejar de inventar excusas para justificar a los malos. (Aplausos.) Y en los próximos 10 años, en los que se jubilarán de las aulas muchos miembros de la generación del Baby Boom, queremos preparar a 100,000 nuevos maestros en los campos de ciencias, y tecnología, e ingeniería y matemáticas. (Aplausos.)

De hecho, a cada joven que me escucha esta noche y que está considerando qué carrera estudiar: si quieres tener un impacto en la historia de nuestra nación, si quieres tener un impacto en la vida de un niño, hazte maestro. Tu país te necesita. (Aplausos.)

Evidentemente, la carrera educativa no termina con un diploma de secundaria. Para competir, todos los estadounidenses deben tener acceso a educación superior. (Aplausos.) Es por eso que hemos eliminado los subsidios innecesarios a los bancos con dinero de los contribuyentes y usamos lo ahorrado para hacer que los estudios universitarios estén más al alcance de millones de estudiantes. (Aplausos.) Y este año le pido al Congreso que dé un paso más y haga permanente nuestro crédito tributario por matrícula universitaria, que vale $10,000 por cuatro años de estudios. Es lo correcto. (Aplausos.)

Como la gente necesita poder capacitarse para nuevos empleos y carreras en la cambiante economía de hoy, también estamos revitalizando las universidades comunitarias de Estados Unidos. El mes pasado vi lo que ofrecen estos centros de enseñanza superior como Forsyth Tech en Carolina del Norte. Muchos de los alumnos solían trabajar en fábricas locales que han cerrado. Kathy Proctor, madre de dos hijos, trabajó en una fábrica de muebles desde que tenía 18 años. Y me contó que ahora está estudiando biotecnología, a los 55 años, no sólo porque ya no hay empleos en fábricas de muebles, sino porque quiere inspirar a sus hijos a también ir en pos de sus sueños. Como dijo Kathy: “Espero que esto les recuerde que no deben darse por vencidos”.

Si damos esos pasos, si elevamos las expectativas para todos los niños y les damos las mejores oportunidades posibles de recibir una buena educación, desde el día que nacen hasta el último trabajo que desempeñan, lograremos la meta que tracé hace dos años: que para fines de esta década, Estados Unidos tenga la más alta proporción de graduados universitarios en el mundo. (Aplausos.)

Un último punto sobre la educación. Hoy, hay cientos de miles de estudiantes sobresalientes en nuestras escuelas que no son ciudadanos estadounidenses. Algunos son hijos de trabajadores indocumentados, que no tuvieron nada que ver con los actos de sus padres. Crecieron como estadounidenses, juran fidelidad a nuestra bandera y, sin embargo, viven cada día bajo la amenaza de deportación. Otros vienen del extranjero a estudiar en nuestras instituciones superiores y universidades. Pero apenas obtienen su título, los enviamos de regreso a su país para que compitan contra nosotros. No tiene ningún sentido.

Ahora bien, estoy firmemente convencido de que debemos acometer, de una vez por todas, el asunto de la inmigración ilegal. Y estoy listo para trabajar con republicanos y demócratas para proteger nuestras fronteras, hacer cumplir nuestras leyes y tratar con los millones de trabajadores indocumentados que ahora viven en la clandestinidad. (Aplausos.) Sé que el debate será difícil. Sé que tomará tiempo, pero esta noche, acordemos hacer el esfuerzo. Y dejemos de expulsar a jóvenes responsables y de talento que pueden estar trabajando en nuestros laboratorios de investigación, o empezando nuevas empresas, que pueden contribuir aún más al enriquecimiento de esta nación.

El tercer paso para ganarnos el futuro es reconstruir Estados Unidos. Para atraer nuevas empresas a nuestras costas, necesitamos las vías más rápidas para transportar gente, productos e información, desde trenes de alta velocidad hasta Internet de alta velocidad. (Aplausos.)

Nuestra infraestructura solía ser la mejor, pero ya no somos los primeros. Las viviendas de Corea del Sur ahora tienen mejor acceso al Internet que las nuestras. Rusia y países en Europa invierten más en sus carreteras y ferrocarriles que nosotros. China construye trenes más rápidos y aeropuertos más nuevos. Mientras tanto, cuando nuestros propios ingenieros evaluaron la infraestructura de nuestra nación, nos dieron una “D”.

Tenemos que mejorar. Estados Unidos es la nación que construyó el ferrocarril transcontinental, llevó electricidad a comunidades rurales y estableció el sistema de carreteras interestatales. Los empleos generados por estos proyectos no sólo consistieron en construir vías y poner pavimento. También fueron empleos en empresas que abrieron cerca de la nueva estación del tren o la nueva vía de salida.

Así que en los dos últimos años hemos empezado a reconstruir para el siglo XXI un proyecto que ha generado miles de empleos bien remunerados en el muy afectado sector de la construcción. Y esta noche, les propongo redoblar esos esfuerzos. (Aplausos.)

Pondremos a más estadounidenses a trabajar para reparar carreteras caminos y puentes que se están desmoronando. Nos aseguraremos de que estén totalmente financiados, que atraigan inversión privada, y escogeremos proyectos en base a lo que es mejor para la economía, no los políticos.

En los próximos 25 años, nuestra meta es darles a 80% de los estadounidenses, acceso a trenes de alta velocidad. (Aplausos.) Esto les permitirá viajar en la mitad del tiempo que toma hacerlo en auto. Algunos viajes serán más rápidos que volar y sin la inspección de seguridad. (Aplausos y risas.)En estos precisos momentos, en California y la región del medio oeste del país ya hay rutas bajo construcción.

En los próximos cinco años, haremos posible que las empresas hagan llegar la siguiente generación de tecnología inalámbrica de alta velocidad a 98% de los estadounidenses. Esto no se trata solamente – (aplausos) – esto no se trata solamente de Internet más rápido o menos llamadas interrumpidas. Se trata de conectar todos los rincones de Estados Unidos a la era digital. Significa que desde una comunidad rural en Iowa o Alabama, los trabajadores y pequeños empresarios podrán vender sus productos en todo el mundo. Significa que un bombero podrá descargar los planos de un edificio en llamas a un dispositivo portátil, que un alumno podrá tomar clases con un texto digital, que un paciente podrá conversar cara a cara por video con su médico.

Todas estas inversiones, en innovación, educación e infraestructura, harán que Estados Unidos sea un lugar mejor para hacer negocios y generar empleo. Pero para contribuir a la competitividad de nuestras empresas, también debemos eliminar barreras que se interponen en su camino al éxito.

Por ejemplo, durante muchos años, un ejército de cabilderos ha hecho que el código tributario favorezca a ciertas compañías e industrias. Si tienen contadores o abogados que manipulan el sistema, pueden terminar sin pagar ningún impuesto. Pero el resto se ve afectado por una de las más altas tasas tributarias para empresas del mundo. Esto no tiene sentido y debe cambiar. (Aplausos.)

Así que, esta noche, les pido a los demócratas y republicanos que simplifiquen el sistema. Eliminen las brechas legales. Establezcan condiciones equitativas. Y utilicen los ahorros para reducir la tasa tributaria de las empresas por primera vez en 25 años, sin aumentar nuestro déficit.

Para ayudar a las empresas a vender más productos en el extranjero, nos hemos puesto la meta de aumentar al doble nuestras exportaciones para el 2014, porque cuanto más exportemos, más empleos creamos en el país. Nuestras exportaciones ya se han incrementado. Recientemente firmamos acuerdos con India y China que respaldarán más de 250,000 empleos aquí en Estados Unidos.  Y el mes pasado, finalizamos un acuerdo comercial con Corea del Sur que apoyará por lo menos 70,000 empleos en Estados Unidos. Este acuerdo cuenta con el respaldo sin precedente del sector empresarial y laboral; demócratas y republicanos, e insto a este Congreso a que lo pruebe lo antes posible. (Aplausos.)

Ahora antes de asumir el mando, dejé en claro que íbamos a verificar el cumplimiento de nuestros acuerdos comerciales y que sólo suscribiría pactos que beneficiarán a los trabajadores estadounidenses y promovieran empleos en Estados Unidos. Eso fue lo que hicimos con Corea y eso es lo que pretendo hacer al procurar acuerdos con Panamá y Colombia, y continuar nuestras conversaciones comerciales con la región del pacífico de Asia y en el mundo. (Aplausos.)

Para reducir las barreras al crecimiento y la inversión he ordenado un análisis de las normas gubernamentales. Cuando encontremos normas que ponen cargas innecesarias en las empresas, las arreglaremos. (Aplausos.) Pero no dudaré en crear o velar por el cumplimiento de sensatas medidas de protección para proteger al pueblo estadounidense. (Aplausos.) Eso es lo que hemos hecho en este país durante más de un siglo. Es por ello que podemos comer nuestros alimentos o beber el agua o respirar el aire sin riesgo. Es por eso que tenemos límites de velocidad y leyes sobre el trabajo de menores. Es por eso que el año pasado pusimos en práctica medidas de protección al consumidor contra las cuotas y sanciones escondidas de las compañías de tarjetas de crédito y nuevas normas para evitar otra crisis financiera. (Aplausos.) Y es por eso que aprobamos la reforma que finalmente impide que el sector de seguros explote a los pacientes. (Aplausos.)

Ahora bien, oí rumores de que algunos de ustedes aún tienen algunos problemas con nuestra nueva ley de cuidado de salud. (Risas.) Por lo tanto, permítanme ser el primero en decir que es posible mejorarlo todo. Si tienen ideas sobre maneras de perfeccionar esta ley y hacer la atención mejor o más económica, estoy deseoso de trabajar con ustedes. Podemos comenzar ahora mismo por corregir una falla en esta ley que ha impuesto una carga innecesaria de contabilidad en las pequeñas empresas. (Aplausos.)

Lo que no estoy dispuesto a hacer – lo que no estoy dispuesto a hacer es regresar a los días en que las aseguradoras podían negarle cobertura a alguien debido a una enfermedad preexistente. (Aplausos.)

No estoy dispuesto a decirle a James Howard, paciente de Texas con cáncer al cerebro, que es posible que no se cubra su tratamiento. No estoy dispuesto decirle a Jim Houser, dueño de una pequeña empresa en Oregon, que tiene que volver a pagar $5,000 más para ofrecerles cobertura a sus empleados. En este momento, esta ley está reduciendo el precio de los medicamentos recetados de las personas mayores y dándoles a los estudiantes sin seguro la oportunidad de permanecer en la póliza de sus padres.

Entonces le digo a esta cámara esta noche, en vez de volver a librar las batallas de los dos últimos años, arreglemos lo que necesita arreglarse y sigamos adelante.(Aplausos.)

Ahora bien, el paso final y crucial, para ganarnos el futuro es asegurarnos de no agobiarnos con una montaña de deudas.

Vivimos con un legado de gasto en déficit que se inició hace casi una década. Y tras la crisis financiera, algo de eso fue necesario para continuar el flujo de crédito, preservar empleos y poner dinero en el bolsillo de la gente.

Pero ahora que lo peor de la recesión ha concluido, debemos enfrentar el hecho de que nuestro gobierno gasta más de lo que recauda. Eso no es sostenible. Todos los días las familias se sacrifican para vivir con lo que ganan. Merecen un gobierno que haga lo mismo.

Por lo tanto, esta noche estoy proponiendo que a partir de este año congelemos el gasto nacional anual durante los próximos cinco años. (Aplausos.) Ahora, esto reduciría el déficit en más de $400,000 millones en la próxima década y reducirá el gasto discrecional al más bajo porcentaje de nuestra economía desde que Dwight Eisenhower era presidente.

Para este congelamiento se requerirán recortes difíciles. Ya hemos congelado los salarios de los esmerados empleados federales durante los próximos dos años. He propuesto recortes en ámbitos muy importantes para mí, como programas de acción comunitaria. El secretario de Defensa también ha aceptado recortar decenas de miles de millones de dólares en gastos de los que él y sus generales consideran pueden prescindir. (Aplausos.)

Reconozco que algunos en esta Cámara ya han propuesto recortes más profundos y estoy dispuesto a eliminar cualquier cosa de la que realmente podemos prescindir. Pero asegurémonos de no hacerlo a costa de nuestros ciudadanos más vulnerables. (Aplausos.) Y asegurémonos de que lo que recortemos sea realmente lo excesivo. Reducir el déficit aniquilando nuestras inversiones e innovación y educación es como aliviar la carga de un avión arrojando el motor. Al comienzo quizás los haga sentir que seguimos volando, pero no tardarán en sentir el impacto. (Risas.)

Ahora, la mayoría de los recortes y ahorros que he propuesto sólo tienen que ver con el gasto nacional anual, que representa poco más de 12% de nuestro presupuesto. Para alcanzar más logros, es necesario que dejemos de aparentar que recortar este tipo de gasto, por sí solo, será suficiente. No es así.  (Aplausos.)

La Comisión Fiscal bipartidista que constituí el año pasado dejó esto muy en claro. No estoy de acuerdo con todas sus propuestas, pero alcanzaron verdaderos logros. Y su conclusión es que la única manera de enfrentar nuestro déficit es recortar gastos excesivos donde quiera que los encontremos: en gastos nacionales, gastos de defensa, gastos de cuidado de salud y menores ingresos por recortes y lagunas tributarias. (Aplausos.)

Esto significa reducir más el costo del cuidado de salud, incluyendo programas como Medicare y Medicaid, que son los que más contribuyen a nuestro déficit a largo plazo. La reforma del seguro médico que aprobamos el año pasado hará que estos costos no aumenten tan rápido, que es parte del motivo por el cual economistas independientes han dicho que la derogación de la ley de cuidado de salud agregaría un cuarto de billón de dólares a nuestro déficit. De todos modos, estoy dispuesto a considerar otras ideas para reducir los costos, incluida una que los republicanos sugirieron el año pasado: la reforma de la responsabilidad médica para disminuir las demandas frívolas. (Aplausos.)

Para hacer que pisemos tierra firme, también debemos encontrar una solución bipartidista a fin de darle mayor solidez al Seguro Social para beneficio de generaciones futuras. (Aplausos.) Debemos hacerlo sin poner en peligro a los jubilados actuales, los más vulnerables o las personas con discapacidades; sin recortar los beneficios de generaciones futuras, y sin someter ingresos garantizados para la jubilación de los estadounidenses a los caprichos de la bolsa. (Aplausos.)

Y si realmente nos importa nuestro déficit, simplemente no podemos darnos el lujo de una extensión permanente de recortes tributarios para el 2% más acaudalado de los estadounidenses. Antes de quitarles dinero a nuestras escuelas o becas a los estudiantes, debemos exigir que los millonarios renuncien a su recorte tributario.

No es cuestión de castigarlos por su éxito. Es cuestión de promover el éxito de Estados Unidos.

De hecho, lo mejor que podríamos hacer con respecto a impuestos para beneficio de todos los estadounidenses es simplificar el código tributario individual. (Aplausos.) Será una tarea ardua, pero miembros de ambos partidos han expresado interés en hacerlo, y estoy dispuesto a sumarme a ellos. (Aplausos.)

Entonces, este es el momento de actuar. Este es el momento de que ambos lados y ambas cámaras del Congreso –demócratas y republicanos– lleguen a un acuerdo basado en los principios que logra el cometido. Si tomamos ahora las decisiones difíciles para disminuir nuestro déficit, podemos hacer las inversiones que necesitamos para ganarnos el futuro.

Permítanme adelantarme un paso más. No debemos simplemente darle a nuestro pueblo un gobierno con menores gastos. Debemos darle un gobierno que es más competente y eficiente. No podemos ganarnos el futuro con un gobierno del pasado. (Aplausos.)

Vivimos y hacemos negocios en la era de la información, pero la última gran reorganización del gobierno tuvo lugar en la era de la televisión en blanco y negro. Existen 12 agencias diferentes dedicadas a las exportaciones. Hay por lo menos cinco agencias diferentes dedicadas a la política de vivienda. Luego está mi ejemplo favorito: el Departamento del Interior está a cargo del salmón mientras está en agua dulce, pero el Departamento de Comercio se encarga de ellos cuando están en agua salada. (Risas.) Y tengo entendido que la cosa se complica incluso más cuando están ahumados. (Risas y aplausos.)

Ahora bien, hemos alcanzado grandes logros durante los últimos años en el uso de tecnología y la eliminación de despilfarro. Los veteranos ahora pueden descargar historias médicas electrónicas con apenas pulsar el ratón. Estamos vendiendo acres de oficinas federales que no se han usado en muchos años y disminuiremos la burocracia para salir de más. Pero es necesario que avancemos más. En los próximos meses, mi gobierno formulará una propuesta para combinar, consolidar y reorganizar al gobierno federal de la manera más conveniente para lograr el objetivo de un Estados Unidos más competitivo. Someteré esa propuesta a consideración del Congreso, y presionaremos para que se apruebe. (Aplausos.)

Este año, también trabajaremos arduamente para hacer que el público vuelva a tener fe en la institución del gobierno. Ya que ustedes merecen saber exactamente cómo y dónde se gasta el dinero de los contribuyentes, podrán ir a un sitio de Internet y obtener esa información por primera vez en la historia. Ya que ustedes merecen saber cuándo sus funcionarios públicos se reúnen con cabilderos, le pediré al Congreso que haga lo que la Casa Blanca ya ha hecho: sacar esa información en Internet. Y debido a que el pueblo estadounidense merece saber que los intereses especiales no nos están llenando propuestas con proyectos favoritos, ambos partidos del Congreso deben saber lo siguiente: si llega a mi despacho una propuesta con asignaciones para proyectos particulares, la vetaré. La vetaré. (Aplausos.)

Un gobierno del siglo XXI abierto y competente; un gobierno que no gasta por encima de sus ingresos; una economía impulsada por nuevas actitudes e ideas nuevas… Nuestro éxito en este mundo nuevo y cambiante requerirá de reforma, responsabilidad e innovación. También requerirá que tratemos a ese mundo con un nuevo nivel de participación en nuestra política exterior.

Así como los empleos y las empresas ahora pueden cruzar fronteras en un instante, también lo pueden hacer nuevas amenazas y nuevos desafíos. No existe muro que separe al oriente del occidente; no hay una superpotencia rival alineada contra nosotros.

Entonces, debemos vencer a enemigos decididos dondequiera que estén y forjar coaliciones que crucen límites de región, raza y religión. Y el ejemplo moral de Estados Unidos debe brillar siempre para todos aquellos que anhelan la libertad, y la justicia y dignidad. Ya que hemos iniciado esta labor, esta noche podemos decir que el liderazgo de Estados Unidos se ha renovado y que la posición de Estados Unidos se ha restaurado.

Consideren Irak, de donde casi 100,000 de nuestros valientes hombres y mujeres han salido con la frente en alto. (Aplausos.) Las patrullas de combate de Estados Unidos han concluido; la violencia ha disminuido, y se ha constituido un nuevo gobierno. Este año, nuestros civiles forjarán una alianza perdurable con el pueblo iraquí, mientras concluimos la labor de movilizar a nuestras tropas fuera de Irak. Estados Unidos ha cumplido con su compromiso: la guerra en Irak está llegando a su fin. (Aplausos.)

Por supuesto que, mientras hablamos, Al Qaida sus afiliados continúan planeando ataques contra nosotros. Gracias a nuestros profesionales de inteligencia y de la ley, estamos interrumpiendo complots y resguardando nuestras ciudades y espacio aéreo. Y mientras los extremistas tratan de inspirar actos de violencia dentro de nuestras fronteras, estamos respondiendo con la fuerza de nuestras comunidades, con el respeto al imperio de la ley y con la convicción de que los musulmanes estadounidenses son parte de nuestra familia estadounidense. (Aplausos.)

También hemos llevado al extranjero la lucha contra Al Qaida y sus aliados. En Afganistán, nuestras tropas han tomado control de baluartes del Talibán y entrenado a las Fuerzas de Seguridad de Afganistán. Nuestro propósito es claro: al impedir que el Talibán recupere el control del pueblo afgano, le negaremos a Al Qaida el refugio que sirvió de plataforma de lanzamiento para el 11 de septiembre.

Gracias a nuestros heroicos soldados y civiles, menos afganos están bajo control de los insurgentes. Hay una lucha difícil por delante, y el gobierno afgano deberá gobernar mejor. Pero estamos aumentando la capacidad del pueblo afgano y forjando una alianza perdurable con ellos. Este año trabajaremos con casi 50 países para iniciar una transición al liderazgo afgano. Y en julio, comenzaremos a traer a nuestros soldados a casa. (Aplausos.)

En Pakistán, los líderes de Al Qaida están bajo más presión que nunca antes desde el 2001. Sus líderes y agentes están siendo eliminados en el campo de batalla. Sus refugios se están encogiendo. Y hemos enviado un mensaje desde la frontera de Afganistán hasta la Península Arábiga y todas las regiones del mundo: no cejaremos, no titubearemos y los venceremos. (Aplausos.)

El liderazgo de Estados Unidos también se puede ver en el esfuerzo por almacenar en lugares seguros las peores armas de guerra. Gracias a la aprobación por republicanos y demócratas del Nuevo Tratado START, se emplazarán mucho menos armas y lanzadores nucleares. Debido a que unimos al mundo, se están resguardando materiales en todos los continentes para que nunca caigan en manos de terroristas. (Aplausos.)

Debido a un esfuerzo diplomático para insistir en que Irán cumpla con sus obligaciones, el gobierno de Irán ahora enfrenta sanciones más duras, sanciones más estrictas que nunca antes. Y en la Península de Corea, respaldamos a nuestro aliado Corea del Sur e insistimos en que Corea del Norte cumpla con su compromiso de abandonar las armas nucleares. (Aplausos.)

Estas son apenas algunas de las formas en las que estamos forjando un mundo que favorece la paz y prosperidad. Con nuestros aliados en Europa, revitalizamos la OTAN y aumentamos nuestra cooperación en todo, desde antiterrorismo hasta defensa antimisiles. Hemos restablecido nuestras relaciones con Rusia, reforzado nuestras alianzas en Asia y forjado nuevas sociedades con países como India.

En marzo, viajaré a Brasil, Chile y El Salvador para forjar nuevas alianzas en todo el continente americano. Alrededor del mundo, estamos apoyando a quienes asumen responsabilidad, ayudando a agricultores a cultivar más alimentos; apoyando a médicos para que cuiden a los enfermos, y combatiendo la corrupción que puede hacer que una sociedad decaiga y le quite oportunidades a la gente.

Eventos recientes nos han demostrado que lo que nos distingue no debe ser solamente nuestro poderío; debe ser el propósito detrás de él. En el sur de Sudán, con nuestra ayuda, la gente finalmente pudo votar a favor de la independencia tras años de guerra. (Aplausos.) Miles se pararon en fila antes del amanecer. La gente bailó en las calles. Un hombre que había perdido a cuatro hermanos en la guerra resumió lo que veía alrededor así: “Este fue un campo de batalla durante gran parte de mi vida,” dijo. “Ahora queremos ser libres”. (Aplausos.)

Y vimos ese mismo anhelo por ser libres en Túnez, donde la voluntad del pueblo resultó ser más poderosa que las órdenes de un dictador. Y esta noche, seamos claros: Estados Unidos de Norteamérica está de lado del pueblo de Túnez y apoya las aspiraciones democráticas de todos los pueblos. (Aplausos.)

Nunca debemos olvidar que aquello por lo que nos hemos esforzado y luchado radica en el corazón de gente en todas partes. Y siempre debemos recordar que los estadounidenses que han asumido mayor responsabilidad por esta lucha son los hombres y mujeres al servicio de nuestro país.  (Aplausos.)

Esta noche, pronunciémonos al unísono reafirmando que nuestra nación está unida en su respaldo de nuestros soldados y sus familias. Cumplamos con ellos así como ellos han cumplido con nosotros: al darles el equipo que necesitan; al proporcionarles la atención y los beneficios que se han ganado, y al reclutar a nuestros veteranos en la gran tarea de construir nuestra propia nación.

Nuestros soldados provienen de todos los rincones de este país. Son negros, blancos, latinos, asiáticos, indígenas americanos. Son cristianos e hindúes, judíos y musulmanes. Y sí, sabemos que algunos de ellos son homosexuales. A partir de este año, no se prohibirá que ningún estadounidense sirva al país que ama debido a quién ama. (Aplausos.) Y con ese cambio, insto a todos nuestros recintos universitarios a que abran sus puertas a nuestros reclutadores militares y al ROTC. Es hora de dejar atrás las batallas polarizadoras del pasado. Es hora de avanzar como una sola nación. (Aplausos.)

No debemos engañarnos sobre el trabajo por delante: reformar nuestras escuelas; cambiar la manera que usamos la energía, reducir nuestro déficit. Nada de esto será fácil. Todo ello tomará tiempo. Y será más difícil porque discutiremos sobre todo: el precio, los detalles, la letra de cada ley.

Por supuesto que algunos países no tienen este problema. Si el gobierno central quiere un ferrocarril, construye un ferrocarril, independientemente de cuántas viviendas debe demoler. Si no quiere un artículo negativo en los diarios, no se escribe.

Pero por más contenciosa y frustrante y desagradable que a veces puede ser nuestra democracia, sé que no hay una sola persona aquí que la cambiaría por otro país del mundo. (Aplausos.)

Discrepamos sobre política, pero todos nosotros creemos en los derechos consagrados en nuestra Constitución. Por más que tengamos opiniones divergentes, creemos en la misma promesa que dice que este es un lugar donde uno puede ser exitoso si se esfuerza. Por más que tengamos diferentes orígenes, creemos en el mismo sueño que dice que este es un país donde cualquier cosa es posible, independientemente de quién es, independientemente de dónde viene.

Es por ese sueño que me paro ante ustedes esta noche. Es por ese sueño que un muchacho de la clase obrera de Scranton puede sentarse detrás de mí. (Risas y aplausos.) Es por ese sueño que alguien que comenzó barriendo el piso del bar de su padre en Cincinnati puede ser presidente de la Cámara de Representantes en el más grandioso país del mundo. (Aplausos.)

Ese sueño, ese Sueño Americano, es lo que llevó a los hermanos Allen a reinventar su compañía de techado para una nueva era. Es lo que inspiró a aquellos estudiantes en Forsyth Tech a obtener nuevos conocimientos y trabajar por un futuro. Y ese sueño es el caso de un pequeño empresario llamado Brandon Fisher.

Brandon comenzó una empresa en Berlin, Pensilvania que se especializa en un nuevo tipo de tecnología de perforación. Y un día el verano pasado, vio la noticia de que al otro lado del mundo, 33 hombres estaban atrapados en una mina de Chile y nadie sabía cómo salvarlos.

Pero Brandon pensó que su compañía podía ayudar. Y entonces, formuló un rescate que llegaría a conocerse como el Plan B. Sus empleados trabajaron día y noche para fabricar el equipo necesario de perforación. Y Brandon partió para Chile.

Junto con otros, comenzó a perforar en el suelo un hoyo de 2,000 pies, trabajando tres o cuatro horas – tres o cuatro días a la vez sin dormir. Treinta y siete días más tarde, el Plan B tuvo éxito, y se rescató a los mineros. (Aplausos.) Pero debido a que no quería toda esa atención, Brandon no estuvo allí cuando los mineros salieron a la superficie. Ya había regresado a casa, a trabajar en su próximo proyecto.

Y más adelante uno de sus empleados dijo sobre el rescate, “Probamos que Center Rock es una empresa pequeña pero hacemos grandes cosas”.  (Aplausos.)

Hacemos grandes cosas.

Desde los primeros días de nuestra fundación, Estados Unidos es un país de gente promedio que se atreve a soñar. Es así que nos ganamos el futuro.

Somos una nación que dice, “Quizá no tenga mucho dinero, pero tengo esta gran idea para una nueva compañía. Quizá no venga de una familia de graduados universitarios, pero seré el primero en obtener mi grado. Quizá no conozca a esas personas en apuros, pero pienso que puedo ayudarlas y necesito tratar. No estoy seguro de cómo llegar a ese lugar más allá del horizonte, pero sé que llegaremos allí. Sé que lo haremos”.

Hacemos grandes cosas. (Aplausos.)

La idea de Estados Unidos perdura. Nuestro destino sigue siendo lo que decidamos que sea. Y esta noche, más de dos siglos más tarde, es gracias a nuestra gente que nuestro futuro está lleno de esperanza, nuestra travesía continúa y el estado de nuestra nación es sólido.

Gracias, que Dios los bendiga y que Dios bendiga a Estados Unidos de Norteamérica. (Aplausos.)

FIN  10:13 P.M. EST

(termina el texto)

Victories give force to tea party movement

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Washington Post Staff Writers
Wednesday, November 3, 2010; 2:15 AM

Americans cast their ballots Tuesday in House, Senate and statewide races.

 

The tea party celebrated decisive victories on Tuesday night, proving that it has matured from a protest movement into a powerful force for political change.

On Tuesday evening, the movement claimed its first wins in the Senate, as Republican Rand Paul defeated Attorney General Jack Conway (D) in Kentucky and the GOP‘s Marco Rubio claimed Florida. Later in the night, tea-party backed Pat Toomey defeated Rep. Joe Sestak in Pennsylvania.

Sen. Jim Demint (R-SC), who has been a leader of the tea party movement, endorsing candidates and raising money for their campaigns, called the wins part of an “awakening going on in our country.”

The victories, while significant, were offset by some big losses: Senate Majority Leader Harry Reid held onto his seat after a tough Nevada race against Republican Sharron Angle. Democrat Chris Coons grabbed a double-digit win over tea party favorite Christine O’Donnell in Delaware. And in West Virginia, Democrat Joe Manchin beat back a strong challenge from Republican John Raese.

Still tea party candidates and supporters found much to celebrate, calling their wins a mandate for change in Washington.

“We’ve come to take our government back,” Paul said during his victory speech. “The American people are not happy with what’s going on in Washington. Tonight there is a tea party tidal wave, and we’re sending a message to them. It’s a message that I will carry with me on day one. It’s a message of fiscal sanity, a message of limited government and balanced budgets.”

Paul, a tea party activist and son of Rep. Ron Paul (R-Tex.), a former presidential candidate, won a tough Republican primary where he challenged a candidate backed by his party’s top leaders. He excited tea party supporters this summer at his campaign stops, which were feisty affairs heavy on a populist call to arms against what he describes as Washington’s unsustainable spending, crippling debt, career politicians, a “socialist” health-care law and a failure to close the nation’s borders to illegal immigrants.

Rubio, who emerged early on as a marquee tea party-backed candidate, beat incumbent Florida Gov. Charlie Crist, who ran as an independent, and Rep. Kendrick Meek (D). In his acceptance speech, the newly elected senator warned that wins by tea party-backed candidates should not be taken as a sign of support for Republicans.

“The stories are being written about what this election is about,” Rubio said. “We know that a growing number of Republicans will be elected to the Senate. We make a great mistake if we believe that these results are somehow an embrace of the Republican Party. What they are is a second chance.”

In Delaware, O’Donnell blew Republican chances to pick up Vice President Biden‘s former Senate seat. After being endorsed by former Alaska governor Sarah Palin, O’Donnell caught the media spotlight and picked up a surprise primary win over moderate U.S. Rep. Michael N. Castle in that state’s GOP primary. Despite her loss, O’Donnell said the Republican party will never be the same. “And that’s a good thing,” she said. “Our voices were heard. This is just the beginning.”

The tea party effort, which has captured attention with its dramatic, sometimes angry displays of conservative, anti-government fervor, proved its ability to sway Republican primaries in other stunning upsets this year, in Utah, Nevada and Alaska.

Still, uncertainties remain. First is the finding, in a Washington Post canvass conducted last month, that local tea party groups are less organized and politically active than previously thought. Much of the grass-roots organization that swayed primaries was coordinated and financed by large national groups led by Republican insiders, including FreedomWorks, the Tea Party Express and Americans for Prosperity.

Second is the question of how, and whether, such a disconnected army can make a real difference in governing. Polls show that more Americans than not are turned off by the tea party, with many viewing the movement as extreme.

The tea party movement fared better among voters who came out on Tuesday, according to exit polls. Nationally, 40 percent of those who voted Tuesday said they support the tea party, and 23 percent of voters said their vote for the U.S. House was an indication of their support for the tea party movement. Eighteen percent said their Congressional vote was a vote against the tea party. The majority of voters said the tea party was not a factor in their Congressional vote.

U.S. Rep. Chris Van Hollen (D-Md.), chairman of the Democratic Congressional Campaign Committee, said that most voters have “grave reservations” about tea party candidates, some of whom were recruited by Palin, one of the movement’s most visible figures.

“That’s causing great concern to voters from moderate swing districts, because those voters aren’t looking for right wing ideologues. They’re looking for centrist problem-solvers,” Van Hollen said.

Across the country on Tuesday, tea party organizers, in addition to well-funded, national conservative leaders, took a different view. They celebrated their wins and claimed the tea party deserved credit for the increase in the number of conservatives elected to Congress.

Jason Hoyt, the director of the Central Florida Tea Party Council Orlando, said Rubio will be a great senator.

“The tea party movement around the state did a good job by getting behind him, by supporting him early and sending a message to Charlie Crist that we didn’t want his moderate middle-of-the-road wishy-washy politics,” Hoyt said.

Hoyt and his compatriots were figuring out what to do with the big “Mission Accomplished” banner they had made to celebrate former Senate Majority Leader Daniel Webster’s defeat of Rep. Alan Grayson (D). “I guess we were pretty confident,” he said sheepishly.

At Rand Paul’s victory party in the new senator’s adopted home town of Bowling Green, Ky., Fred Barkey, 67, a retired executive, said he thought Paul’s tea party stature would empower Paul to lead efforts to slash welfare and social security spending.

“He’s going to have a lot of influence on the rest of the Republican party, because he’s a national figure,” Barkey said.

Landon Thompson, 58, who was also at Paul’s party, said he and his wife, Barbara, had gone to Washington to protest the health-care overhaul bill and hoped it now would be repealed. Paul’s victory indicated something new, he said.

“For one, I’ll settle in my mind that the Constitution will be looked at seriously… and respected,” Thompson said.

n a haze of cigarette smoke at the Doylestown Moose Lodge in eastern Pennsylvania on Tuesday night, a few tea party supporters and Republicans formed a conga line and belted out the lines of an old Twisted Sister hit. As election returns showed projected wins by Paul and other tea party-supported candidates, the celebrants sang out their opposition to the policies of Democrats and the Obama administration: “We’re not gonna take it anymore!”

The Kitchen Table Patriots, which threw the party, celebrated victories of Republicans Pat Toomey for Senate and Mike Fitzpatrick for the 8th District House seat.

Kathy Posnett, a retired secretary, logged more than 5,500 calls on a phone bank to help make it happen.

“I kept thinking of my daughter,” Posnett said. “I didn’t want her to pay off the stimulus. This is just so awesome. Murphy voted with Pelosi 70 percent of the time. It made me ill. Now he got his.”

 

gardnera@washpost.com thompsonk@washpost.com

Staff writers Darryl Fears in Pennsylvania, David Farenthold in Kentucky, Annie Gowen in Florida, and assistant polling analyst Kyle Dropp contributed to this report.

El Senado de Estados Unidos aprueba la mayor reforma financiera desde la gran depresión

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La senadora Olympia Snowe se dirige al senado para votar en la  reforma de Wall Street. | EfeLa senadora Olympia Snowe se dirige al senado para votar en la reforma de Wall Street. | Efe

  • Es la mayor reforma financiera en 70 años en Estados Unidos
  • La ley establece límites a la banca y refuerza a las autoridades reguladoras

Agencias | Washington

El Senado de Estados Unidos aprobó este jueves, tras meses de intensas negociaciones, la reforma del sector financiero, que cambiará los métodos de supervisión de la banca por parte del Gobierno y es la más ambiciosa desde los años treinta.

El grupo demócrata logró que el proyecto, de 2.300 páginas, contara con 60 votos a favor, mientras que 39 senadores republicanos votaron en contra.

Ahora, el texto será enviado para su firma, la próxima semana, al presidente Barack Obama, que se apunta así otro éxito político en su agenda, posiblemente el último antes de las elecciones legislativas de noviembre.

El voto de este jueves culmina un largo y complicado proceso, en el que la banca de Wall Street ha ejercido duras presiones para suavizar la regulación, y en el que los republicanos han peleado para que no aumentara la intervención pública en el sector financiero.

Durante el proceso de negociación iniciado hace meses, el Congreso estadounidense ha barajado varias versiones, si bien la aprobada hoy por el Senado recoge el consenso de las dos cámaras.

Los principales aspectos

La ley reforma todas las áreas de los mercados financieros, desde cómo los consumidores obtienen sus hipotecas y las tarjetas de créditos, a cómo el Gobierno puede desmantelar una firma financiera que ha entrado en quiebra.

No obstante, cuando Obama firme el texto, el trabajo de reforma no habrá concluido, pues la ley tendrá que ser desarrollada con 533 reglamentos elaborados pro las agencias reguladoras.

Serán precisamente esas normas las que determinarán cómo afectará la legislación a la banca y a los particulares, si bien la intención general es aumentar la protección del consumidor y vigilar más al sector para evitar que se cometan de nuevo los excesos que condujeron a la crisis financiera iniciada hace dos años.

En términos generales, la ley establece por primera vez una regulación de los derivados, unos mercados muy sofisticados que se situaron en el ojo del huracán durante el derrumbe financiero.

Además, se establecen muchos límites a la banca, entre ellos el de usar su propio dinero para invertir junto a sus clientes en mercados especulativos, y se les impone exigencias más duras a la hora de calibrar el riesgo o reforzar su capital.

La ley también obliga a los bancos a segregar sus negocios vinculados a los mercados de derivados, y otorga al Gobierno la capacidad no solo de intervenir entidades que estén al borde del colapso, sino también de someterlas a una liquidación ordenada.

Uno de los pilares es la protección del consumidor, y sobre todo la propuesta del Gobierno de Obama de crear una agencia independiente encargada de vigilar la venta de productos financieros a los particulares.

La ley también establece nuevas reglas para la concesión de hipotecas, con objeto de prevenir los abusos que contribuyeron en el colapso del sector inmobiliario. Las autoridades reguladoras y supervisoras también salen reforzadas y con capacidad de establecer una mayor vigilancia sobre las grandes firmas, para detectar las situaciones de alarma en sus primeros estadios.

La aprobación de esta ley se ha convertido, junto a la reforma del sector de la salud, en los dos grandes logros de Obama en la primera parte de su mandato, que concluye en noviembre, coincidiendo con las elecciones legislativas. Para la segunda mitad ha dejado otras prioridades, como la reforma migratoria y la del sector energético.

Obama, satisfecho

El presidente estadounidense, Barack Obama, expresó su satisfacción por la aprobación en el Congreso de la histórica reforma a la regulación financiera, que consideró beneficiará a los consumidores y aumentará la transparencia del sector. Obama habló poco después de volver de un breve viaje a Michigan.

Análisis de La ley SB 1070

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REPUBLIC: ¿Qué es lo que la ley requiere que hagan los oficiales de la policía? ¿Cómo puede un oficial de la policía dar seguimiento a una sospecha razonable de status ilegal? ¿Los oficiales de la policía pueden dar seguimiento por sospecha razonable de situación ilegal fuera de un encuentro para aplicar alguna otra ley u ordenanza? ¿Qué lineamientos o límites han impuesto los tribunales sobre lo que constituye una “sospecha razonable”?

CHIN: ARS 11-1051(B) impone tareas de investigación en los oficiales individuales. Ni esta sección, ni nada más del estatuto impone ninguna restricción de investigación, por ejemplo: no prohíbe que los oficiales conduzcan investigaciones migratorias en casos en los que no sean requeridas.

Por lo tanto, nada prohíbe que los oficiales investiguen la situación migratoria de víctimas, testigos o curiosos. Si una agencia tuviese la política de no hacer investigaciones migratorias sobre, digamos, las víctimas o los testigos, dicha política puede incurrir en violación de 11-1051(A), que prohíbe la restricción de investigaciones migratorias a menos de lo permitido por la ley federal. Como la ley federal permite las investigaciones de la situación migratoria de víctimas, una política contraria puede resultar ilegal.

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La obligación de los oficiales de la policía es la siguiente: Cuando paren, detengan o arresten legalmente a una persona que el policía tenga sospecha razonable de que se trate de una persona indocumentada, el oficial debe, cuando sea práctico, hacer el esfuerzo razonable para determinar la situación migratoria de la persona, excepto cuando pueda interferir con una investigación. ARS 11-1051(B).

Dicha obligación es aplicable sólo “cuando sea práctico” y sólo se requieren esfuerzos “razonables”, y aún cuando sea práctico, no se requieren esfuerzos razonables si ello puede interferir con una investigación. Dado que los oficiales de la policía a menudo tienen una gran cantidad de trabajo que hacer (por ejemplo: dar seguimiento a casos anteriores, responder a llamadas de servicio del 911, preparar reportes de arrestos, etc.), un punto de vista razonable es que los oficiales podrán decidir lo que es práctico y hacer investigaciones cuando así lo elijan.

Cuando una persona es parada o detenida, la presentación de una licencia de conducir de Arizona o de otra forma específica de identificación muestra el estatus legal o la ciudadanía. Los oficiales de la policía pueden llamar a las autoridades federales migratorias para determinar la situación migratoria de cualquier persona que paren.

La palabra “detener” resulta importante en este caso. Los sospechosos son “parados” o “arrestados”. La palabra “detención” a menudo se usa cuando la policía detiene a no sospechosos. La Suprema Corte ha sostenido que los pasajeros de un auto están “detenidos” cuando se para al conductor por un delito o violación de tránsito; los ocupantes de una casa pueden estar “detenidos” si se hace un cateo por orden judicial. Por consiguiente, el estatuto contempla que la policía investigará el status de las personas de las cuales no se tenga sospecha alguna de una transgresión. Pero una interacción voluntaria o consensual probablemente no encaja dentro de la palabra “detener”, y tal interacción claramente no es una parada o arresto.

Cuando una persona es arrestada, su situación migratoria debe ser aclarada antes de ser liberada, verificando con el gobierno federal. Esta obligación no parece requerir que exista ninguna base de sospecha acerca de la situación migratoria, cualquier persona que sea arrestada debe ser checada con los federales antes de liberarla. Algo crucial para esta estipulación es que la persona tiene que ser arrestada sobre alguna base legítima. Si no existe una base establecida para arrestar a alguien, los tribunales probablemente considerarán anticonstitucional detener a la persona. Pero aún para los arrestos de “trabaja un día”, dichas estipulaciones generarán mucho trabajo tanto para la policía (o los oficiales de las cárceles) como para las autoridades migratorias federales.

Cuando un no ciudadano que se encuentre presente ilegalmente es liberado después de declararlo culpable por un delito, las autoridades federales deben ser notificadas. ARS 11-1051(C). Ello no implica ninguna cuestión en particular; compartir información es constitucional.

Los tribunales federales y locales han identificado una serie de factores para determinar si existe la sospecha razonable de que una persona sea indocumentada: país aparente de origen; idioma o acento; ropa y peinado; origen y destino de viaje; la naturaleza y carga del vehículo (incluso tácticas evasivas); si el barrio donde se lleva a cabo el encuentro tiene una gran cantidad de personas indocumentadas o no; si el sospechoso está o no nervioso; movimientos “furtivos”; comportamiento sospechoso; el conocimiento, entrenamiento y experiencia del oficial.

Los tribunales también han dicho que, en procedimientos migratorios, se puede considerar el país de origen: “La evidencia de nacimiento extranjero da lugar a una presuposición de que la persona así nacida es un extranjero, y se presume que la extranjería continúa hasta que se demuestre lo contrario”. Corona-Palomera vs. Servicio de Inmigración y Naturalización, 661 F.2d 814, 818 (9º Cto. 1981). Así que, si la policía se entera de que alguien no nació en los Estados Unidos, ello puede ser evidencia de que la persona no sea un ciudadano.

No existe una regla rígida y rápida respecto a la cantidad necesaria de factores o el peso que se asignará a factores en particular. “Sospecha razonable” es un estándar bajo. Es menos que motivo fundado, lo cual es menos que una preponderancia de la evidencia, lo cual es más del 50 por ciento. Pero los tribunales federales y estatales también han dicho una y otra vez que la sospecha razonable es específica al contexto y no es cuantificable.

La sospecha razonable puede ser satisfecha enteramente con la conducta legal, y la conducta congruente con la inocencia, porque su sola función es determinar si es apropiado investigar más. Por otra parte, hay muchos casos en los que los tribunales no encuentran sospecha razonable, aún cuando existe algo de evidencia, si parece que la policía estaba en una expedición de pesca o actuó precipitadamente.

REPUBLIC: ¿Qué usos de raza permiten y prohíben las constituciones de Estados Unidos y de Arizona?

CHIN: La raza puede ser utilizada para identificar a un sospechoso en particular. Por ejemplo, si un testigo reporta que un robo fue cometido por una “mujer blanca, de 5 pies 4 pulgadas a 5 pies 8 pulgadas, entre los 15 y los 20 años”, sería constitucional concentrarse en sospechosos de esa raza.

Según la Suprema Corte, la Constitución de Estados Unidos permite que la raza sea considerada en la ejecución de leyes migratorias: “La probabilidad de que una persona determinada de ascendencia mexicana sea un extranjero es lo suficientemente alta para que la apariencia de mexicano sea un factor relevante”. Estados Unidos vs. Brignoni-Ponce, 422 U.S. 873, 886-87 (1975).

El Tribunal Superior de Arizona está de acuerdo en que “la ejecución de leyes migratorias a menudo implica una consideración relevante de factores étnicos”. El Estado vs. Graciano, 653 P.2d 683, 687 n.7 (Ariz. 1982) (citando a El Estado vs. Becerra, 534 P.2d 743 (1975)).

Sin embargo, existen muchas preguntas abiertas. La mayoría de los casos que permiten el perfilamiento racial se tratan de oficiales de la Patrulla Fronteriza en ejecución de las leyes federales migratorias. No está claro que la Suprema Corte de Estados Unidos o el Tribunal Superior de Arizona extenderá estos fallos a los oficiales estatales en ejecución de las leyes migratorias del estado, o a oficiales estatales que tengan responsabilidades generales de ejecución de la ley.

Asimismo, hablando de California Sur, el 9º Tribunal de Circuito de Apelaciones de Estados Unidos ha sostenido que hay tantos inmigrantes legales o visitantes y ciudadanos estadounidenses de ascendencia mexicana que la apariencia racial ya no se puede utilizar. Estados Unidos vs. Montero-Camargo, 208 F.3d 1122, 1131 (9º Cto. 2000) (en banc). Se puede argumentar que la misma lógica es aplicable en Arizona.

Estoy profundamente sorprendido que cualquiera interprete que esta ley prohíba el perfilamiento racial. Si lo hiciera, la legislatura no hubiera estipulado que la policía “no puede considerar la raza, el color o el país de origen en la ejecución de los requisitos de la presente subsección excepto en la medida permitida por la Constitución de los Estados Unidos o de Arizona”.

El hecho de que la última cláusula forme parte de la ley, invita al perfilamiento seguido de pruebas legales de si es o no apropiado en casos particulares. Si la Legislatura y la gobernadora de hecho tuvieran la intención de prohibir el uso de la raza, el color o el país de origen, deberían borrar la última cláusula. Eso sacaría la raza de la ley y sería una mejora importante, pero dada la vasta discreción ejercida bajo el estándar de sospecha razonable, la raza permanecería en el aire.

ARS 11-1051(H)

REPUBLIC: ¿Quién puede ser demandado y por qué?

CHIN: Bajo 11-1051(H), los elementos para esta causal de acción son (1) que el demandado sea un oficial o agencia gubernamental, que (2) adopte o aplique una política restringiendo la ejecución de la ley migratoria federal a menos de lo permitido por la ley federal.

Algunos puntos importantes. Primero, 11-1051(A) y (H) no están limitados a entidades de ejecución de la ley ni a la ejecución de la ley federal penal de inmigración. Por consiguiente, es posible que estas obligaciones les sean aplicables a otras entidades gubernamentales.

Segundo, 11-1051(H) parece no crear un derecho a demandar para que se ejecuten las nuevas estipulaciones de inmigración de Arizona como 11-1051(B). La demanda está disponible sólo para la no ejecución de la ley migratoria federal.

Tercero, obsérvese que el que un actor que impugne una política tiene una desventaja, pero no una ventaja; se les puede requerir que paguen honorarios de abogado si pierden [11-1051(J)], pero no obtienen nada personalmente si ganan [11-1051(I)].

Cuarto y crucial, 11-1051(A) aparenta ser una ley “anti-jefe”. No aparenta requerir que ningún empleado común (como un oficial de policía en la calle) haga nada (11-1051(B) lo hace). Sino que, 11-1051(A) restringe a los líderes (consejos de la ciudad, jefes de policía) —aquellos que establecen políticas— de limitar lo que hacen los empleados de su campo.

Esta lectura es confirmada por 11-1051(H), que hace responsable a una agencia u oficial que implemente o adopte una “política”, e impone una sanción “por cada día que la política haya permanecido en vigor después de interpuesta la acción”. Las decisiones individuales de ejecución no parecen ser “políticas” bajo esta ley porque no “permanecen en vigor” por ningún período de tiempo después de que se han llevado a cabo. Además, sería sorprendente que el 11-1051(B) diera discreción a los oficiales del campo pero luego impusiera una posible responsabilidad civil por ejercitar dicha discreción.

Como mínimo, 11-1051(A) prohíbe que las ciudades se rehúsen a cooperar con las autoridades de inmigración federal como política. La pregunta es cuán lejos llega más allá de eso.

La frase operativa, “todo el rigor permitido por la ley federal” es bastante amplia. Esta frase hace la sección misteriosa porque las dos interpretaciones más naturales del lenguaje hacen el estatuto ya sea revolucionario, o básicamente irrelevante.

Una lectura extrema, pero literal es esta: La ley federal no prohíbe (y por lo tanto sí “está permitido por la ley federal”) a una ciudad, que permita que sus empleados se pasen todo el día, todos los días, investigando delitos federales de inmigración.

Cierto, es absurdo pensar que 11-1051(A) tiene la intención de restringir a las autoridades administrativas en tal medida. Sin embargo, una lectura literal de la presente ley es que hace de la ejecución de las leyes federales de inmigración la prioridad más importante sobre ejecución de leyes en todo el estado y que los oficiales individuales en el campo pueden, por lo tanto, elegir pasar todo el tiempo que quieran haciendo investigaciones de inmigración independientemente de las instrucciones de sus superiores.

La lectura “básicamente irrelevante” es esta: Si el gobierno puede asignar a empleados a obligaciones particulares, entonces queda poco de 11-1051(A).

Quizás los administradores de las agencias de ejecución de la ley puedan establecer prioridades: a los oficiales de patrulla, por ejemplo, se les podría decir que pueden investigar faltas de inmigración: (1) siempre que lo requiera el 11-1051(B); (2) si están investigando delitos mayores serios como reentrada después de deportación por un delito; y (3) de otra manera, cuando no haya nada más importante para proteger la vida y la propiedad como llamadas pendientes de servicio del 911, o necesidades de investigación sobre violaciones, robos, asaltos u homicidios. Esta sería una priorización perfectamente sensata de esfuerzos policiales y probablemente resultaría en pocas investigaciones de Categoría 3 porque esas condiciones son raras en las zonas urbanas.

Si tal política es permisible, significa que hay poca sustancia en 11-1051(A); prohíbe sólo las prohibiciones generales en cuanto a la ejecución de las leyes federales de inmigración, lo cual es raro o no existente en Arizona de cualquier manera. Si tal política es inadmisible y viola el estatuto, eso quiere decir que los oficiales deben que tener permitido rehusarse a responder a delitos serios si ellos prefieren investigar delitos de inmigración, lo cual, nuevamente, sería una alteración radical de la autoridad normal de administración policial.

Ya sea que una posición extrema, irrelevante o diferente sea adoptada por los tribunales, esta estipulación de demandas de ciudadanos es de otra forma desconocida en las leyes americanas, y la carga que va a colocar en los departamentos de policía y otras agencias gubernamentales –aunque ganen las demandas–, es considerable. Al reflexionar más, y sobre la base de la experiencia de los ocupados fiscales y agencias de la policía, es posible que la Legislatura decida eliminar esta estipulación de la ley.

ARS 13-1509(A)

REPUBLIC: ¿En qué consisten las violaciones federales de referencia? ¿El estado tiene poder para legislar en esta área, o lo dejaría sin efecto la legislación federal?

CHIN: Un estatuto puede quedar sin efecto si el Congreso ya ha “ocupado el campo” en un área particular. Cuando el Congreso ocupa un campo, ninguna ley estatal está permitida. En Hines vs. Davidowitz, 312 U.S. 52, 74 (1941), la Suprema Corte sostuvo que la Ley de Registro de Extranjeros de Pennsylvania quedaba sin efecto debido a la Ley federal de Registro de Extranjeros de 1940. Hines es a veces leído como ejemplo de que se sostiene que el Congreso ocupó el campo de registro de extranjeros. Si ese es el caso, entonces, esta sección es inválida.

Suponiendo que 13-1509 sea constitucional, tiene una aplicación extremadamente limitada porque está ligada a estatutos federales, que en si son difíciles de violar, Título 8 del Código de Estados Unidos, Secciones 1304(e) y 1306(a).

Es probable que pocos incurran en violación del Título 8 del Código de Estados Unidos, Sección 1304(e), que convierte en delito la falta de llevar un documento migratorio emitido por los Estados Unidos: La mayoría nunca han recibido un documento migratorio. Si una persona no lleva documentos válidos pero está autorizado a vivir en los Estados Unidos, no se le puede enjuiciar porque el ARS 13-1509(F) limita el estatuto a quienes no estén autorizados a vivir en el país. (Sin embargo, la policía de Arizona ahora puede arrestar a los inmigrantes legales que no lleven sus documentos por esta falta. Todos los no ciudadanos deberían cargar sus documentos en todo momento.)

Un requisito obscuro de registro es el Título 8 del Código de Estados Unidos, Sección 1306(a). Lo más importante es que no es aplicable a quienes entran legalmente con una visa por un punto de inspección. La declaración de culpabilidad bajo este estatuto también es difícil. Primero, la declaración de culpabilidad requiere prueba de cuándo entró la persona, porque no hay obligación de registro si la persona lleva menos de 30 días. Sección 1302(a)(3) del Título 8 del Código de Estados Unidos.

Segundo, mientras que generalmente la ignorancia de la ley no es un pretexto, en algunas áreas de reglamentación compleja como los impuestos, las legislaturas imponen responsabilidad sólo por violaciones “intencionadas”; es decir, las basadas en “una violación voluntaria e intencional de una obligación legal conocida”. Este principio normalmente aplicado a leyes técnicas reglamentarias, protege a las personas de que sean declaradas culpables de un delito a menos que específicamente hayan intentado actuar contra la ley.

La Suprema Corte ha explicado que 1306(a) requiere de intención. En Hines vs. Davidowitz, la corte sostuvo que una ley de registro de extranjeros de Pennsylvania era inválida porque entraba en conflicto con una ley federal. La corte observó que “bajo la ley federal los extranjeros… sólo pueden ser sancionados por omisión intencionada de registro”.

Los debates incluyeron declaraciones como la del Senador Richard Russell: “Esta estipulación dice ‘se rehúsa intencionalmente’. No sancionaríamos por rehusarse intencionalmente a un hombre que no presentara una solicitud porque no sabía acerca de la necesidad de hacerlo”.

En consecuencia, la violación de 1306(a), y por lo tanto la declaración de culpabilidad bajo el ARS 13-1509, requiere prueba más allá de toda duda razonable de que el acusado conocía la obligación de registro.

Pocos o ninguno conocen la obligación de registrarse. Les he preguntado a varias personas y no he encontrado a ningún abogado o profesor que sepa de un formulario específico del gobierno u otro mecanismo e registro bajo 1306(a). Por consiguiente, o no hay forma de registrarse porque el programa es obsoleto, o existe un programa que es tan obscuro que ni los especialistas en inmigración saben cómo funciona. Si usted piensa que las personas indocumentadas probablemente saben menos que los profesores de derecho migratorio, pocos acusados (si es que alguno) habrán actuado “intencionalmente”.

ARS 13-2928

REPUBLIC: ¿Puede el estado prohibir constitucionalmente las ofertas de trabajo en las calles u otras?

CHIN: Esta es una sección dirigida a trabajadores por día, aunque su prohibición de buscar trabajo es más amplia. Esta nueva sección de los Estatutos Revisados de Arizona constituye en delito el impedir el tránsito para contratar a un individuo para que trabaje o si se es el individuo que se está contratando para trabajar. La ley es aplicable solamente cuando los vehículos motorizados estén “parados en una calle, camino o carreteras” y cuando los vehículos estén bloqueando o impidiendo “el movimiento normal del tránsito”. ARS 13-2928(A), (B). Un estatuto existente prohíbe conducir “a una velocidad tan lenta que impida o bloquee el movimiento normal y razonable del tránsito” ARS 28-704(A). La Sección 13-2928 difiere de este estatuto existente en dos aspectos importantes: Primero, es aplicable cuando un vehículo motorizado está impidiendo o bloqueando el tránsito para un fin particular –contratar a un individuo para que sea transportado a otro lugar para trabajar– y segundo, la violación al estatuto es un delito menor Clase 1. ARS 13-2928(D).

Generalmente, el estado puede reglamentar el tránsito, pero es posible que haya problemas con esta ley. Un tribunal federal de California declaró una ordenanza similar inválida. Pero dicha ordenanza no requería la interferencia con el tránsito, como lo hace la ley de Arizona. Comité de Jornaleros de Redondo Beach vs. City of Redondo Beach, 475 F. Supp.2d 952 (CD Cal. 2006).

Sin embargo, un caso de Arizona declaró una ordenanza similar en Cave Creek como anticonstitucional porque no era de contenido neutro; por ejemplo, se concentraba en un tipo de discurso en particular. Lopez vs. Town of Cave Creek, Arizona, 559 F. Supp.2d 1030 (D. Ariz. 2008). Si esta decisión es correcta, el estatuto de Arizona también resulta anticonstitucional.

Asimismo, la legislación estatal que impone sanciones penales por contratar a extranjeros indocumentados queda sin efecto debido a la Ley Federal de Reforma y Control de Inmigración de 1986 (por sus siglas en inglés, IRCA). IRCA explícitamente invalida “cualquier ley estatal o local que imponga sanciones civiles o penales (que no sea mediante leyes de licencias y similares) a quienes empleen o recluten o recomienden por una cuota para empleo, a extranjeros no autorizados”.

La Sección 13-2928 indiscutiblemente impone una sanción penal: un delito menor Clase 1 es objeto de sanción de hasta seis meses de encarcelamiento. Aunque la estipulación no menciona específicamente inmigración, es probable que los tribunales la interpreten de esa manera porque los tribunales interpretan la legislación “contra los antecedentes de la historia legislativa… y el contexto histórico que dio surgimiento a la ley”. La Sección 13-2928 era una porción de un proyecto de ley diseñado para tratar la inmigración ilegal.

Efectivamente, la subsección C de dicha sección –la sección que prohíbe que una persona que esté en Estados Unidos ilegalmente solicite trabajo, pida trabajo en un lugar público o desempeñe trabajo– claramente indica que dicha sección fue creada en respuesta a la percepción de que los extranjeros indocumentados solicitan y obtienen posiciones de trabajadores por día de residentes que los recogen de las esquinas de las calles. Por consiguiente, existe una posibilidad de que una corte declare que 13-2928 es inválida en la medida en que sea aplicable a los empleadores.

La sección también prohíbe que cualquier persona que esté en los Estados Unidos ilegalmente solicite trabajo, pida trabajo en un lugar público o desempeñe trabajo ya sea como empleado o contratista independiente. No es un delito federal trabajar en Estados Unidos sin autorización (de la misma manera que tampoco es un delito federal estar en los Estados Unidos sin autorización), así que 13-2928(C) es novedad. Definitivamente expandirá el poder de la policía local para hacer investigaciones en lugares de trabajo y hacer arrestos.

ARS 13-2929

REPUBLIC: ¿Cuáles son las circunstancias bajo las cuales alguien puede ser imputado con transportar o albergar a un inmigrante ilegal?

CHIN: Esta nueva sección de los Estatutos Revisados de Arizona, prestada de la ley federal, crea un delito en Arizona con varios requisitos definidos. Primero, la ley es aplicable cuando una persona “se encuentre en violación de un delito penal” ARS 13-2929(A), aparte de 13-2929.

Segundo, la persona debe transportar, mudar, albergar, ocultar o proteger a no ciudadanos, o alentar o inducir a su entrada a Arizona. Tercero, el acusado debe saber o imprudentemente hacer caso omiso del hecho de que los no ciudadanos hayan venido, hayan entrado o hayan permanecido en los Estados Unidos en violación a la ley y actuar para que continúen.

Por lo tanto, la falta principal que estos estatutos están dirigidos a sancionar está asociada con el tráfico: Transportar a no ciudadanos cruzando la frontera, o de la frontera al interior de los Estados Unidos, esconderlos en el camino y ayudarlos a evadir la ejecución de la ley (o quizás, ocultándolos de los oficiales de la policía que los liberarían del trabajo forzoso).

La sección del estatuto de “en violación de un delito penal” contempla que el tráfico será descubierto al ejecutar alguna otra estipulación de ley, como un delito de tránsito o la prohibición de Arizona del tráfico de seres humanos.

La violación es un delito menor de Clase 1, pero una falta que implique 10 ó más no ciudadanos indocumentados es un delito mayor de Clase 6. Las posibles sanciones para las versiones federales de las ofensas son mucho más altas: hasta cinco años de encarcelamiento o más si existen ciertos factores agravantes. Título 8 del Código de Estados Unidos, Sección 1324(a)(1)(B).

Varios rompecabezas interpretativos surgen del requisito “esté en violación de un delito penal”. Una búsqueda en Westlaw sugiere que esta frase no se utiliza en ningún otro estatuto estatal o ley federal vigente, así que su significado es cuestión de especulación. Parece ser aplicable a una persona que, en el momento de transportar, albergar o alentar a un extranjero indocumentado, también esté cometiendo un delito; por ejemplo, una persona que esté transportando personas indocumentadas cruzando la frontera mientras va a 20 millas por hora más rápido que el límite de velocidad.

Sin embargo, una persona transportando no ciudadanos indocumentados que violara una simple regla de tránsito no parecería estar “en violación de un delito penal” y, por lo tanto, no sería responsable bajo este estatuto.

Algunos delitos se consideran “faltas continuas” que existen sólo desde el punto en que todos los elementos hayan ocurrido pero sólo hasta que la falta cese. El rapto es una ofensa continua, que termina sólo cuando se libere a la víctima. La entrada sin inspección puede ser una falta continua. Tal vez si un individuo cometiese una “falta continua” que aún no haya sido determinada, es posible que sea responsable bajo este estatuto si está transportando o albergando a no ciudadanos.

Las transacciones independientes normales pueden ser excluidas. Por ejemplo, el 7º Circuito dijo que, interpretada literalmente, la ley federal “podría concebiblemente instituir en delitos las acciones de un taxista que transporta en una transacción comercial de rutina, a un individuo que anuncie su calidad de extranjero ilegal durante el curso del transporte”.

“No interpretamos que la Sección 1324(a)(1)(B) decrete una responsabilidad legal tan generalizada. Las consideraciones relevantes que tratan sobre este tema incluyen si el acusado recibe o no compensación por su actividad de transporte, si el acusado hizo esfuerzos preventivos para ocultar a los extranjeros ilegales y si los extranjeros ilegales eran los amigos o compañeros de trabajo del acusado, o simplemente cargamento humano”.

‘SUPERMARTES’ LEGISLATIVO EN ESTADOS UNIDOS

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Las primarias se convierten en un referéndum sobre el ‘establishment’ en EE.UU.

  • Muchos ciudadanos responsabilizan al sistema de la crisis y del despilfarro
  • La Casa Blanca exhibe los datos del crecimiento del PIB y de la caída del paro

MARC BASSETS | Johnstown (Pensilvania)

En pocos lugares como en el oeste de Pensilvania es tan visible la relación de amor-odio de los estadounidenses con el Gobierno federal. En esta región rural e industrial el recelo hacia Washington está arraigado. Y, sin embargo, la prosperidad se debe en gran parte a las subvenciones federales, lo más parecido a los fondos estructurales y de cohesión de la Unión Europea.

El sentimiento anti-Washington –unido a la exigencia de que Washington resuelva los problemas de los ciudadanos: el ejemplo más reciente es la marea negra en el golfo de México– es el eje de las elecciones primarias para las legislativas de noviembre, que el martes se celebran en varios estados.

El pequeño supermartes servirá para calibrar las dimensiones de la ira popular contra el establishment, al que muchos ciudadanos responsabilizan de la crisis económica, del despilfarro presupuestario e incluso –en el campo conservador– de vulnerar la Constitución.

Este es el año anti-Washington, como han dicho algunos comentaristas. Pero también el año en que un sector del electorado quiere cobrarse la cabeza de los más veteranos en el cargo, supuestamente contaminados por las componendas y corruptelas de la capital federal.

Lo sabe el senador Arlen Specter, tránsfuga ex republicano, que se enfrenta el martes en las primarias demócratas de Pensilvania a Joe Sestak, un demócrata con pedigrí. O la senadora Blanche Lincoln, demócrata centrista de Arkansas, que ve peligrar su candidatura ante una candidatura impulsada por los sindicatos.

El problema de los demócratas es hallar el equilibrio entre el ala izquierda y la moderada. En noviembre, si quiere conservar el dominio del Congreso, el partido del presidente Barack Obama necesitará los votos de los jóvenes y de las minorías, en particular los hispanos, que contribuyeron a la victoria a la presidencia en el año 2008. Pero no puede permitirse perder a los independientes, que no están adscritos a ningún partido y ven con recelo el descontrol del déficit e iniciativas como la reforma sanitaria.

La Administración Obama exhibe estos días los datos del crecimiento del PIB y de la creación de empleo para reivindicar su política económica. Los efectos electorales de la controvertida reforma sanitaria –el mayor éxito legislativo del presidente hasta la fecha– aún son inciertos.

Para los republicanos, el martes será la ocasión de medir la influencia del movimiento del Tea Party, el movimiento anti-Estado que ha encabezado la oposición a Obama, ha marcado el paso de la derechización del Partido Republicano, ha marginado a los conservadores más centristas y proclives al consenso, y ha agravado la polarización del país.

Cualquiera que tenga una relación con decisiones adoptadas en Washington en el último año, que haya tendido la mano a los demócratas o mostrado un mínimo de comprensión hacia alguna iniciativa de Obama, es sospechoso. De estas primarias saldrá un mensaje para la Casa Blanca, pero también para el propio Partido Republicano, dividido y sin alternativas programáticas, más allá del bloqueo a las iniciativas del presidente demócrata.

El movimiento reaccionario Tea Party ya ha forzado la retirada del Partido Republicano de Charlie Crist, el gobernador de Florida. Crist, que cometió el pecado de aplaudir el plan de inversiones de Barack Obama, se presentará en noviembre al cargo de senador como independiente, tras constatar sus escasas posibilidades ante el rival republicano, el ciudadano estadounidense de origen cubano Marco Rubio, favorito del Tea Party.

El martes las miradas se fijarán en Kentucky. En este estado, considerado un escaparate de lo que algunos denominan la América real, el candidato Rand Paul, uno de los líderes del Tea Party, amenaza con derrotar en las primarias republicanas para el Senado al actual secretario de Estado de Kentucky, Trey Gayson, que cuenta con el apoyo de los líderes del partido en Washington.

Una victoria de Paul –hijo del excéntrico político republicano Ron Paul, contrario a la guerra de Iraq y a la Reserva Federal– representaría la mayor victoria del Tea Party en las urnas. Las primarias son el marco propicio para los ejercicios de rebeldía y las batallas intestinas: al celebrarse dentro de los partidos es habitual que se impongan los puntos de vista más ideológicos.

El peligro para los republicanos es que la radicalización del mensaje asuste en noviembre a los votantes más moderados y acabe beneficiando al presidente Obama.

¿Pero esto es todo? La crisis financiera que sale y no sale a luz

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La reforma financiera no arranca por la presión de la banca y las dificultades para darle la vuelta a 25 años de desregulación.

Ciudadanos de Nueva York durante el discurso de Obama en  Wall Street

La gran banca internacional -la banca, a secas- es la principal causante de la crisis, de la locura colectiva de los mercados en los últimos años. Eso es algo que ya casi nadie discute. Ni siquiera los propios banqueros, que llevan unos años surrealistas: en Francia, durante los ochenta, los socialistas tomaron los bancos; en España, izquierdas y derechas hicieron poco más o menos lo mismo con las cajas; en la última década, en Estados Unidos, los bancos tomaron el Gobierno, y una vez llegada la crisis el sector consiguió cerrar una macabra cuadratura del círculo y “combinar lo peor del capitalismo y lo peor del socialismo: socializar las pérdidas y privatizar los beneficios”, según la definición acuñada por el sociólogo Nicholas Taleb. En realidad, los chanchullos del sistema financiero están detrás de casi cualquier crisis de calado en los últimos 200 años. Aunque esa, probablemente, sea otra historia.

O tal vez no tanto: “No es que el sentido de responsabilidad de la comunidad financiera respecto a la sociedad sea pequeño: es que es prácticamente nulo”, escribía tras el crack de 1929 y la Gran Depresión el maestro John K. Galbraith, uno de los grandes economistas del siglo XX. Desde su despacho en la Universidad de Texas, su hijo James K. Galbraith -también brillante economista- se ríe con sorna al otro lado del teléfono cuando se le pregunta por la refundación del capitalismo que prometieron los líderes mundiales hace ya más de dos años, tras el inicio de la Gran Recesión. “Es un espejismo pensar que el sistema puede funcionar tras la reforma financiera. El debate está planteado entre aquellos que son favorables a instaurar esa ilusión (los demócratas en Estados Unidos) y los que prefieren un sistema de rapiña. La tercera fuerza, en realidad la única fuerza efectiva, es el sistema judicial, que apenas ha comenzado a actuar. Que sea de veras efectiva (a través de investigaciones, de demandas y sobre todo de condenas) está por ver”.

Así funciona Estados Unidos: al final, los grandes y los pequeños problemas empiezan a resolverse por la vía de los tribunales. Y puede que esa también sea la única forma de que funcione el resto del mundo: a golpe de látigo de los juzgados, empezando por la acusación de fraude de Estados Unidos a Goldman Sachs, cuyo presunto fraude (vendían productos montados sobre las nefastas hipotecas basura sin informar a sus clientes de los riesgos) representa el rostro inaceptable del capitalismo.

Porque tras montones de cumbres internacionales y centenares de reuniones entre reguladores, banqueros y políticos, la vida sigue igual. A pesar de haber hinchado las expectativas de una reforma profunda del sistema financiero con las habituales declaraciones grandilocuentes -“si quieren guerra, la tendrán” (Barack Obama); “el mundo seguirá siendo un lugar peligroso mientras no llegue la hora de la reforma” (Dominique Strauss-Kahn); “hay que refundar el capitalismo” (Angela Merkel y Nicolas Sarkozy), y así ad infinitum-, no hay apenas nada de aquella tierra prometida. La reforma financiera, la piedra angular del nuevo sistema que debe salir de las cenizas del viejo, no avanza. Y si lo hace es a un ritmo imperceptible para la ciudadanía -una palabra que debería escribirse siempre en cursiva-, incluso para buena parte de los expertos. “La política fracasó al aceptar que los bancos se autorregularan, y la política (y los políticos) vuelve a fracasar con estrépito porque lo único que ve la gente, y es poco probable que la gente se equivoque, es que los Gobiernos han rescatado a las entidades financieras con un cheque en blanco: miles de millones gastados después han vuelto a los beneficios, han vuelto a los bonus y sobre todo empiezan a volver a algunas de las prácticas que nos llevaron a esto: nada o apenas nada ha cambiado”, resumía hace unos días el Nobel de Economía Joseph Stiglitz en Barcelona.

La ira ciudadana aumenta a la velocidad que sube el paro, a medida que la crisis se prolonga y va dejando cicatrices aquí y allá, al conocerse una pensión multimillonaria de un banquero o cuánto se van a repartir los ejecutivos de otra entidad que en su día fue rescatada por el Estado. Los reguladores piden tranquilidad, aseguran que trabajan a la velocidad adecuada, no quieren prisas, argumentan que es un asunto demasiado delicado para precipitarse. Sólo los tejemanejes de Goldman Sachs que ha denunciado EE UU han podido sacar la reforma de su letargo al otro lado del Atlántico. Obama puede provocar así una respuesta en Europa, que de momento está enfangada en otros problemas.

Se supone que estar cerca de la muerte obliga a revisar las prioridades, la escala de valores, esas cosas. El capitalismo, o al menos la peculiar versión conocida como capitalismo financiero desregulado -o a la americana- que se impuso en los últimos 25 años, estuvo al borde del precipicio en algún momento de septiembre de 2008: los líderes mundiales no tardaron en proclamar que impondrán más regulación, más control tras unos años de barra libre, de casi todo vale. Al cabo, había una burbuja (o varias) con muchos padres pero sobre todo uno: la banca y una serie de prácticas basadas en los excesos. O en algo de tan dudoso nombre como el sistema bancario en la sombra. O directamente en el fraude, en algunos casos. Y eso había que cambiarlo para “disciplinar” el sistema financiero, según la definición del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero el olvido. El olvido es quizá uno de los grandes problemas económicos, uno de los más difícilmente solubles. La memoria financiera dura unos 10 años; acabado ese plazo ya nadie suele recordar qué demonios sucedió en la crisis anterior. Hace justo una década explotó una burbuja -la famosa puntocom-, apoyada en manipulaciones contables, en ingenierías financieras, el típico relato del ungüento de serpiente que acabó explotando. También entonces los reguladores prometieron ponerse a trabajar para evitar que eso volviera a repetirse. Casi 10 años después, la siguiente burbuja, inmobiliaria y de deuda, consiguió que los ejecutivos que perpetraron aquella crisis de las puntocom, las Enron, Worldcom y demás parecieran meros aprendices de brujo en comparación con los nuevos Houdinis de las finanzas y las matemáticas financieras.

No han pasado ni tres años desde el pinchazo inicial de esa burbuja y los banqueros “ya han perdido la memoria”, asegura Paul De Grauwe, de la Universidad de Lovaina. Gobiernos y reguladores aseguran que no, que siguen teniendo entre ceja y ceja la reforma, que habrá cambios tarde o temprano. Pero el lobby financiero es potente; tal vez tan potente ya como el petrolero tras la irresistible evolución del sector bancario a lo largo de los últimos años.

En fin, la banca forcejea para mantener sin apenas cambios la desregulación iniciada en tiempos de Reagan y Thatcher, la revolución conservadora que luego continuaron -por cierto- los demócratas durante el mandato de Bill Clinton, y que llegó a convertirse en dogma con el Gobierno de George W. Bush. Un ejército de lobbistas presiona en Washington, en Bruselas, en Basilea y allá donde se negocie la reforma financiera para impedirlo, en un pulso que ha desarrollado una narrativa en la que caben incluso las conspiraciones: algunos de los que impulsaron la desregulación siguen en el puente de mando. “Larry Summers, asesor económico de Obama, fue férreo defensor de la desregulación con Clinton; Timothy Geithner, secretario del Tesoro, procede de Wall Street, y Jaime Caruana, que debe poner en marcha los nuevos requisitos de capital y liquidez en el Banco de Pagos de Basilea, es uno de los responsables de la regulación que está en vigor, y que permitió a los bancos medir sus propios niveles de riesgo, con las consecuencias que después se han visto”, ataca José Carlos Díez, economista jefe de Intermoney.

Y sin embargo, es cierto que algunos aspectos de la reforma avanzan. Obama ha dado un paso adelante en esa carrera: la reforma acaba de entrar en el Senado y el presidente norteamericano quiere tenerla lista antes del verano o, a más tardar antes del segundo aniversario de la caída de Lehman Brothers, el Waterloo del sector financiero. En Europa se avanzó con rapidez al principio, pero la reforma se encalló y los problemas de Grecia la han dejado aparcada, al menos de momento.

Desde el Banco de Pagos de Basilea -una especie de banco central de bancos centrales-, Stephen G. Cecchetti pone el contrapunto a quienes critican los retrasos acumulados: “No estoy de acuerdo con la supuesta lentitud de la reforma. Las cosas van muy, muy deprisa. Hay aspectos técnicos que pueden suponer más tiempo, sobre todo la imprescindible coordinación internacional, pero en menos de dos años hemos avanzado mucho”, asegura, en línea con José Viñals, máximo responsable del sector financiero en el FMI. “Puede que la banca presione porque al fin y al cabo los cambios se van a notar en la cuenta de resultados. Pero ni siquiera los bancos se oponen a una mayor regulación, tras unos años en los que en algunos aspectos y en algunos países se iba en la dirección contraria”, añade. Y deja claro que básicamente va a haber “más requisitos de capital y de liquidez para los bancos; falta ver exactamente su alcance, pero la filosofía ya está consensuada”.

Más requisitos de capital y liquidez, naturalmente, es otra forma de decir que la banca debe volver a ser predecible y aburrida: al menos los bancos comerciales. Endeudarse por 20 y hasta 30 veces el capital llegó a ser la regla y no la excepción en los últimos años; y no sólo en la banca de inversión de Wall Street. “Tienen sentido los pasos que se están dando en esa dirección”, asegura desde Princeton el ex asesor de Clinton Alan S. Blinder, “pero hay montones de potenciales diablos en los detalles”. Blinder afirma que Gobiernos, reguladores y mercados “aún no han olvidado las causas de la crisis (aunque tarde o temprano lo harán), por lo que esta sigue siendo una gran oportunidad”. “Eso sí: los lobbies no se van a quedar de brazos cruzados. La presión va a ser intensa, hasta el último suspiro. Hay mucho dinero en juego”, añade por correo electrónico.

Obama tiene el viento a favor tras la acusación contra Goldman Sachs, que ha aumentado la presión popular para que los cambios normativos salgan adelante pese a las reticencias de los republicanos: dos tercios de los norteamericanos son favorables a atar en corto a los bancos. Pero esa batalla puede tener consecuencias en la Unión Europea. “Hasta ahora no ha habido grandes diferencias entre la cincuentena de propuestas que han salido de Estados Unidos y de Europa: los caminos seguidos son parecidos en hedge funds [fondos especulativos], derivados, agencias de rating y control de riesgo. La diferencia es que Obama ha sabido encontrar el tempo adecuado, a pesar de que algunos le han acusado de utilizar el caso Goldman Sachs para eso, mientras que Europa ha perdido el empuje inicial tanto por la crisis fiscal como por la presión de Reino Unido, que tiene una posición ambivalente porque teme perder la City y actúa siempre en su propio interés”, dice Karel Lannoo, experto en regulación financiera del Center for European Policy Studies.

Entre la docena de expertos consultados predominan quienes piensan que el proceso va lento e incluso “muy lento”, como De Grauwe. Pero eso tampoco es necesariamente malo. El sistema financiero es como el cerebro de la economía: un mecanismo de coordinación que asigna capital para construir fábricas, viviendas y carreteras, según la definición de Keynes. Y a diferencia de lo que ocurre con otros sectores, una mala reforma puede ser muy peligrosa en algo tan delicado. “El proceso se ha ralentizado, pero ese retraso tiene su lado bueno: ha habido propuestas populistas, improvisadas, con el único objetivo de calmar a la opinión pública. Y habría que diseñar los cambios con más calma, con más cabeza. La reforma financiera no nos va a sacar de la crisis: debe dar forma al sistema financiero del futuro, evitar crisis futuras dentro de lo posible. No es nada sencillo. No es bueno improvisar con ella”, apunta desde Londres Vicente Cuñat, de la London School of Economics.

Ricardo Caballero, profesor del MIT en Cambridge, comparte ese punto de vista. “Europa va a estar concentrada en Grecia, en la deuda pública y en su pérdida de competitividad durante un tiempo. La reforma se postergará, y eso retrasará la estadounidense porque es esencial la coordinación internacional para que la banca no encuentre resquicios por donde librarse de la regulación. Puede que eso no sea del todo malo: muchas de las propuestas que se han hecho no solucionan nada de lo que causó la crisis, y algunos aspectos, como algunas cosas de la regla Volcker [la propuesta estadounidense], son incluso contraproducentes”. “Es tan importante lo que se hace como lo que no se hace”, añade Caballero, “y hay que tener en cuenta que en esta crisis no sólo cometió errores el sector privado; también los reguladores y los supervisores se equivocaron, crearon una enorme confusión, y es necesario abordar un sistema de garantías públicas para controlar el riesgo sistémico”.

No es tarea fácil regular un sistema en el que los bancos son el casino, los grandes apostadores, los agentes de los pequeños apostadores y donde casi tienen mano con el croupier. La banca aduce que ha vuelto a los beneficios, que el crédito se recuperará tarde o temprano y que bastaría con ligeros ajustes para que el sector funcione como un reloj. Y mete miedo: asegura que el tsunami regulatorio, las más de 50 propuestas en su conjunto, dejarán menos dinero para prestar y por lo tanto dificultarán la concesión de créditos, y con ello la salida de la recuperación. Javier Suárez, profesor del Cemfi, admite que esos argumentos “pueden llegar a paralizar a los reguladores ante las dificultades para calibrar cuál puede ser el resultado de tocar tantas claves a la vez”. Y resume cómo está la situación en cuatro trazos.

Uno: “Basilea va a elevar las necesidades de capital y de liquidez, y eso es deseable y sensato porque llevará a una banca más robusta, siempre que se haga con un calendario a varios años vista para no ahogar la recuperación”. Dos: “Aún no hay consenso, pero va a haber una regulación para los bancos demasiado grandes o demasiado interconectados para caer. Una forma puede ser trocearlos, como han propuesto Estados Unidos y Reino Unido, aunque es posible que eso no solucione nada. Otra aproximación es gravarlos con impuestos, como ha propuesto el FMI, sobre todo en el caso de las operaciones más especulativas: eso cambiaría el actual sistema de incentivos, que lleva a los bancos a hacerse cada vez más grandes porque saben que así el Estado los salvará si algo sale mal”. Tres: hay acuerdo para regular los hedge funds, el capital riesgo y los productos derivados -armas de destrucción masiva en manos de los banqueros, según el inversor Warren Buffet-; es decir, a más presión para los actores y los productos más especulativos del negocio. Y por último, hay varias medidas aún difusas para cambiar la estructura institucional, un cajón de sastre que incluye crear nuevas autoridades y “hacer reglas más claras” para cuando lleguen nuevas crisis, resume Suárez.

No se trata de un resumen exhaustivo: hay propuestas para regular también el papel de las agencias de calificación de riesgos, que no vieron venir la crisis, contribuyeron a crear la burbuja e incluso han puesto su granito de arena para que las cosas vayan a peor: suelen hinchar sus notas cuando todo va bien y tienen el gatillo fácil para rebajar los ratings cuando van mal, según sus detractores, lo que supone exacerbar los ciclos. Y hay medidas también para limitar los paraísos fiscales -de muy escaso calado- y para regular los bonus de los banqueros y evitar así comportamientos miopes, cortoplacistas. Se trata de ligar las retribuciones al largo o muy largo plazo para evitar que los ejecutivos asuman riesgos excesivos a corto plazo para llenarse los bolsillos, pase lo que pase después con la cuenta de resultados. “Pero no va a ser sencillo tocar los bonus”, avisa Dean Baker, del Centro de Estudios de Política Económica en Estados Unidos.

En realidad, no va a ser nada fácil tocar nada. Van casi tres años de crisis desde el estallido de las subprime, y de momento los acuerdos brillan por su ausencia. Un ejemplo: el FMI presentó dos propuestas de impuestos a la banca en la última reunión de los ministros de Finanzas del G-20, en Washington, y se encontró posiciones encontradas. Países como Canadá o Australia, que han capeado bien la crisis y tienen un sistema financiero saneado, no quieren ver ese tipo de gravámenes ni en pintura. Y en cambio, los más golpeados -EE UU y Reino Unido, tradicionalmente contrarios a cualquier cosa que suene a más impuestos, además de los socios de la UE- están a favor porque además, de alguna manera, les puede venir bien ese dinero para sanear sus cuentas públicas, muy castigadas por la crisis.

Una de las grandes lecciones de esta crisis es que la economía va por detrás de la economía, salvo cuando es imprescindible acudir en auxilio de la segunda. La innovación financiera siempre ha ido por delante de la regulación necesaria. Al cabo, los políticos suelen prepararse para la batalla que ya se perdió. Aun así, “sería imperdonable que llegara una crisis parecida por uno de los agujeros que ha dejado la regulación en estos años. No volveremos al business as usual. Tal vez no lleguemos lo suficientemente lejos por las presiones del lobby financiero, que es enorme, y sin embargo está más débil de lo que solía. Porque lo que de verdad es enorme es el resentimiento de los Gobiernos contra la industria financiera”, cierra Nicolas Verón, de Bruegel. Galbraith, tan agraviado durante años por los neoliberales por demostrar que el rey estaba desnudo, solía decir que los altos ejecutivos del sector financiero suelen vivir tanto del rigor como de la irracionalidad: así se hacen los negocios, y así se cimentan algunos excesos. Sobre todo cuando la regulación no es la adecuada. –

Huracanes, tsunamis y mentiras nuevas

La banca -el universo económico en general- tiene una extraña relación con las palabras. Hablar de falta de transparencia es, naturalmente, otra manera de decir falta de información, por citar sólo uno de los muchos eufemismos que proliferan en la literatura económica. La nomenclatura es imposible: externalidades, apalancamiento, provisiones, derivados, por no hablar de los acrónimos (RAE, ROE, Ebitdas y demás) y de los abundantes anglicismos (subprime y credit default swaps

son quizá dos de los ejemplos más actuales). Todo eso sirve para definir conceptos que suelen ser tan intelectualmente elegantes como difíciles de entender: una de las razones esgrimidas para regular los derivados es que ni el mismo sector financiero sabe exactamente lo que son, dice Joseph Stiglitz en su último libro,

Caída Libre

. Stiglitz es especialmente crítico con algunos de los hallazgos de la banca que pasan directamente a las páginas de los periódicos: se queja de que cojan vuelo y calen palabras como “tormenta”, “terremoto” o incluso “

tsunami

” para definir lo que el Nobel califica -con cierto aire panfletario- como “el gran atraco estadounidense”: “Como al parecer sucede tan a menudo en nuestra sociedad, ‘son cosas que pasan’. (…) Pero esta crisis ha sido el resultado de actos, decisiones y razonamientos de los responsables del sector financiero. El sistema que fracasó tan estrepitosamente no se materializó por sí solo. Fue creado. Mucha gente trabajó muy duro (y gastó mucho dinero) para que adoptara la forma que adoptó”. No fueron las fuerzas de la naturaleza, no fue una plaga bíblica, no fue un tifón lo que arrasó las finanzas y posteriormente la economía mundial.

Esa peculiar forma de moldear el lenguaje sigue en boga. Wall Street se queja de que los medios de comunicación desquicien la realidad denominando “rescate” a lo que se hizo con AIG, con Freddie Mac y Fannie Mae, y con tantos otros, en lugar de conceptos más optimistas: “programa de recuperación”, por ejemplo. El Tesoro de Estados Unidos llegó a llamar “activos depreciados” a los activos tóxicos, y después “activos heredados”.

Sobre la reforma financiera, Stiglitz es conciso y no se anda precisamente con eufemismos: “Wall Street ha utilizado su poder y su dinero para comprar desregulación, seguida rápidamente del rescate más generoso en la historia de la humanidad. Pero aún queda la posibilidad de volver a regular para corregir los errores del pasado”. Tomás Baliño, ex subdirector del FMI, asegura que los problemas “están a la vista de todos y han afectado a todos: el hecho de que, además, muchos de los responsables de la crisis ganaran fortunas ha alimentado aún más el resentimiento. Va a haber reformas importantes, eso es seguro; el problema es -como dice Stiglitz- si se llegará lo suficientemente lejos”. –

En la ruta de un nuevo pacto fiscal

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En la ruta de un nuevo pacto fiscal
José Barrera

El fisco salvadoreño busca la fórmula que le garantice subir la carga tributaria con relación al PIB. La tarea según FUNDE debe pasar por la aplicación de un pacto fiscal.

Subir la carga tributaria sin subir las tasas es uno de los mayores dolores de cabeza de la administración del presidente salvadoreño Mauricio Funes. La gestión ya ha movido algunas piezas para completar un rompecabezas que permitiría que El Salvador siga invirtiendo sin la necesidad de incrementar la deuda. Sin embargo, la recesión de la economía (que ya acumula más de 20 meses con saldos negativos) es un poderoso bloqueo para las primeras iniciativas.

En los últimos dos años la carga tributaria reportó una caída de casi un punto porcentual del PIB (hasta 13.1%) como resultado de la baja de la actividad económica y de menores ingresos en impuestos claves como renta, IVA e importaciones.

En contraste, se mantiene una tendencia al alza del gasto corriente y el déficit fiscal (5.5%) y un deterioro en la capacidad de pago de la deuda con fondos propios, pasando de -0.7% en 2008 a -3% en 2009 (incluyendo pensiones).

Ante un panorama cada vez más complicado la respuesta del Ejecutivo del primer partido de izquierda en el poder fue aplicar una nueva reforma fiscal que pasa por ajustar las tasas a licores, al sistema financiero, vehículos y otras áreas que tras intensos debates en la Asamblea Legislativa vieron recortados sus metas de recaudación.

El proyecto pretendía inicialmente recuperar alrededor de $250 millones, pero tras los cabildeos en la Asamblea las previsiones se recortaron a $150 millones.

El escaso margen de maniobra prácticamente está poniendo como gran solución la ampliación de la base tributaria con la inclusión del comercio informal, un rubro que crece año con año y del cual el Gobierno Central no tiene estudios recientes.

Roberto Rubio, director ejecutivo de la Fundación Nacional para el Desarrollo (FUNDE), considera que ampliar la base no es un plan sencillo y adelanta que crear un mecanismo eficiente para recuperar tributos de un sector disperso podría tomar más de un año.

En 1998, un estudio del Ministerio de Economía determinó que en el país habría unos 40,000 microempresarios. Se estima que la cifra ha crecido en los últimos 12 años, pero nadie se atreve a hacer un cálculo sobre este amplio abanico de negocios y su aporte al PIB.
Alexander Segovia, secretario técnico de la Presidencia de la República, sostiene que la administración planea un pacto fiscal y deja entrever la necesidad de ampliar la base tributaria mediante la inclusión de los informales, pero agrega que esto se definirá mediante el diálogo en el seno del Consejo Económico y Social (CES), ente que también trabaja en la articulación del plan quinquenal de inversiones del Estado y que se espera se presente este mes (abril).

Armando Arias, presidente de la Cámara Americana de Comercio de El Salvador (AMCHAM), apoya la idea de buscar la sostenibilidad fiscal y apoya la idea de una nueva era de reformas que garanticen el flujo de dinero hacia las arcas estatales.

“Creo que en el empresariado estamos a tiempo de hacer la reforma en general, no objeto la (primera etapa de la) reforma como tal, estuvimos de acuerdo que se necesitaban fondos y que estos los obtuviera el Gobierno, la discusión era como se conseguían los fondos porque un tema que decimos es que hay necesidad de ampliar la base de contribuyentes, hay un sector importantísimo de la economía informal que no paga impuestos y creemos que todos debemos pagar, el tema no fue el empresariado opuesto a la reforma sino que discutió cómo conseguir los fondos”, sentencia el representante gremial.

El tema de la carga tributaria parece tomar protagonismo en la región. En su última reunión en San Salvador los presidentes Mauricio Funes, de El Salvador; Álvaro Colom, de Guatemala y Porfirio Lobo, de Honduras, acordaron elevar la recaudación.

“La carga tributaria de nuestros pueblos es sumamente baja comparada con la de otros países. Nosotros no llegamos ni al 14% del PIB y no somos viables en los próximos años sino aumentamos nuestra carga tributaria cerca de un 17% y 18% del PIB”, enfatizó Funes.

El mandatario considera que la región tiene una tarea pendiente (de incrementar la recaudación fiscal) y reconoció que ese fue uno de los temas en la reunión con la Secretaria de Estado Hillary Clinton. “Se acabaron los tiempos en los que nosotros vamos a Estados Unidos a pedir que hagan parte de la tarea que nosotros no hemos hecho en todo este tiempo”, finalizó.

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Cerca de medio millón de hogares hay en los asentamientos urbanos precarios identificados en el Mapa de Pobreza Urbana y Exclusión Social que elaboraron PNUD y Flacso, y que fue hecho público este miércoles. El estudio debería ser un punto de partida para diseñar y vigilar la ejecución de programas sociales del gobierno nacional y las municipalidades.

Rodrigo Baires Quezada// el faro.net

Un poco más de dos millones de salvadoreños viven en asentamientos urbanos precarios (AUP), según revela el Mapa de pobreza urbana y exclusión social, presentado este miércoles por Facultad Latinoamericana de estudios sociales (Flacso) El Salvador y el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

Según explicaron Carlos Ramos, director de Flacso, y William Pleitez, coordinador del área de desarrollo humano del PNUD, el mapa se elaboró a partir del cruce de la información que recogió el censo de población y vivienda de 2007. Con base en indicadores de marginalidad residencial, exclusión social y estratificación socioeconómica, el estudio hace una cartografía de la pobreza urbana en El Salvador por primera vez en la historia.

El documento identifica 2 mil 508 AUPs en 237 de los 262 municipios del país, en los que se concentraban 495 mil 981 hogares y dos millones cinco mil 681 personas. De ellos, un poco más de la mitad tienen índice de precariedad extremo y alto. 486 AUPs tienen un índice de precariedad extremo y 789, alto.

Según Carlos Ramos, parafraseando a Carlos Briones -quien fue encargado del proyecto y que falleció el año pasado pocos meses antes de su finalización-, “ahora, desde el Estado no hay excusa para no actuar”.

En este punto coincidió William Pleitez: “Sentimos que la creación de esta herramienta es como el punto de partida hacia la construcción de un indicador de pobreza más integral y más útil, tanto para formular como para evaluar y monitorear las políticas sociales”.

El presidente de la República, Mauricio Funes, quien recibió una copia del estudio, aseguró que el fenómeno de la pobreza urbana, desde el inicio de su gestión, “ha merecido (…) un tratamiento específico con la puesta en marcha del programa  comunidades solidarias urbanas”.

En agosto de 2009, el gobierno salvadoreño anunció la realización de proyectos pilotos en Ahuachapán y San Martín, dos municipios donde hay 45 de los mil 275 APUs con mayor incidencia de hogares en precariedad extrema y alta. “El programa se ampliará próximamente a 25 municipios más de todo el país, precisamente municipios identificados en este mapa de pobreza como de alto riesgo”, dijo Funes.

Esta primera fase, según dijo el mandatario, pretende beneficiar a 40 mil jóvenes y mujeres jefas de hogar con un bono de 100 dólares mensuales, programas de formación y capacitación, servicio de nutrición y salud, obras de mejoramiento integral y acciones integrales para la prevención de la violencia y la delincuencia. “Como decía también Carlos Briones, ya no hay excusa para no focalizar y para no atender a los sectores que más necesitan de la intervención del gobierno”, dijo Funes.

¿Dónde debería darse esta intervención? Según explicó Pleitez, si bien el Área Metropolitana de San Salvador (AMSS) y sus áreas de influencia concentran la mayor parte de hogares y población que vive en AUPs, la mayor proporción de asentamientos en situación de precariedad extrema y alta (el 94.7%) está concentrada en centros urbanos alejados del Gran San Salvador. “La marginalidad tiende a ser mayor en la medida en que se aleja del área metropolitana de San Salvador”, dijo Pleitez.

El sentido de esa situación lo dan las posibilidades de un mejor acceso a agua potable, a servicios de saneamiento, a educación y a oportunidades laborales en la medida en que se está cerca del Gran San Salvador, que es el motor económico del país y donde se ha concentrado históricamente la inversión pública y privada. “Vivir en un asentamiento urbano precario del área metropolitana, con todas las carencias y exclusiones que generalmente lo acompañan, supone algún tipo de ventajas a las de habitar en un AUP en el interior del país”, dijo Pleitez.

Uno de los hallazgos de la investigación es que el AUP con mayor concentración de precariedad en el Gran San Salvador está ubicado en el municipio con mayor nivel de desarrollo humano del país, que es Antiguo Cuscatlán. Los Mangones es un conjunto de 62 hogares cercano a la urbanización Santa Elena, en el que la totalidad de hogares tiene dos o más de las carencias que indican precariedad.

Pero el mapeo sólo sería un primer paso. Al estar basado en la boleta del censo de población de 2007, aquellos indicadores que no fueron tomados en cuenta en ese momento no fueron incluidos en el estudio. Ese es el caso de indicadores como legalidad de la tierra, salud pública, pobreza de ingresos y violencia. “Sí hubiéramos tenido en el censo algún tipo de información sobre esto, obviamente la herramienta se fortalecería. Ahora, para determinar esto se tendría que ir a pie, comunidad por comunidad”, dijo Pleitez.

¿Cuál es el siguiente paso? “Ir a los diferentes asentamientos en los que se quiere trabajar y, por ejemplo, a ver cuál es la situación seguridad jurídica de la tierra, que en este caso es una variable crucial. ¿Si no existe esta? El desafío inmediato podría ser la capacitación de la población que ahí vive y no el mejoramiento de infraestructura de los barrios, por ejemplo. Sí se pueden hacer algunas cosas, mientras se buscan soluciones factibles para realizar el resto”, sostuvo Pleitez.